KEIR DULLEA: Trabajar con Stanley Kubrik fue un auténtico placer
Sorprende oírle decir a alguien que trabajara con él, que fue un placer el día a día con Stanley Kubrick. No es esa la leyenda que corre sobre el genio, pero Keir Dullea, actor norteamericano conocido principalmente por ser el Dr. Dave Bowman de 2001: Una odisea del espacio, ha pasado por Madrid para presentar 2001: Destellos en la oscuridad y se ha deshecho en halagos al director.
2001: Destellos en la oscuridad es un documental dirigido por Pedro González Bermúdez en el que se recrea la entrevista que el periodista Eric Norden le hizo a Stanley Kubrick para la revista Playboy después del polémico estreno de la joya de ciencia ficción, en abril de 1968. Al no haber registros de la misma, González Bermúdez ha realizado una aproximación asombrosa, con animaciones 2D, 3D y Stop-Motion, en la que Dullea le ha prestado su voz a Kubrick. El intérprete ha hablado de esta experiencia que llega al canal TCM el sábado 12 de mayo a las 22:00 horas.

Pregunta: 2001: Destellos en la oscuridad demuestra, sobre todo, que Kubrick era un gran filósofo.
Keir Dullea: No solo era un gran director y un genio en ese sentido, también era un filósofo extraordinario. Viendo el documental me ha llamado mucho más la atención ese aspecto que cuando estábamos rodando la película. Y creo que por eso es un documental estupendo, porque señala esta faceta suya que tal vez teníamos un poco perdida.
Pregunta: En esta entrevista que vemos en el documental se habla del sentido metafísico de la película, ¿tuvo que ver varias veces 2001: Una odisea del espacio para entender su sentido?
Keir Dullea: Creo que la entrevista capta muy bien la experiencia de trabajar con Stanley. Intenté que mi trabajo aquí sonara como si realmente estuviera manteniendo una conversación con el entrevistador, en lugar de lo que realmente era, que estaba leyendo un guion. Pero mi voz no es la misma que la de Stanley, así que no he intentado imitarla.
Me gustaría aclarar que cuando 2001: Una odisea del espacio se estrenó, tuvo una cierta respuesta negativa. 250 personas se marcharon de la sala en la premiere de la película en Nueva York. El 50% de los críticos la adoraron y la otra mitad la odió. Pero es que lo que Stanley había hecho era una nueva clase de película.
Una de las respuestas que él daba acerca de lo que significaba la película era preguntar cómo explicas una sinfonía de Beethoven. Porque una sinfonía de Beethoven se siente en las tripas. Cada persona que las escucha tiene una respuesta emocional diferente y no hay dos respuestas iguales. Y lo que Stanley hizo con 2001 es proponer un viaje que cada espectador recibirá de manera diferente. Y por eso nunca explicaba el significado de la película, porque cada uno tiene uno.

Pregunta: ¿En términos de tecnología, ¿cómo considera que la realidad ha alcanzado a las propuestas de 2001?
Keir Dullea: La realidad, en muchos aspectos, la ha superado. Ahora tenemos iPads. Con el iPad vemos películas. O por ejemplo, cuando me toca entrar dentro de la sala donde se encuentra el corazón de Hal y desmontar el ordenador, obviamente hoy no necesitaríamos una sala enorme. Probablemente con el ordenador seríamos capaces de hacerlo.
También hay que tener en cuenta que aunque la realidad haya superado a la ficción en aquel momento lo que hizo Stanley Kubrick fue recibir el asesoramiento de 40 empresas dedicadas a distintas áeras de ingeniería y tecnologías y que ellas le dijeran cómo pensaban que iba a ser el futuro. Lo que en sus distintos sectores iba a estar sucediendo en el 2001, y con esa información se elaboró lo que se ve en la película.
Una de las empresas que participaba era la que creó el Monopoly: Brothers & Games. El juego del ajedrez tiene que ver con esa empresa. Y hay otro juego que también filmamos, Universe, que se iba a lanzar en ese momento, pero Stanley decidió cortarlo del metraje final. La zona donde están los astronautas, la rueda centrífuga, ese set lo construye una empresa especializada en ingenería, Vickers-Armstrong. Los sets de rodaje los construyeron en 2001 empresas especializadas en esos sectores. Teníamos supervisores. Uno de ellos había trabajado para la NASA. Todos los asesores garantizaron que la parte de ciencia ficción tuviera una cierta relación con lo que se pensaba que iba a pasar.

