EL RITUAL DE LILY: Un fin de semana espeluznante

Lo primero que cabe destacar de El ritual de Lily es que es todo un descubrimiento. Una película de terror, vertiente folk horror, que sigue los esquemas habituales desde su prólogo pero con un toque en absoluto tradicional que nos deja con la boca abierta.

Su prólogo nos presenta a una mujer… muy particular… a punto de hacer algo que nos va a mantener en alerta el resto del metraje. Porque los prólogos nos cuentan cosas que la historia que veremos a continuación nos va a justificar, y ya estamos, desde ese momento, deseando saber la trastienda de lo que ha ocurrido en ésta.

Sin más, vamos a ella: tres amigas se dirigen en un coche a buscar a la cuarta, que las está esperando pacientemente para subirse en él y llegar a la idílica cabaña en un bosque en la que van a pasar el fin de semana. ‘¡Un fin de semana de puta madre!’ brindan por ello las chicas tomándose chupitos de tequila. Primer ritual de la quedada, aunque no lo parezca. Van sellando, con él, su camaradería, ya que Lily (Maggie García) acaba de sumarse a un grupo tan consolidado que dos de las chicas son pareja (Eve Ryan y Elena Gallardo) y la tercera (Patricia Peñalver) es la líder de todas ellas.

Se disponen a hacer un ritual en la noche siguiente a la de su llegada, en el que Lily será el centro del mismo, y la van a ir preparando para que salga como debe. Aunque Lily no es consciente de qué piensan hacer con ella en realidad, se entrega paso a paso a cuanto le van indicando. Y una vez expuesta a la verdad, intentará escapar. Si no es demasiado tarde.

Las cuatro protagonistas de la película, con Lily (Maggie García), detrás de la conductora, al frente de todas ellas. El ritual de Lily
Las cuatro protagonistas de la película, con Lily (Maggie García), detrás de la conductora, al frente de todas ellas

El ritual de Lily supone un trabajo de dirección exquisito por parte de Manu Herrera, quien escribe el guión junto a Javier Fernández Moratalla. Juntos nos van llevando por una senda tan bella como enfermiza, y su director logra algo muy complicado de conseguir: un aura de peligrosidad latente en medio de la alegría y la luminosidad. Tal es la mezcla entre embrujo y desasosiego que nos remite, y lo digo como un halago, a Picnic en Hanging Rock (1975), de Peter Weir.

Porque sabemos que lo que estamos viendo en El ritual de Lily es, por mucha piña que aparenten tener entre ellas, también hay rendijas de maldad en sus miradas, en sus sonrisas. Sobre todo por parte de Laura (Eve Ryan), posiblemente la más angelical de las amigas pero casi más letal que las otras dos que la acompañan. Y la luminosidad que estaba dominando las veladas se torna en sensualidad en el momento del baño. Erotismo y terror son elementos muy vampíricos y algo de eso también hay en la relación con la recién llegada: ir absorbiendo su inocencia para que se rinda a sus intereses. Y todo ello filmado con una sensualidad que hacía tiempo que no veíamos en la gran pantalla.

Después de la luz llega la oscuridad, y ahí es donde entra el equipo de efectos de maquillaje a hacer un trabajo exquisito. Fátima Burgos, Pedro Raúl de Diego, Marta García del Pozo y Belén Revenga. Ellos son los responsables de un acabado visual impresionante en el que ni el ordenador ni la IA han tenido nada que ver. Efectos con prostéticos, a la antigua usanza, la que menos valora la industria, por cara, pero más agradecen los entusiastas del género. Qué bonito saber que un equipo humano ha estado detrás de ese resultado, qué bonito comprobar en la pantalla hasta qué punto cada detalle de su trabajo brilla a la oscuridad de esa noche tan tremenda.

Y el círculo que abrió el prólogo se acaba cerrando. Todo en El ritual de Lily queda aclarado. Aquello que nos preguntábamos al inicio se responde con la sencillez de un guión bien escrito, de unas imágenes que saben contar lo que no dicen las palabras. Imágenes que van a su ritmo, con su propio tempo, como si nosotros atravesáramos junto a ellas ese tiempo de asueto, de fin de semana de disfrutar sin hacer nada que transmite la película. Tranquilidad, de nuevo alegría, de nuevo luminosidad.

Qué película de terror tan especial es El ritual de Lily, que mezcla tan bien el preciosismo de la naturaleza con la mitología religiosa con la que va a fundirse. Un tiempo que parece detenido previamente para que lo irreal se cuele por las ventanas de esa casa rural tan fascinante. Y dejarnos tan fascinados a nosotros que la película permanezca en el libro de nuestra memoria.

Silvia García Jerez

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