LA FIESTA DE LAS SALCHICHAS: animación salvaje

La fiesta de las salchichas no es una película para niños. Partiendo de este pequeño gran detalle, ya se pueden decir sobre ella todas las maravillas que vengan a la mente, porque se trata de un film admirable, divertido, muy crítico con el mundo y sus habitantes y por encima de lo dicho, muy inteligente.
Da comienzo el día en Shopwell´s, el supermercado donde cereales, vegetales y productos varios lo saludan con una canción. Pero no es el típico tema compuesto para el cine Disney, bonito y angelical, sino uno cuyo contenido suele describirse como explícito en las portadas de los discos que advierten a los padres de la poca conveniencia de que sus hijos los escuchen sin su autorización y presencia.
Con música de Alan Menken, sí, el mismo que firmaba la de La sirenita, y letra de, entre otros, Seth Rogen, uno de los creadores de la historia, junto con otro actor imprescindible en películas irreverentes, Jonah Hill, The great beyond, o lo que es lo mismo en nuestro idioma, El Gran Más Allá, es el título del tema y el concepto que resume la idea que los alimentos tienen del mundo una vez hayan sido elegidos por los humanos, a los que consideran dioses, porque, según creen ellos, los consumidores los sacan de sus aburridas y caducas vidas en los estantes para darles otra mejor, en los hogares donde los cuidarán con las atenciones que merecen.

Frank y Brenda, protagonistas de LA FIESTA DE LAS SALCHICHAS
Frank y Brenda, protagonistas de LA FIESTA DE LAS SALCHICHAS

Una vez que la salchicha Frank y el pan de perrito Brenda quedan fuera de sus respectivos paquetes (con el doble sentido que la cinta propugna) por azares de un destino que se les estaba poniendo cuesta arriba, junto a la salchicha Carl o a la taco Teresa vivirán las aventuras más extremas para dar con la verdad de lo que en el supermercado se les estaba ocultando.
Política, religión, drogas, sexo, palabras malsonantes y un toque de gore son los ingredientes de un cóctel explosivo sin fecha de caducidad, tan bien empaquetado que las entradas que dan acceso al banquete deberían agotarse en las cajas registradoras de las taquillas durante los primeros fines de semana de exhibición en los cines. Pero aunque la historia venga en forma de dibujos animados, el contenido no está compuesto de caramelos.

Las salchichas, en sus envases, desean ser las elegidas para abandonar la tienda
Las salchichas, en sus envases, desean ser las elegidas para abandonar la tienda

No siempre el cine de animación está pensado para toda la familia, y aunque existan títulos en los que la línea que separa la conveniencia exclusiva para adultos es muy delgada, caso de Del revés, tan conceptual que muchos pequeños podían perderse, pero nunca pasárselo mal viéndola, en La fiesta de las salchichas hay pocos planos recomendables para ellos. Muy pocos. Incluso los aparentemente más inocentes, como los del inevitable escenario de la cocina, están tratados de manera excesivamente violenta.
Por el contrario es de imaginar que el público al que va dirigido, el que sea mayor de edad, disfrutará con ella como sus autores tienen previsto. Han decidido hablar sobre la libertad, la superación de tabúes o la aceptación de las creencias yendo por el lado más salvaje al que se puede asomar un equipo de animación.
Los cameos, más que nunca, no deben ser desvelados, porque constituyen algunos de los mejores gags de la película y cuentan con una inventiva tan genial como perversa.

Lavash y Bagel, otros dos personajes fundamentales para la historia
Lavash y Bagel, otros dos personajes fundamentales para la historia

Nada hay en este film dejado al azar. Cada tema mítico de la banda sonora, cada chiste, cada referencia a los productos que incluimos en la compra y cada personaje que se encarga de referirlos tiene una razón de ser y a medida que avanza el metraje el guion que los enlaza resulta más y más admirable.
La fiesta de la salchicha ha costado 19 millones de dólares, y solo en sus primeros días en los cines norteamericanos recaudó más de 34. El éxito ya era un hecho, pero la cifra no se detuvo ahí. A punto de alcanzar los 100 millones, llega a España dispuesta a hacer las delicias de los comensales más exquisitos, y si nos basamos en la calidad de la película raro sería que no lo consiguiese.

Silvia García Jerez

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