ENTREVISTAMOS a JUAN MAYORGA y JAVIER GUTIÉRREZ por LOS YUGOSLAVOS


La última obra de Juan Mayorga, Los yugoslavos, abandona la capital para comenzar gira. Estrenada en el teatro de La Abadía, donde Mayorga es además el director artístico, cumplimos la ilusión de charlar con él y Javier Gutiérrez, uno de nuestros actores más admirados, uno de los intérpretes de esta función que reflexiona sobre el poder de las palabras, sobre “lo que hacemos con ellas, o ellas hacen con nosotros”, parafraseando al propio autor y director.

De encuentros y escucha. De desencuentros, silencios y tristezas. De lo que se piensa, se dice, o queda por decir. De las palabras que sanan. Y de las que hieren. De la fragilidad de lenguaje. Del amor. De la pérdida, o lo que se ha roto. Y también, de ese espacio que se habita o se imagina, que es refugio, o jaula. De todo esto va Los Yugoslavos; siendo además un bar, un cruce de caminos, o un país, que ya no existe, donde cuatro personajes hablan o callan, buscando lugares y respuestas, rumbo y salvación.

En Los yugoslavos un par de mujeres (Natalia Hernández y Alba Planas) intercambian mapas para encontrar su lugar en el mundo, mientras un par de tipos conversan en una barra ante un camarero (Javier Gutiérrez), que pide ayuda a uno de estos clientes (Luis Bermejo) por cómo le oye hablar, pues él ya no sabe cómo dialogar con su mujer, quien se ha vuelto callada y melancólica. 

Con este envoltorio de suspense y a través de una escenografía de Elisa Sanz a dos alturas y cuatro espacios, junto a la iluminación de Juan Gómez Cornejo creando un halo misterioso, y la música envolvente de Jaume Manresa, acompañamos al cuarteto de intérpretes alrededor de objetos cual tesoros, caminando entre palabras y silencios, que trascienden significados y suposiciones de un texto difícil -en palabras de Gutiérrez-. no exento de poesía y simbolismo, que sorprende hasta en su final -todo muy Mayorga- manteniendo un pulso y abriendo debate con el espectador, gracias también al ese reparto que va desmenuzando la verborrea y ambigüedad de sus personajes que parecen complementarse. Estupendo es el trabajo de ellas, aunque el saber hacer sobre las tablas de Natalia Hernández es extraordinario, así como el tándem de Gutiérrez-Bermejo, o viceversa, que funciona a la perfección, hagan lo que hagan juntos.  

Un texto con ecos de la propia obra del autor -como la referencia al arca de Noé y el uso de la cartografía- para este montaje que además rinde homenaje a quienes han regentado alguna vez, algún bar, “con millones de historias que contar”, como fue el abuelo de mismo Mayorga que traía el periódico y los restos de la noche para desayunar”, y el tío de Gutiérrez “con sus varices y sus madrugones”. 

Después de su presencia en Madrid, Los yugoslavos se lanzan de gira por los teatros del país, de éste plagado de bares, “qué lugares, tan gratos para conversar“, como bien ya cantaba Gabinete Caligari, y por supuesto, se llegó a entonar en la presentación de la función (en nuestro Instagram). 

Con Los yugoslavos cumplimos la ilusión de charlar con Mayorga y Gutierrez sobre el teatro, la importancia de las palabras y los proyectos compartidos. 

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La Cronosfera: En esta temporada, encontramos en los teatros La aventura la palabra sobre la preparación del discurso de ingreso en la RAE de Fernando Fernán Gómez, mientras que en Matadero La gramática habla del poder del lenguaje entre el erudito y el popular. Y ahora tú (Mayorga), también académico, estrenas Los yugoslavos destacando la importancia de las palabras; un tema que sueles tratar. ¿Es todo una casualidad o el resultado de una necesidad de revalorizarla la lengua, utilizando las valiosas palabras de manera correcta?

Juan Mayorga: Yo creo que hay un interés por la palabra, hay una pasón por la palabra, algo que es muy notorio, ya que cada vez que se hace una intervención en la Academia se produce una conversación, un debate, incluso una controversia social, y eso es porque la palabra y el lenguaje  están en nuestras vidas y nos importan. Entonces, es muy bonito que en el teatro, que siempre ha sido un lugar de examen de la palabra -siempre digo que el teatro es el arte de la crítica y de la utopía- se den amas dimensiones; la dimensión crítica y la utópica, atendiendo también a la palabra, viendo cómo usamos las palabras y como podríamos no usarlas. A veces, el escenario nos lleva a escandalizarnos por como usamos la palabra, por cómo la corrompemos. Y al mismo tiempo, a veces, cuando escuchamos los grandes textos de Valle, o de Lorca, y salimos con envidia de palabra. Decimos: más palabras, más vida. De forma que, sí, esta obra tiene que ver con todo eso. 

