EN MAR ABIERTO: Supervivencia entre tiburones

Renny Harlin regresa a nuestras pantallas. Ésta vez con En mar abierto, una película en la que los tiburones van a ser casi más protagonistas que los personajes que luchan para no formar parte de su menú.

Y vuelve tras haber estrenado el 30 de abril de este mismo año, Strangers: Capítulo final, el último de la trilogía, cuyos capítulos rodó seguidos y nos llegaron en años consecutivos desde 2024. Episodios que son, con las extensiones propias del desarrollo para tres entregas, un remake de la película original del año 2008 protagonizada por Liv Tyler.

Así que como Harlin no para, nos encontramos con un título más en la cartelera del que él es absoluto responsable, una película de acción, como esas que tan bien hacía en los años 90, caso de La Jungla 2 (Alerta roja), Memoria Letal o Deep Blue Sea, que también transcurría bajo aguas peligrosas.

En mar abierto cuenta la historia de un vuelo de pasajeros que se dirige de Los Ángeles a Shanghái pero que no llega a su destino porque tiene un accidente, tras un amerizaje de emergencia, que hace que caiga al mar en plena noche, en una zona donde los tiburones dan vueltas buscando presas para saciar su hambre. Y los supervivientes, que no son muchos y han quedado desperdigados porque el avión se ha hecho pedazos, tienen que hacer lo posible para no ser el próximo alimento de los escualos antes de que alguien, si fuera posible, pasara a rescatarlos.

Cartel de la película

En mar abierto es un thriller situado en el océano Atlántico, geográficamente hablando, porque su rodaje ha tenido lugar en Gran Canaria, ya que la participación española ha sido importante y se sabe que por tema de impuestos y subvenciones, que también existen en el cine norteamericano aunque ese sea un detalle que normalmente se pasa por alto al hablar de lo que cuesta hacer cine por allí, rodar en Canarias resulta mucho más rentable. Y además, tienen el océano referido para poder situar convenientemente la acción que tiene lugar en el film.

Y ésta, la acción, es estupenda. Se nota que en la dirección hay un señor con oficio que sabe manejar la tensión de la historia que cuenta. No hay, y eso es un acierto de este título, ningún detonante enrevesado, ningún terrorista a bordo, ninguna red mafiosa tramando nada. Hay un accidente fortuito sin más, pero tan bien manejado en el guión como si de alguno de los factores citados como posible fuente de la tragedia se tratase. Y hay que tener mucho talento para no poner el foco en algo externo a la vida cotidiana como detonante de lo que sucederá a continuación.

Por lo tanto, la primera hora es extremadamente brillante al mostrarnos una cotidianeidad que se trunca por efecto de algo tan mundano. El resto del metraje puede ser más discutible porque se vuelve algo más rutinario, pero no tanto como en otros films, reconozcámoselo a Renny Harlin de nuevo.

Es el hecho de los tiburones el que echa a perder la película, en cierta forma. Porque está siendo tan espléndida en su desarrollo sin estridencias que introducir un elemento tan habitual de este género como escualos hambrientos que se comen a los personajes deja de lado la genialidad de la que estaba haciendo gala la película hasta ese momento.

Pero aún así mantiene un nivel alto en cuanto a gestión de los acontecimientos. Y no se olvida de los secundarios, tratándolos con cariño, sea cual sea su destino, además de proponer al típico villano al que la audiencia odia por defecto. Estereotipos, sí, pero muy bien gestionados.

En mar abierto es una película de bajo presupuesto, de las llamadas serie b, pero con una producción algo más potente que en esas tan pequeñitas. No olvidemos que con participación española, por ejemplo en el caso del compositor de su banda sonora, Fernando Velázquez, o de la empresa de VFX, efectos visuales, El Ranchito, creada por Félix Bergés en 2024, con actores de renombre como Aaron Eckhart, el protagonista, o el gran Ben Kingsley en un crucial papel secundario. Normalmente en el cine de serie b no se cuenta con una sola estrella de Hollywood y aquí hay dos. Y los efectos no huyen de mostrar heridas aunque las consecuencias de las mordidas no sean desagradables, no se trata de una película gore, es cine de supervivencia envuelto en el aura del thriller acuático.

Y funciona como ambas cosas. Renny Harlin es un artesano que sigue sabiendo ofrecernos productos de calidad, aunque éstos, porque el tercer capítulo de Strangers también era, dentro de lo rutinario, bastante digno. En los años 80, En mar abierto se habría estrenado directamente en los videoclubs que tantas buenas tardes nos proporcionaban entonces, sin pasar por las salas. En los 90 tal vez no, porque Deep Blue Sea no lo hizo, pero sí podemos distinguir que pertenece a ese tipo de cintas con las que tan bien lo pasábamos. Ahora ha cambiado la mentalidad del espectador y una película de serie b es denostada e infravalorada, pero todos somos conscientes de hasta qué punto las vemos si las ponen en la televisión o en una plataforma, que también es televisión pero se gestiona de forma privada. Y sí, En mar abierto es disfrutable en cualquiera de las ventanas de exhibición en que decidamos verla.

Silvia García Jerer

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