LA FAVORITA: Guerra en la Corte

La Favorita es lo menos parecido al cine histórico que uno piensa que va a ver cuando se acerca al cine histórico. Porque se trata de un género que no suele dar cabida, cuando retrata a los monarcas, a ninguna clase de comedia. Ni a la locura más absoluta en fondo o forma, pero La favorita es un despliegue de originalidad desde el inicio que incluye esas particularidades.
La favorita se acerca a la Corte de Ana de Gran Bretaña a comienzos del s. XVIII en Inglaterra y a sus dos favoritas, Lady Sarah y su prima Abigail, una muchacha que conoció tiempos mejores en su familia y quiere recuperarlos. Como sea. Su llegada a la Corte va a suponer un quebradero de cabeza para Lady Sarah, que tenía, hasta entonces, su puesto bien asegurado.
La favorita es el nuevo trabajo de Yorgos Lanthimos, un griego que apareció en nuestras vidas en 2010, año en el que estrenó Canino, título mítico del surrealismo y el horror en el que nos presentaba a un matrimonio que tenía a sus tres hijos adolescentes encerrados en su casa de campo y los educaba de la manera más marciana y aberrante que nadie pudiera imaginar.
La cinta fue nominada al Oscar a la mejor película extranjera y con ese regalo (que puede interpretarse como un premio merecido o como un exceso que la película no tenía que haber recibido nunca, según gustara más o menos, porque muy convencional no era) las puertas se le abrieron en Hollywood, circunstancia que aprovechó para rodar la irregular Langosta, con Colin Farrell y Rachel Weisz.
Con ellos volvería a trabajar, con Colin en la sensacional, opresiva y enfermiza, palabra esta última muy adecuada para calificar toda su filmografía, El sacrificio de un ciervo sagrado, y con Rachel en esta Favorita, que la está situando en la lista de cinco finalistas a los premios como mejor actriz secundaria.
Pero no está ganando, y no es que esté mal, es que tiene una compañera que le hace sombra y divide votos: Emma Stone. Emma es la Abigail de la narración, una sirvienta que no tiene escrúpulos a la hora de llevar a cabo cualquier tipo de acción que la sitúe por delante de Lady Sarah.

Contrapicado de Emma Stone en LA FAVORITA

La guerra está servida y en el cine de Lanthimos se presenta con el humor más negro posible. Todo es divertido en esta nueva concepción de Eva al desnudo en la que tres mujeres concentran el protagonismo y dos de ellas se matarían entre sí si eso estuviera bien visto.
Lanthimos, que suele escribir sus guiones pero que en esta ocasión se estrena en la dirección de un texto de otros, borda su trabajo con las actrices gracias a los punzantes diálogos escritos por Deborah Davis y Tony McNamara, una auténtica delicia de mensajes cruzados, malas intenciones, deseos velados, crueldades encubiertas y demás zancadillas verbales que uno, en sus labios, se cree que en aquella época fueran capaces de dirigirse entre ellas.
Pero es que a tan sensacional capacidad lingüística Yorgos Lanthimos suma un perfecto dominio de la escena, no solo con una ambientación palaciega que por supuesto es necesaria y lógica, sino con un manejo de la cámara que nos dice continuamente que si lo que estás viendo es inusual, la manera en que lo haces tampoco es la de siempre.
Utiliza contrapicados (planos en los que la cámara graba al personaje desde un ángulo más bajo que el habitual) con los que tanto estas favoritas como su reina quedan al nivel del esperpento que es el conjunto, pero no como algo despectivo sino todo lo contrario, elevado al arte que nació de la pluma de Ramón María del Valle-Inclán gracias al cual se deforma la realidad acentuando sus rasgos grotescos.
Contrapicados junto a grandes angulares que ofrecen tanta amplitud en un plano que el resultado es un efecto de exceso de localización gracias al cual el patio por el que que caminan o el campo por el que el caballo galopa, no caben en la pantalla y el director multiplica la imagen para conseguir incluirlo todo.
También rueda Yorgos largos travellings con los que no solo nos sitúa en la acción sino que, midiendo el tempo de la misma nos proporciona, como ocurre con los diálogos, unos momentos de puro humor tan negro como solo a Lanthimos se le permite.
Qué otro director puede meterse en una Corte a retratar a la Reina con esa naturalidad, dando de ella una imagen poco habitual en un monarca, incluyendo en su lado íntimo, que Lanthimos lleva hasta consecuencias impensables en un film comercial de un gran estudio. Y no solo no sale escaldado sino que obtiene las mayores loas de su carrera y candidaturas a los más importantes galardones. Los superhéroes a veces están detrás de la cámara gritando Acción y Corten.

Los agrandes angulares caracterizan la realización de la película

El humor es tan importante en La Favorita que de no funcionar no existiría la película. Lanthimos lleva trabajando el humor surrealista toda su carrera, provocándolo en situaciones incómodas, como muchas veces consigue el danés Lars von Trier. Porque el humor no solo nace del chiste, como esperamos que lo haga en una comedia al uso, también está presente como escape a una situación extrema, increíble y escasamente justificable.
Quien consiga arrancar risas de esos momentos será considerado alguien muy retorcido, pero también alguien con muchísimo talento y con una enorme habilidad para no transitar los lugares más comunes de un oscurantismo que con el humor se vuelve más disparatado. Y escasamente controlable por los cánones que el género marca. Como espectadores nos sentimos más desprotegidos, en un terreno de arenas movedizas en el que por mucho cine que se haya visto ninguna película te prepara para lo que viene.
Y en ese lugar se mueven, por ejemplo, las escenas de prácticas de tiro que enfrentan a Rachel Weisz y Emma Stone, dos titanes de la interpretación que, siendo sinceros, están a la misma altura. Por eso ninguna está ganando premios, porque cuando las dos dan el mismo miedo los votos se marchan a la actriz de otro título que compita sin competencia.
Pero Olivia Colman, su excelsa majestad, está libre como mejor actriz para hacerse con todos los que la carrera le permita. Pero la comedia no es precisamente el género que más le gusta a la Academia y su brillo se apagará al luchar contra una intérprete de drama, pero su poderío en La favorita es tan inmenso que tanto en los momentos de lucidez en el Parlamento como en aquellos donde su cabeza divaga y le hace protagonizar instantes delirantes su trabajo es un espectáculo. Un espectáculo que pasará con honores a la Historia del cine.
La favorita es una de esas maravillas que escasean en las salas. Y no es fácil verlas porque no es fácil que se hagan, y mucho menos que se estrenen. En una época en la que un relato que no se adecúa a los cánones es directamente estrenado en plataformas o en formatos domésticos que evitan su descalabro en taquilla, es motivo de orgullo el hecho de podernos acercar a un cine diferente y arriesgado, con el que se disfruta por su toque diferente y por su perfección a la hora de dominar todos los elementos que hacen de una comedia una comedia excelente.

Silvia García Jerez

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