EL FANTASMA DE MI MUJER: Enredos de ultratumba
El fantasma de mi mujer es la nueva comedia de enredo dirigida por María Ripoll (No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas) que nos lleva a un argumento de cine clásico: Fernando (Javier Rey) es un hombre tranquilo que vive con su mujer, María (Loreto Mauleón) pero que a su vez tiene una relación extramatrimonial con Julia (María Hervás), una peluquera con ansias de prosperar y de ganar mucho dinero, para lo cual desea con fervor que la llamen de un concurso televisivo que le puede proporcionar una enorme cantidad si conoce las respuestas a las preguntas que le hagan.
Un buen día, Fernando recibe la llamada de Julia para contarle que siente lo sucedido, que ha sido un accidente, pero que ha atropellado a su mujer y la ha matado, por lo que necesita ayuda para librarse del cadáver. Él, superado por lo ocurrido, accede, no le queda otro remedio, está como paralizado, así que lo esconden en un lugar que Julia, más serena, más fría, considera adecuado, y sigue con su vida. Y será entonces cuando Fernando, una vez denunciada su desaparición a la Policía, reciba una llamada de su mujer. Del Más Allá. No puede ser. Pero a partir de entonces la va a estar viendo aquí, allí, se le va a ir apareciendo, va a notar su presencia en la casa…
El fantasma de mi mujer tiene el esquema de una comedia de enredo deliciosa, de esas en las que las situaciones se van complicando para el protagonista, que está ajeno a la realidad de lo que el espectador sí conoce, para que todo lo que lo rodea sea más desternillante, una película que en manos de la Ealing, los Estudios de cine inglés de los años 60 que nos trajo joyas como Ocho sentencias de muerte (1949), habría sido una gozada. Tiene el espíritu de esas comedias clásicas del orden de Un cadáver a los postres (1976), de ¿Qué me pasa, doctor? (1972) o incluso de aquellas que filmaba Ernst Lubitch. Esa clase de comedia deliciosa. Pero tiene fallos que la alejan de ese resultado. Y mucho.
Y es que El fantasma de mi mujer no cuenta con el mejor reparto posible. Loreto Mauleón, que es una actriz descomunal, es la única que encaja bien en el papel de esposa tranquila que no entiende que esté siendo objeto de la paranoia que está sufriendo su marido, pero tanto Javier Rey como Macarena Gómez, aunque ésta última aparezca muy poquito en el metraje, desentonan, exageran demasiado su cometido. No es ese tipo de comedia en el que están sumergidos, en realidad debería ser más elegante de lo que sus interpretaciones marcan. Y María Hervás, que suele afinar mucho sus trabajos con una vis cómica admirable aquí también resulta excesiva, incluso cargante de más. Y demasiado pija para que empaticemos con su causa.
Tampoco la dirección es la adecuada. Requiere más tempo de comedia, afinar más sus gags y sus diálogos al ritmo de su historia, de estos enredos de ultratumba. Sobre el papel, en ese guión escrito a cuatro manos, entre ellas la de la directora, el texto es magnífico. Lo que cuenta es verdaderamente brillante, pero no logra plasmarlo en la pantalla de manera que encandile como lo hace su argumento. Y eso que tiene momentos espléndidos que no podemos detallar para no estropearlos antes de que se vean, pero sí podemos concretar un poco más: si aparece Loreto Mauleón en ellas no habrá pega alguna que ponerles.
Pocas risas en la sala para tratarse de una comedia de enredo, de situaciones locas que se van superponiendo unas a otras. El ritmo vertiginoso que precisan no se encuentra en su desarrollo y el timing del género, tan importante para que éste fluya y se haga presente en el patio de butacas no es el que debería. Por eso, El fantasma de mi mujer, que podría haber destacado en una cartelera en la que no encontramos muchas comedias, no cuenta con la fuerza para ser un título recomendable. Y es una pena, porque la base la tenía, pero el suflé no logra levantarse y el resultado no queda como el plato estrella que habría cabido esperar.
Silvia García Jerez

