EL ÚLTIMO TRAJE: de vuelta a Polonia

El mismo fin de semana que uno de los estrenos más esperados del año, Blade Runner 2049, mira hacia el futuro, una coproducción pequeñita entre España y Argentina se asoma al pasado y recorre la Europa que arrasó a los judíos en la II Guerra Mundial. Se trata de El último traje y la dirige el argentino Pablo Solarz, director de corta trayectoria y guionista firmante de maravillas como Historias mínimas, film que data del año 2002 y que tanto influyó en estrenos posteriores venidos de esas latitudes.
En El último traje, un sastre judío argentino ya envejecido, ante el desmoronamiento final de su vida en el que su propia familia está involucrada, decide huir de su presente y coger el tren que lo lleve a Polonia, ese sitio tan feo donde ocurrieron cosas tan horribles que no quiere ni nombrarlo, razón por la cual lo lleva escrito en un papel que va enseñando a todo el que le pueda ir facilitando llegar a su destino. Porque allí un amigo lo salvó de los nazis y agradecérselo es lo que lo lleva a su viaje de vuelta. Pero cumplir esa promesa será algo más difícil de lo que había pensado.
El último traje se convierte así en una road movie episódica, en la que distintos personajes se irán sucediendo en la trayectoria que Abraham Bursztein (Miguel Ángel Solá) va recorriendo. Entre ellos el que interpreta la estupenda Ángela Molina, el de la recepcionista de un hotel en el que se aloja, una mujer fuerte, segura de sí misma, que le ayuda a encontrar la salida al callejón en el que se encuentra.

Ángela Molina y Miguel Ángel Solá en EL ÚLTIMO TRAJE
Ángela Molina y Miguel Ángel Solá en EL ÚLTIMO TRAJE

El hecho de que El último traje sitúe su argumento alrededor de un pasado atroz en la historia de la humanidad no significa que la cinta no tenga humor, ni ternura ni pasajes emocionantes. En realidad, la película está compuesta por ellos. No solo el personaje de Ángela Molina es un regalo, tanto para el espectador como para la actriz, que merecería todos los premios del mundo por su estelar aparición, también lo es el de Julia Beerhold, otra de las mujeres que le abren los ojos al viejo testarudo, que lo es pero con motivo, no lo olvidemos. Su Ingrid va a enseñarle a Abraham la utilidad inesperada de la ropa, que no solo sirve para vestirse con ella.
La II Guerra Mundial, la contienda y las consecuencias de la misma, ha dado excelentes películas. Por desgracia, lo ocurrido en ella es un material altamente cinematográfico, pero fuera del poder que tiene su Historia y la brutalidad de lo ocurrido en ella, también el cine sirve como recordatorio de lo sucedido y como elemento para que no se olvide. Que de tanto en cuanto nos lleguen películas que abordan, de una forma u otra, aquellos años devastadores es tan emotivo como necesario.
El último traje es una de esas películas, de las que juntan ambos conceptos. El pasado año nos llegaba la extraordinaria Remember, con Christopher Plummer y Martin Landau, y éste esta otra referencia, con intérpretes a la misma altura y tan recomendable como aquella.

Silvia García Jerez

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