ILUSIONES: Los vaivenes del amor

Sandra y Dani. Alberto y Margarita. Antes de entrar a ver Ilusiones son cuatro nombres más, cuatro al azar. Tal vez conozcamos a quienes se llamen así y nos sean más cercanos o simplemente supongan los de cuatro personas aleatorias que se girarán por la calle cuando se pronuncien.
Pero al comenzar Ilusiones, la obra que se representa en El Pavón Teatro Kamikaze de Madrid, Sandra, el primer personaje de esta historia que sale a la luz, ya es distinto. Dani, a continuación, toma forma y dice sus primeras palabras en un monólogo romántico que predispone para una historia única.
Y al terminar, serán nombres que no podamos olvidar. Sus historias conmueven de una manera estremecedora, y no porque sean distintas a las de otros, sino por todo lo contrario, porque son iguales, porque son reconocibles y podemos entender sus sentimientos, sus alegrías y sus frustraciones, sus momentos plenos y sus almas rotas, somos todos un poco ellos.
Porque a veces, solo cuando un texto es perfecto, cuando se junta en escena una labor de equipo en la que los actores transmiten con tanta naturalidad como verdad una realidad que puede la tuya o la de aquel, lo particular, lo íntimo, se vuelve global. No hace falta haber pasado por lo mismo para empatizar con esas parejas, las conocemos en tantos y tantos espejos que el cine, el teatro y la vida nos han mostrado, que también nosotros estamos ahí.

Los cuatro intérpretes de ILUSIONES
Los cuatro intérpretes de ILUSIONES

Ilusiones es una de las más bellas obras a las que he tenido el placer de asistir. Es un deleite como espectador. Ya desde la entrada te quedas sobrecogido con la presentación que te encuentras mientras te sientas, sin telón que valga y con los actores presentes. Como en tantas otras obras, en las que ya están allí a quince minutos del comienzo, pero de una manera mucho más impactante. Tanto, que parece que es la primera vez que te enfrentas a una presentación semejante.
Y una vez que Ilusiones despliega su contenido, la escena se convierte en un abanico de posibilidades para que los cuatro actores que nos cuentan la historia de otras cuatro personas que no son ellos, sino sus voces transmisoras, a moso de una especie de funcionarios de almas, expresen todos los matices de los sentimientos que esos nombres antes citados, y escritos en una pared según aparecen en el relato, van haciendo públicos.
La dirección de Miguel del Arco, uno de los grandes de la escena española y mundial, es más impecable que de costumbre. Resulta asombroso asistir a la representación de un texto, escrito por Ivan Viripaev y traducido por Helena Sánchez Kriukova, que no parece aprendido pero que evidentemente lo está, que no parece trabajado pero que está ensayado al milímetro, que parece improvisado pero que tiene cada detalle estudiado.
Los actores se cortan unos a otros, aportan datos, hacen acotaciones, mezclan el drama con el humor, interpretan la música y hasta los descansos para beber agua los convierten en una fiesta. Menuda maravilla.

Las historias de las dos parejas se van sucediendo
Las historias de las dos parejas se van sucediendo en la obra

Marta Etura, la primera en pronunciar el monólogo de la muerte de Dani, está prodigiosa. Y como ella, sus tres compañeros: Daniel Grao, Alejandro Jato y Verónica Ronda. Cada uno contando un fragmento de la historia en representación de quien lo vivió, cada uno aportando nosolo anécdotas sino riqueza interpretativa al espectáculo.
Y sí, Ilusiones es eso, un espectáculo. De hecho, viéndolo uno llega a la conclusión de que la palabra espectáculo se inventó para poder asociarla a una obra como esta. Porque no hay otra que la defina mejor.
La coreografía, de Manuel Barrero (el momento de la marihuana no puede estar mejor representado), la escenografía, de Eduardo Moreno, la iluminación, de Juanjo Llorens… todo es asombroso.
La vida de estos cuatro personajes fluye con la facilidad con la que lo hace el tiempo y la vemos flotar en los intérpretes, volar en los buenos momentos y hundirse en los malos. Qué díficil es eso.
Y todo para hablarnos de la complejidad de los sentimientos, de cómo nos engañamos a nosotros mismos para no admitir lo que sentimos o cómo lo que creemos que es verdad no es más que un espejismo que rebosa mentira. La vida misma representada en escena y de la manera más sobresaliente posible.

Silvia García Jerez

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