Pregunta: ¿En qué momento personal de su carrera le llegó el proyecto de 2001 Una odisea del espacio?
Keir Dullea: Yo estaba en Londres rodando El rapto de Bunny Lake, con Lawrence Olivier y Carol Lynley, dirigida por Otto Preminger, una experiencia bastante desagradable, por cierto, y al final de uno de los días de rodaje llegué a casa y mi mujer me dijo: Tienes que llamar a tu agente. Lo hice y él me preguntó: ¿Estás sentado? Y yo le contesté: No, ¿por qué? Bueno, porque te han ofrecido el papel protagonista en la próxima película de Stanley Kubrick. Y sí, casi me caigo de la silla.
Yo era un fan enorme de Stanley. Cuando estaba en la Escuela de Arte Dramático, alguien dijo: Están poniendo una película de guerra al final de la calle, una con Kirk Douglas. Y fui a verla. Era Senderos de gloria, que por cierto, es mi película favorita de Kubrick. En los primeros tres minutos de película mi mandíbula se me cayó a los pies. Era extraordinario. Desde enonces fui un incondicional de su cine. Y claro, me entusiasmé cuando supe que iba a trabajar con uno de los mejores directores de la historia.
Pregunta: ¿Qué te ha aportado 2001: Una odisea del espacio en tu carrera?
Keir Dullea: He hecho unas treinta películas y solo estoy orgulloso de unas pocas. Una de ellas es, claro está, es 2001. Debo decir que es la película por la que la mayoría de la gente me conoce pero no es con la que que estoy más conforme de las que he hecho. No porque no estuviera satisfecho con mi trabajo sino porque como actor estoy interesado en personajes que me alejan por completo de quién soy yo en realidad. Ese es el gran desafío. Pero el entusiasmo de trabajar con este genio fue lo realmente importante. Si uno solo puede ser conocido por una cosa, no está nada mal serlo por una película así.
Pregunta: ¿Qué peso específico tuvo Arthur C. Clarke en el rodaje?
Keir Dullea: La colaboración entre Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick fue enorme. Muy profunda. El reconocimiento de la grandeza de la película es de los dos. Ellos trabajaron juntos en esta película desde dos años antes de que yo llegara a ella. Algunas de las cosas que habían debatido, cuando yo llegué ya las tenían decididas. Aún así tuvimos varias reuniones. Era un placer hablar con él, pero no era una presencia diaria en el set. Muchas veces se le mostraba lo que se había grabado días antes pero no se metía en el trabajo con los actores porque Arthur consideraba que ese era el trabajo de Stanley.
Respecto a la metafísica, él planteó la pregunta, que también aparece en el documental, sobre la vida inteligente en otros mundos. Él fue quien dejó clara la idea de que hay mil millones de estrellas y de galaxias y con que un porcentaje mínimo de estas estrellas contenga vida inteligente, eso ya representaría muchísima.

Pregunta: ¿Qué recuerdos tiene de haber trabajado con Stanley Kubrick? ¿Era realmente el hombre terrible y maniático del que se habla?
Keir Dullea: Trabajar con Stanley día tras día fue un auténtico placer. Y mucho más si lo comparamos con Otto Preminger. Nunca levantaba la voz y tenía una paciencia enorme. Sí, hacía muchas tomas de un mismo plano pero solo por razones técnicas. La fotografía era muy complicada, extremadamente compleja. Stanley podía hacer 50 Polaroids de una sola escena para tener clara cuál era la luz que debía mostrar. Si hacía muchas tomas era porque algo no le convencía. Lo que fuera. Y estaba abierto a las sugerencias, algo que no suele pasar cuando trabajas con directores tan importantes. Siempre escuchaba tus sugerencias aunque eso no significaba que las fuera a incluir.
Yo hice una que recuerdo bien porque se incluyó en la película. Fue en la escena final, en esa sala extraña. Cuando me ves viejo, desde el traje rojo de astronauta pasando por mi versión un poco más viejo sentado a la mesa hasta la última versión de mí en la cama. Le dije a Stanley: cuando estoy en la mesa, comiendo, escucho algo… si recuerdas la película cada versión siente la presencia de la siguiente. Y le pedí a Stanley que me dejara hacer algo diferente con esa última. Agacharme para coger algo para comer y estar en una posición diferente cuando escuchara algo. A la versión más vieja, en la cama. Y le gustó.
Silvia García Jerez
