OBSESSION: La película que ha revolucionado el género de terror
Obsession llega, por fin, a las pantallas españolas. Es la película de terror que está removiendo los cimientos de la industria, con permiso de Backrooms, que aún está teniendo éxito en las salas. Las dos son óperas primas, de Curry Barker y de Kane Parsons respectivamente, dos jóvenes directores de 26 y 20 años que han tenido éxito con sus creaciones para YouTube y han dado el salto al cine con trazas semejantes de revolución en Hollywood.
Las dos han sido muy baratas de producir, porque la primera costó menos de un millón de dólares y la segunda ha tenido un presupuesto de 10, pero la primera ha recaudado ya más de 300 y la segunda está cerca de conseguir esa cifra. De hecho, Obsession fue rodada con sólo 750.000 dólares, lo que cuesta un día de producción en una película normal, pero ésta se grabó en 20, se proyectó en el festival de Toronto y tuvo tanto éxito que las distribuidoras se pelearon por comprarla. Fue Focus Features la que se hizo con ella por 15 millones y ha resultado ser el taquillazo del año.
También es curioso que, mientras Backrooms cuenta con estrellas en su reparto, o al menos nombres conocidos para los cinéfilos -Chiwetel Ejiofor y la noruega Renate Reinsve-, Obsession no tiene actores destacados en él. En realidad, su protagonista femenina, Inde Navarrette es el gran descubrimiento de este film y su trabajo resulta tan llamativo que muchos admiradores de la cinta están pidiendo ya que sea reconocido en la carrera de premios como le está pasando últimamente a las actrices del género de terror, caso de Demi Moore en La sustancia o de Amy Madigan en Weapons. Y tal es el fenómeno que se ha desatado desde hace un mes, que fue cuando empezó a llegar a las carteleras de todo el mundo, que al menos tiene posibilidades de entrar en la conversación de posibles contrincantes a la dorada estatuilla. Otra cosa es que se mantenga en ella.
Obsession cuenta la historia de Bear (Michael Johnston), que está enamorado de su compañera de trabajo en la tienda de instrumentos musicales, Nikki (Inde Navarrette), desde hace mucho tiempo, pero ella no parece sentir lo mismo por él. O sí, Bear no sabe. Cree que no, pero le gustaría declararse para poder descubrirlo. Pero dar el paso le resulta imposible por mucho que tenga el plan en mente. En lo que se decide, en una tienda descubre unas cajitas de One Wish Willow, que como su nombre indica, concede un solo deseo. Tienen una especie de ramita en su interior. Si pides un deseo y rompes la rama, éste se te concede. Así que la compra, y en una noche en que ve la posibilidad de estar a solas con Nikki pero no es capaz de decirle lo que siente, abre la caja y sigue las instrucciones. Y, de inmediato, Nikki da las primeras muestras de atracción hacia Bear. Lo que él desconoce es hasta qué punto que se cumpla su sueño va a convertirse en su mayor pesadilla.
Tenemos que avisar de que a continuación vamos a ir desgranando la película a fondo, a desmenuzar su mensaje y sus metáforas, para poder exponer sus logros y hacer ver hasta qué punto no es simplemente una película de terror, también es una acertadísima crítica social.
Obsession ha sido un exitazo. Lo está siendo, y con razón. Es una película de terror que, siguiendo los cánones del género, también los transforma de cara a lo que necesita contar. Que los transforme implica crear sus propias reglas.
Sí, hay un elemento que va a desatar el horror, como en tantas otras películas de maldiciones, pero si en ellas hay un demonio que persigue, unas circunstancias que se adaptan para que los personajes mueran cuando se activa lo que los desata, como en la saga Destino final, en 7 deseos (2017) o en The Monkey (2025), aquí, una vez se rompa la rama y se ponga en marcha el hechizo, todo va a parecer normal en Nikki. Tal vez un poco pasada de rosca, pero no hay en ella un cambio brusco físicamente hablando. No se le vuelven los ojos del revés ni su cara se transforma en la de un monstruo con orejas peludas. Sigue siendo la misma chica de aspecto dulce que era.
Pero sí, algo ha pasado en su interior. En breve vamos a ver a una Nikki desatada, a la que se le va la cabeza y hace cosas raras. Tan extrañas que, al ser imprevisibles, crea, ella sola, la atmósfera de terror que Obsession contiene. ¿Por dónde va a ir ahora la chica? No lo sabemos. ¿Qué se le ocurrirá? Sigamos con ella y nos lo mostrará. Ahí, Curry Barker se salta todas las normas para darnos algo nuevo, algo nunca visto, y como no puedes esperar de ella el susto clásico, los espectadores de todo el mundo han respondido absortos en los movimientos de un personaje por descubrir.
