LA MALDICIÓN DE LAKE MANOR: Déjame salir

La maldición de Lake Manor es una de esas películas de terror que no te esperas pero que están ahí para llevarte a su universo giratorio y cambiante, porque cuando crees que estás ante algo evidente, te da un vuelco y te muestra una faz que no tenías prevista. Y eso es fabuloso.

Pero esa parte no la vamos a contar, únicamente hay que saber de ella que se trata de la historia de un niño al que su padre se lleva en el coche, una noche, mientras la voz de la madre (Francesca Cavallin) reclama que lo traiga de vuelta. Y un accidente acaba con el viaje. Y con la vida del padre.

El pequeño se queda paraplégico y depende de los demás para poder alcanzar su silla de ruedas. Las piernas no le responden y él hace lo que puede para moverse con la mayor libertad posible.

Aunque la palabra libertad no es precisamente de lo que más puede presumir Lake Manor. Es una lujosa mansión situada en el centro de un páramo en el que la vegetación y una carretera que lleva a la salida y al mundo real es lo único que los rodea. Y el pobre Samuel (Justin Alexander Korovkin) desea poder alcanzarla para salir de allí.

Sí, Samuel quiere irse porque por mucho que tanto su madre como el servicio de la enorme casa se vuelquen en que el niño, ya adolescente, sea feliz, el resultado que consiguen justo el contrario. Tantas normas, una atmósfera represiva en la que solo puede tocar el piano y aprender a gestionar la finca, labor que le tocará ejercer en un futuro no muy lejano, hacen del lugar poco menos que una continua pesadilla.

Ni siquiera puede acercarse al teléfono. Todo está prohibido. Y es por su bien. Samuel ni lo entiende ni lo quiere entender, solo quiere que lo dejen salir de allí, vivir como un niño más aunque la silla de ruedas sea un poco incordio, pero no tanto como su madre afirma.

El respiro llega cuando aparece en su casa Denise (Ginevra Francesconi), una chica que viene a formar parte del servicio de la mansión y que le aporta a Samuel la luz que apenas le llega del exterior, cosa que su madre, como es lógico, no ve con buenos ojos y también a ella tratará de anularla. Pero todo tiene un límite y Samuel está dispuesto a luchar para conseguir la libertad de la que no goza. Otra cosa es que pueda lograrla.

La maldición de Lake Manor. El pequeño Samuel está sobreprotegido por su madre
El pequeño Samuel está sobreprotegido por su madre

Roberto de Feo idea y le da forma a esta cinta con la que se estrena en el largometraje, con el que además se presenta en el festival de Sitges de 2019 en la Sección Oficial a concurso.

Efectivamente, dos años han pasado desde no ganara el certamen, pero tenemos que tener muy presente a este italiano dentro del género porque si lo que nos espera en su filmografía es tan radiante como La maldición de Lake Manor los aficionados al terror contamos con un exponente del que fiarnos.

Porque La maldición de Lake Manor es una película de las que no se olvidan, de esas que te dejan sin respiración y te vuelven la cabeza del revés, pero lo hace a fuego lento, levantando sospechas y poniendo a prueba al espectador con sus escasos datos, dándole prioridad a la atmósfera más que a los acontecimientos que se suceden en ella.

Eso puede desesperar a muchos, pensando que no está pasando nada en la película, o puede ocurrir que estés tan descolocado con lo que estás viendo que lo único que quieras sea resolver el enigma lo antes posible, y para eso has de estar entregado a la narración y no caer en la desconexión de la misma. Ambas cosas pueden darse, y hasta que no la veas no sabrás de qué lado estás.

Para quien esto firma, La maldición de Lake Manor es una obra mayor, un film italiano en la mejor tradición del género gótico en la que sus personajes te invitan a salir de la mansión porque si Samuel no puede tú sí, y quieres hacerlo. Nada mejor que desear huir de ahí para saber que la película está funcionando.

Casi todos sus personajes son detestables, por mucho que quieran disimularlo. Hacen lo que hacen por algo, claro, y solo quieren que Samuel sea feliz. De verdad, no con una felicidad resignada, falsa, lejana. Así que aplaudimos la llegada de Denise como si fuera un vaso de agua en el desierto.

La maldición de Lake Manor. La joven Denise supondrá un respiro para la vida estricta de Samuel
La joven Denise supondrá un respiro para la vida estricta de Samuel

Dos años ha tardado en llegar La maldición de Lake Manor a nuestras pantallas y quién sabe si lo hubiera hecho si calendario de estrenos con el que contamos fuera normal, no de la época de pandemia en la que nos encontramos, donde los grandes estudios han rechazado estrenar sus superproducciones pero los cines siguen abiertos. Así que al menos podemos ver películas que de otro modo serían las que pasarían directamente al formato doméstico.

Y ver La maldición de Lake Manor en un cine es algo fantástico, y no solo por su género. Una película de estas características, tan inesperada, tan excelente en su conjunto, es muy recomendable verla en las salas oscuras. Y sería mejor hacerlo con ellas llenas, cosa que no es posible en estos momentos, pero descubrir el misterio que se esconde tras las estrictas normas y los extraños comportamientos de la familia de Samuel y los interinos que trabajan en su casa es mejor compartirlos con el público entregado. Y posiblemente aplaudiendo.

Otra de sus virtudes es su capacidad para integrar el presente y el pasado en el desarrollo de la película. El compendio que nos ofrece de actualidad y clasicismo es admirable, no solo en la intención de los personajes de romper con lo establecido sino en el devenir del propio relato.

Lo único que tal vez se le puede achacar a la película es ser tan excesiva. Todo está sobredimensionado, todo es incluso efectista, algo aparentemente innecesario, pero entenderemos que su mecanismo funciona cuando estemos ante la revelación que se nos hace.

Solo entonces comprenderemos que toda parafernalia la que hemos asistido tiene un por qué, una razón, y es la de alejarnos por completo de esa resolución, centrándonos en un universo que el director necesita para darle a un vuelco a lo preconcebido. Y claro, resulta tan sensacional que nos cuesta asumirlo, pero cuando lo hacemos no podemos sino celebrarlo y esperar que su próximo trabajo sea tan redondo como este.

Silvia García Jerez

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