EL DÍA DE LA REVELACIÓN

Steven Spielberg vuelve a deslumbrarnos con su fe en la vida extraterrestre y su maestría para demostrárnoslo. Apoyándose en su filmografía, su última película recupera el imaginario creado y compartido desde Encuentros en la tercera fase ET, ofreciéndonos un asombroso thriller lleno de persecuciones, conspiraciones, intuiciones y reflejos, que responden a la pregunta de si estamos solos en el universo. 

Aun tratándose de la mejor ciencia ficción, El día de la revelación se basa en la realidad de un programa secreto del Pentágono sobre visitas alienígenas y encuentros con ovnis que descubrió el New York Times hace casi una década, y que Spielberg nos cuenta ahora con mucha emoción, acción y humor.
A través a un grupo de científicos y agentes gubernamentales, una novicia que ha perdido la vocación (magnífica Eve Hewson), un genio matemático que no tiene recuerdos, y una fascinante meteoróloga, Spielberg nos remiten el mítico episodio de Roswell, entre otros más desconocidos, lanzándonos cuestiones morales y filosóficas con guiños a la Biblia y a la posibilidad de la existencia de seres superiores llegados de otros planetas, que harán replantearnos nuestro lugar en mundo y cómo nos comportamos como humanidad. 

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Acompañada de la música de John Williams, que siempre eleva el relato, y un reparto donde destacan Colin Firth -más aterrador que nunca- y Emily Blunt -hipnótica en cada plano; de divertida y misteriosa, a profunda y conmovedora -, El día de la revelación resulta un juego de espejos para nuestro mundo, que busca refugio en la religión y en la verdad de lo todavía oculto.
Junto a ensoñaciones de cuento, metáforas tan poéticas como propias de la ciencia ficción -ese pájaro, cardenal rojo, cual intermediario, y las alucinantes invasiones corpóreas- y otras tantas “marca del director” -esas persecuciones de coches, con tren incluido-, Spielberg recurre a esa empatía que se nombra y recorre todo el filme para profetizar sobre un futuro de universo compartido, que llega a revelarse en las secuencias finales donde las noticias no mienten y nos hermanamos mirando a la pantalla, mostrando al Spielberg que nunca dejará de ser niño y ese cine suyo que nos llena de ternura y esperanza. 

Que si todo fuera verdad, como nos dicen: escuchen y no teman.

Mariló C. Calvo

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