LA PACIENTE SILENCIOSA: El grito alternativo

La paciente silenciosa, debut en la novela del chiprota Alex Michaelides, publicada en España por Alfaguara Negra en septiembre de 2019, es una de esas obras que cuando acabas reconoces que está bien pensada y con una estructura que le ha debido costar su tiempo armar para que todo lo que cuenta encaje con la precisión del momento en que ha de ser revelado, pero que en su conjunto resulta un tanto endeble porque da la sensación de que la extensión de las páginas es excesiva para contar eso.

Efectivamente, La paciente silenciosa necesita esos personajes, requiere de esa trama que va del pasado al presente y de éste al anterior, buscando razones en la infancia de los protagonistas para llevarnos a un ahora cuya raíz está en el entonces. Todo eso es comprensible. Pero lo que no lo es es la cantidad de tiempos muertos que tiene la novela, todo lo que no necesitamos saber para llegar a la misma conclusión.

Pongámonos en situación: La paciente silenciosa comienza cuando el personaje al que hace alusión el título es detenido y llevado a juicio en el escenario del crimen de su marido, un hombre al que ella quería mucho y al que todas las evidencias de dicho escenario apuntan a que ella es la culpable de haberle disparado cinco tiros en la cabeza.

Alicia es ingresada en un hospital psiquiátrico tras ser declarada culpable y allí permanece sin hablar durante años, hasta que a éste llega Theo, un psiquiatra obsesionado con el caso que está convencido de que puede hacerla hablar para que cuente la verdad de lo que pasó esa noche, noche en la que Theo piensa que ella no mató a su marido.

La paciente silenciosa
Portada de LA PACIENTE SILENCIOSA

El punto de partida es de una potencia asombrosa. Cualquier lector aficionado a la novela negra querrá leer La paciente silenciosa solo con conocer su argumento. Así que empieza a leerlo, y claro, al comienzo resulta apasionante. Lo es. No puedes quitar loso ojos de sus líneas, y pensar en todo lo que queda es un aliciente para seguir y descubrir el misterio.

Lo malo es que a medida que avanza la trama pierde fuerza y por lo tanto también desciende el interés. Como en una serie a la que le sobran capítulos, a la novela le sobran páginas. Todo se vuelve reiterativo y se va a acabando la emoción.

Llegamos a una meseta en la que hasta los personajes son insufribles y ninguno cae bien, sobre todo, y el que menos, el marido de Alicia, nuestra paciente silenciosa, un Gabriel al que ella describe siempre como adorable y cercano y en realidad es un ser insoportable, prepotente y odioso al que no se entiende cómo ella puede querer tanto.

Tal vez solo hay dos personajes que se salven de la quema: Jean-Felix, el galerista de Alicia, un hombre que, como muchos en su vida, despierta las sospechas lógicas de todo lector del género. Jean-Felix, que en un principio no sería muy de aplaudir pero resulta ser  de los personajes más aceptables de la novela. Y el primo de Alicia, Paul, que a pesar del ambiente en el que vive, con esa madre tan desagradable, se hace querer y por lo tanto, lo queremos.

Pero ni siquiera nuestro psicoanalista, narrador del relato y protagonista masculino, un tipo con el que los lectores deberían empatizar por completo, o casi, es demasiado atrayente. Y eso, claro, a falta de un personaje con más entidad en la novela en el que como lectores pudiéramos refugiarnos anímicamente, ésta se resiente continuamente.

Alex Michaelides en la foto de la solapa de la cubierta , de Andrew Hayes-Watkins. La paciente silenciosa
Alex Michaelides en la foto de la solapa
de la cubierta , de Andrew Hayes-Watkins

El único cobijo que tenemos es el Diario de Alicia Berenson, que vamos leyendo poco a poco, y que nos va revelando, como buen diario que es, ya que narrativamente sirve para eso, datos de un pasado que para el presente van a ser determinantes. Podemos intuir que así será pero no cómo.

Y ahí está la grandeza de Michaelides como autor de la novela: en la construcción de una historia cuyo pasado tiene relevancia al respecto de lo que en la actualidad nos ocupa. Y lo hace con una estructura diabólica en la que, como en todo thriller bien construido, el giro que nos ofrece en el momento justo nos deja atónitos por lo bien que nos ha ido llevando hasta él sin que lo intuyéramos.

Por eso, La paciente silenciosa, no siendo una novela especialmente disfrutable, sí lo es en su conjunto, cuando tenemos todo el puzle armado y con las piezas cada una en su sitio. Nos habrá costado llegar hasta el final, pero lo habremos saboreado pensando que ha valido la pena pasar por un par de cientos de páginas que se podrían haber resumido mucho y que en ciertos momentos dejaban de tener interés para, finalmente, cobrar todo el sentido que le hacen a un thriller tener la dimensión que se merece.

Silvia García Jerez

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