Vivir Deprisa, Amar Despacio: Según se mire

Vivir Deprisa, Amar Despacio es la enésima película francesa que nos llega a la cartelera, y que aunque de entrada solo nos paremos en la estadística hemos de decir, sin miedo a equívocos, que estamos ante una de esas cintas que pasarán sin pena ni gloria, ya que hasta nuevo estreno galo en territorio español, la buena película francesa seguirá siendo Gracias A Dios, de Ozon. No se habla en la que nos ocupa de denuncia a ningún hecho del todo reprobable, ni muchísimo menos, en lo último del director de Hombre En El Baño, Christophe Honoré, se habla de amores homosexuales intergeneracionales, entrecruzándose distintas formas de afrontar el devenir de las circunstancias vitales. Los hay que están de vuelta y los hay que están llegando. Circunstancias estas que se podrían extrapolar a cualquier condición sexual ya que, a veces, en nuestro camino se nos cruza lo perfecto pero nosotros estamos anclados en una etapa humana imperfecta. Cuando no se sube uno al tren, éste puede que acabe arrollándonos, independientemente de gustos o preferencias sexuales. Reflexionando sobre todo lo anterior, muchos pensarán que estamos ante una revisión moderna, y elegantemente francesa, de conceptos barajados en clásicos como Muerte En Venecia o Dioses Y Monstruos, y puede que sí, aunque todo resulta tan pedante e impostado que la vida parece escaparse por el troquelado del celuloide, que ya no se usa.

Los protagonistas de VIVIR DEPRISA, AMAR DESPACIO
Los protagonistas de VIVIR DEPRISA, AMAR DESPACIO

Vivir Deprisa, Amar Despacio podría ser un canto al aquí y ahora, al carpe diem, un brindis por la vida, pero la inconstancia del relato, con momentos brillantes y bellos salpicando un lienzo de tedio fílmico que pudo haber quedado en la mesa de montaje, acaba provocando en el espectador (al menos al que esto escribe le pasó) antipatía hacía el personaje protagonista, un anodino intelectual ‘pijales’ al que da vida, desde la corrección, el actor Pierre Deladonchamps. y que habita un vilo existencial del que parece no querer salir: ¿por qué luchar por buscar la felicidad, y mojarnos, pudiendo quejarnos de que todo está regulín regulán? Es evidente que los hay que quieren permanecer echados en las cheslong con el dorso de la mano apoyado en la frente y sentirse así más ¿atractivos? ¡Válgame el Señor, cuánto esnobismo!

Un momento de la película  VIVIR DEPRISA, AMAR DESPACIO
Un momento de la película

En este punto de cierre, comentemos también, desde la positividad, que entre tanta cita intelectualoide y tantos fallidos espejos de profundidad humana, destaca el trabajo del que tanto fuera alumno de medicina en Mentes Brillantes como médico en Hipócrates. Nos estamos refiriendo al actor Vicent Lacoste, que lleva a buen término su valiente y vital personaje en Vivir Deprisa, Amar Despacio, haciendo gala y reivindicando el mensaje que describe el título de una película que se perderá en el olvido porque la mente es sabía, y solo nos permitirá recordar, cuando haya que hacerlo, esos momentos en los que creímos estar ciertamente llenos de vida y realmente felices. Y se mire por donde se mire este no ha sido el caso.

Luis Cruz

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