Metáfora, obviamente, de las cosas que somos capaces de hacer por amor, de los comportamientos que llegamos a tener, pasados por el tamiz de un género que siempre parece manido pero al que nuevos directores llegan para demostrarnos que aún se puede seguir explorando.
Y sí, el terror está de moda. Es un aliciente para la diversión del público que va a las salas. Lo que ocurre es que a veces el género oculta, tras su máscara de película de miedo en la que sólo vamos a ir a que nos asusten, una crítica social que puede llegar a pasar desapercibida. Si Weapons hablaba de un país dominado por alguien que hace lo que quiere con sus ciudadanos si estos no son capaces de despertar o de que alguien les abra los ojos, Obsession pone el foco en el consentimiento. Porque esa ramita que el protagonista rompe para someter a Nikki es la clara metáfora de la droga en el vaso que tanto vemos en la actualidad con los casos de violación. Solo que pasado, de nuevo, por el filtro del terror, que como ocurre con el uso de la comedia, siempre se ve con más facilidad y llega a más público que al tratarse de un drama descarnado.
Nikki es sometida a la voluntad de Bear, que ha vendido su alma al diablo para conseguir su felicidad. Lo que Bear no sabe es cómo va a empezar a actuar Nikki, tanto con él a solas como con los demás. Su naturalidad se ha escondido en algún lugar de la Nikki que conocimos y ahora la nueva Nikki va a actuar de la manera más extraña posible reclamando, en su obsesión por Bear, su amor todo el tiempo. Y aquí Nikki, en su revolución como personaje inédito dentro del terror, va a enseñarnos que es posible tenernos en tensión debido a sus reacciones.
El trabajo de Curry Barker como director es asombroso. Lo que hizo para YouTube fueron cortometrajes de comedia, y de repente se pone a rodar terror en formato de largometraje y deja alucinado al mundo. Comienzo que recuerda a los de Robert Rodríguez con El Mariachi (1992) o Sam Raimi con Posesión infernal (1981), que con poquísimo dinero llegaron a recaudar millones y a convertirse en el faro del Hollywood de hace treinta años. Él mismo no se cree la libertad que ha tenido y la acogida a su propuesta una vez terminada. Estrenarse en nuestro país directamente como el fenómeno que fue capaz de arrasar a Star Wars: The Mandalorian and Grogu en Estados Unidos, y de repetir allí como número 1 tras haber dejado su reinado en la taquilla dice mucho de la recepción que Obsession ha tenido. En España se ha retrasado el estreno precisamente por eso, para aumentar las expectativas.
Que se cumplen cuando vemos que Curry Barker sabe sumergirte en la historia que ha concebido. Que la dirige tan bien que muestra a Nikki como una sombra. Desde que se pone en marcha el mecanismo del encantamiento ya la vemos diferente gracias a que Barker la filma como una sombra. Siempre en oscuridad, siempre en su modo silueta. Nikki ha desaparecido y ahora es otra. Responde al nombre de Nikki pero no es ella, es su propia sombra. Cuando sometes a alguien a tu voluntad deja de ser quien fue. Otra conclusión que Obsession nos ofrece con una brillante sutileza, que sumada a lo dicho sobre que Nikki no cambie físicamente nos lleva a tener que adentrarnos en el misterio que esta película nos va a ir desvelando.
Si antes decíamos que la comedia también es un vehículo de crítica social, Obsession hace gala de un sentido del humor muy particular. Humor negro, pero humor, en cualquier caso. Sí, la mezcla de terror y comedia le sienta muy bien. No es desternillante pero tiene momentos en los que la risa es inevitable. Nikki, en su infierno particular, las desata. Sus caras, sus gestos, sus reacciones provocan inquietud pero también son muy graciosas en según qué ocasiones.
Caras que, por cierto, ya son un icono del cine de terror. Porque no son naturales. Porque son inquietantes. Porque detrás de ellas vendrá algo desconocido y no precisamente bueno. Y porque el uso de su tiempo en la pantalla, su persistencia en ella, las hace tan malsanas, tan perturbadoras, que se van a quedar mucho tiempo en nuestra retina.
Obsession es un acierto. Por eso ha sido una revolución dentro del género del terror. Porque la libertad creativa lejos de las normas que imponen los estudios tiene su recompensa. Son joyas como ésta las que el público está abrazando en la actualidad, las que traen material fresco que remuevan los cimientos de una industria atascada en las franquicias. Obsession es un soplo de aire fresco dentro del género y tal vez por ello su mensaje feminista anti acoso de chicos incapaces de ligar llegue con más facilidad a una sociedad en la que lo que aquí ocurre pasa con más frecuencia de la que queremos admitir. Si fuerzas las cosas no van a acabar bien. Pero eso ya te lo decía el saber popular, lo que pasa es que no quisiste escuchar.
Silvia García Jerez


