Mascotas 2: El ladrido tierno con moraleja que aprueba como secuela

Illumination parece ser uno de los estudios de animación más prometedores de los últimos años. Con Mascotas 2 ahora en cartelera, es el estudio que nos dio la exitosa Gru, mi villano favorito, película a la que seguirían varias alegrías en forma de nuevos títulos que, pese a pecar de fórmulas poco originales, siempre acaban sorprendiendo al público.

Pero la que ya es su primera saga al margen del universo Minions, Mascotas, fue una sorpresa mayor. Bajo una estética familiar y la premisa “¿Qué hacen tus mascotas cuando tú no estás?” corría el riesgo de perder fuelle a mitad del metraje, pero nada más lejos de la realidad. Mascotas fue uno de los taquillazos del verano de 2016 y, si bien pasó desapercibida como película de animación, consiguió encandilar el buen rato que sus pequeños -y no tan pequeños- fans iban buscando.

Tres años después llega Mascotas 2, que presenta los mismos personajes con aventuras similares a las de su primera parte, aunque con un trasfondo mucho más profundo. Sí, siguen siendo perros y gatos que hablan, pero lo hacen sobre uno de los compromisos más olvidados del cine de animación en los últimos años: La moraleja que termina encandilando a toda la audiencia e incluso les hace reflexionar después de los créditos.

Pero pongámonos en contexto: Tras una aventura en la que el protagonista canino Max asimilaba su nuevo compañero de casa, ahora toca adaptarse a la llegada de un nuevo miembro a la familia, el hijo de sus dueños, que cuidarán como si les fuese la vida en ello. Además, el amor de la perrita Chloe por Max será otra vez el hilo para toda una aventura en una casa repleta de gatos, e incluso habrá que ayudar a un tigre maltratado por el ruin dueño de un circo ambulante. Por supuesto, esta última tarea la enmendará el conejillo Pompón, ahora vestido de super héroe.

Mascotas 2
Listos para salir a pasear.

El perro Max y compañía vuelven a la estructura coral -quizá tan repartida que parezca un capítulo alargado de una serie- pero que sabe conjuntarlo de una manera muy elegante y con un toque quizá algo socorrido aunque muy acertado. Tiene todo lo aplaudido en su predecesora aunque multiplicado, con más acción, más humor y más ternura.

Porque el punto emotivo parece ya una de las marcas de identidad de las cintas de Illumination, que como ya hicieron en ¡Canta! vuelven a repetir colocando tramas de doble lectura generacional que calan hondo.

De este modo, la película dejará de mostrar lo que las mascotas hacen sin nosotros para enseñarnos lo que hacen por nosotros, metiendo de por medio hasta alguna que otra reivindicación al mundo de los circos y los animales en cautividad.

Mascotas 2 no es la película de animación del verano -todos sabíamos cuál era desde incluso desde antes de su estreno-, pero conseguirá mantener el público fiel de todas las edades que consiguió con su primera parte y, sobre todo, emocionar. Con moraleja incluida, podrá pasar desapercibida en un futuro, pero valdrá la pena recordarla como la película de animación que se aleja de la banalidad para darnos una lección de vida esencial.

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