EL FUNERAL DE LOLITA. Nínfulas y otros vicios

El funeral de Lolita, de Luna Miguel (Lumen)

Doblo la página de un libro cuando encuentro algo especial en ella, algo que remueve mi interior. En El funeral de Lolita he doblado muchas páginas. La mayoría pertenecen a un capítulo dedicado al diario de Helena, la protagonista de esta historia. En ella se narra el abuso que sufrió por parte de su profesor del instituto cuando no era más que una adolescente que creía estar enamorada.

Luna Miguel es poeta, periodista y editora. Se estrena con El funeral de Lolita en la novela, donde vislumbramos retazos de su poesía, así como su vocabulario directo y soez –ese que a muchos asusta-. Narrada en dos tiempos, por un lado conocemos a la Helena de 30 años afincada en Barcelona. Su mundo se resquebraja cuando recibe la noticia de que Roberto ha muerto y los recuerdos resurgen en su cabeza, pero también en un nudo que no solo tiene en el  pelo. Por otro lado, conocemos a la Helena adolescente de Alcalá de Henares, ciudad a la que vuelve para acudir al funeral de Roberto. Es ahí donde sentimos el dolor por la pérdida de su madre y profundizamos en el idilio con su profesor y la literatura que este predica.

Portada El funeral de Lolita

Helena come mucho, se masturba mucho y bebe mucho vino blanco. Yo me sirvo una copa de verdejo mientras escribo esta reseña. Puede que tengamos algo en común. Entonces, ¿estoy más cerca de ella que el clásico de Nabokov? Probablemente, porque esta novela no es una revisión de Lolita. Es un cántico al poder de una voz femenina constantemente callada y que muchos han querido callar. La voz de la víctima, de la que ha dicho no y ha sido obviada. La voz de la que quería a Roberto, pero ya no.

Yo sólo soy tu alumna y siento haberte dado a entender que quería algo más. Desde luego que alguna vez lo quise. Pero en estas últimas semanas me he dado cuenta de que así no.

Dolores Haze no conoce a Helena, pero Helena sí que conoce a Dolores. Sabe qué es una nínfula; lo busca, lo lee, se informa. Sabe cuál es su situación con Roberto, cómo el sexo la puede alterar y el inusitado fervor que le provoca el anhelo de este. Sé que una polla lo estropea todo. Estoy segurísima. Lo he leído en el libro de Vladimir Nabokov: cuando llega el sexo, la magia se acaba. El escritor ruso comenzó un imaginario alrededor de las lolitas que perpetuó –y desvirtuó- Kubrick dando a Dolores un rol de adolescente provocativa y seductora. Ahora vemos a una lolita en unas gafas en forma de corazón, en una piruleta o en el porno cuando mujeres se visten de colegialas, de niñas. Esta imagen deformada del término es lo que muere en El funeral de Lolita.

Helena tuvo una relación que se convirtió en un trauma. Un amor que abrió la puerta a una pasión oculta por la literatura, pero que la rompió un poco por dentro. Al saber que Roberto ha muerto, tiene que decidir qué hacer con su pasado: seguir ocultándoselo a sí misma o afrontarlo. Agrandar ese enredo de malestar en el pelo o cortarlo de raíz. ¿Fue ese golpe en el corazón lo que ha derivado en sus actuales obsesiones? Indiscutiblemente, sí. Quizá Helena solo bebe para olvidar el sabor de los labios del pasado y poder pasar página.


Link al inspirador perfil de Luna Miguel en Instagram aquí.

Alba González

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