L.C.: ¿Es la primera vez que trabajáis, directamente, juntos? 

J. Mayorga: Debo decir que Javier me regaló aquí, en teatro la Abadía, un extraordinario personaje, Montero, en un montaje en el 2005. Es decir, hace veinte años…  

J. Gutiérrez: Hamelín. 

L. C. Lo vi. Dirigía Lima. 

Mayorga: Un montaje magnífico de Andrés Lima, con un elenco fantástico y con un magnifico Javier Gutiérrez (quien se ríe). Y luego, estrenamos la versión española de El buen vecino

J. Gutierrez: Y coincidimos en Bolzerck de Vera. Y también en Alejandro y Ana… 

L.C.: Con Animalario, y de nuevo, con Lima en la dirección, a quien hay que felicitar por los premios que va acumulando con 1936. Y a ti también, Juan, por lo que te toca como coautor de ese tercer Shock.

J. Mayorga: Muchas gracias, aunque ahí el gran líder es Lima, nuestro padre Andrés. Estamos muy contentos, y ya estamos esperando cuál es la siguiente en la que nos lía (risas) 

J. Gutiérrez: Pero respondiendo, directamente a tu pregunta (risas); es la primera vez que trabajamos juntos. 

L. C.: Los yugoslavos cuenta con parte del equipo de 1936… 

J. Mayorga: Es la suma de muchos talentos. Y hemos hecho lo que hemos podido, con gran empeño.

L.C.: Javier, vuelves al escenario de La Abadía con Bermejo, con quien repusiste El traje no hace mucho y aquí mismo. ¿Qué tiene él que desde Los santos inocentes no dejáis de ser pareja y actuar juntos?   

J. G.: (risas) Igual puede pasar ahora con Juan, ¡que me llame para hacer todos sus textos! 

J. Mayorga: ¿Te imaginas? (risas) 

J. Gutiérrez: Lo que ocurre es que hay un lenguaje común, compartiendo una forma de entenderse, de entender la vida, de entender el oficio. Yo le doy mucha importancia a los compañeros de viaje Y en mi caso, cuando me enfrento a un proyecto lo primero que pregunto no es sólo quién lo dirige, sino quién va a estar. Y en el teatro, más, porque formas una pequeña familia que te acompaña durante año y medio, o más, y para mi es vital salir a escena creyendo en las personas que me acompañan. 

L. C.: Juan, te has estrenado como actor con un texto propio, La cacería-Mayorga sorprende gratamente en escena y la obra es una master class de teatro, un viaje hacia la Historia con historias, y toda una lección de arte-. 

J. Mayorga: No soy actor, simplemente soy recitante. Y al recitado lo acompaño con algún gesto (risas). Gracias por acompañarme, también ahí. Pero cuando uno está ante Javier Gutiérrez, uno no se puede llamar actor.  

J. Gutiérrez: Es un hombre multidisciplinar (risas). Y ahora que le ha cogido gusto al escenario, ya verás, acabará escribiendo un papel para sí mismo (risas) 

L. C.: Y tú, Javier, ¿para cuándo dirigir? ¿Te lo has planteado? 

J. Gutiérrez: Sí, sí. Me lo he planteado. Y me acaban de hacer una propuesta, que estoy pensando. 

L. C.: ¡Qué bueno! 

J. Gutiérrez: Tengo la propuesta, pero me falta tiempo. Aunque acabaré dirigiendo… algo (risas) 

L. C.: En Los yugoslavos, la palabra trasciende de sus significados. Hay palabras que curan y palabras que hieren. A vuestro entender, ¿cuáles son las más importantes? 

J. Mayorga: Amor. Pero creo que no sólo hay una. También hay palabras importantes que podemos dirigir a otros. Antes que dar recetas, e invadir al otro, decirle ¿en qué puedo ayudarte?

J. Gutiérrez: A mí me encanta lo del amor, coincido con Juan, porque además estamos muy faltos. Hay tanta agresividad, tanta toxicidad, que creo que bien empleado, de forma sincera y honesta, el amor es muy necesario. Pero no sólo dicho, también el amor en una mirada, o con un gesto. Todo lo que implique o concierna a la palabra amor. 

Tenemos que terminar. Mientras nos despedimos, me pregunto cuál elegiría. Y quiero quedarme con ambas: ayuda y amor, o al revés; amor y ayuda, que viene a ser lo mismo, ¿no? 

Mariló C. Calvo

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