EL CUCO: PESADILLA EN EL PARAÍSO
A veces, las vacaciones no resultan ser como pensábamos y eso es precisamente lo que les ocurre a Anna y a Marc en El cuco, la nueva película de Mar Targarona, responsable de Dos o El fotógrafo de Mauthausen.
Marc (Jorge Suquet) y Anna (Belén Cuesta) son una pareja a punto de tener un hijo con una vida un tanto estresada. Hasta el punto de que Marc se ocupa poco de Anna cuando vuelve a casa y está más volcado en jugar a la Play que en las necesidades de la inminente madre de su hijo. Y Anna no puede más, por lo que decide, en base a una conversación ya mantenida con él previamente, hacer un intercambio de casas con otra pareja -unos jubilados alemanes- para pasar unos días solos antes de que venga el bebé. Marc acaba accediendo a regañadientes y se reúnen con la pareja para darse llaves e instrucciones… y a disfrutar.
Nada más llegar comprueban que la casa de los ancianitos alemanes que Anna vio por Internet es exactamente igual a lo que se les ofertaba. Las vistas, la amplitud del chalet y hasta la tecnología de los electrodomésticos de última generación, todo parece indicar que la estancia será de su completo agrado. Pero, por supuesto, no será así, y nada más comenzar va a torcerse hasta alcanzar cotas de terror inimaginables.
El cuco es una variante de Home Invasion en la que la tensión funciona de maravilla. Debido a nuestro conocimiento de los códigos del género ya tenemos claros algunos puntos según se nos presentan los personajes y las situaciones, pero lo cierto es que Mar Targarona las desarrolla con bastante acierto durante buena parte del metraje. Los giros están muy bien contados y a su debido tiempo, gracias a una estructura muy apropiada respecto al relato y a un montaje de lo más ajustado. Por momentos, El cuco es una película espléndida en la que hasta sus intérpretes, los españoles y los alemanes, están correctísimos.
Pero llega el tramo final y la película descarrila. Lo que en un principio era una idea genial se tambalea debido a errores de guión un tanto incomprensibles y fácilmente esquivables con solo seguir la lógica de lo que estaba sucediendo. Pero el texto decide cambiar su rumbo hacia rutas extrañas que no aclaran, entorpecen la narración, y comienza a no tener sentido nada de lo que ocurre.
Y es una lástima porque la línea sobre la que caminaba era una vuelta de tuerca a La semilla del Diablo, con una personalidad propia tan interesante que de haberse mantenido en la lógica que apuntaban los acontecimientos habría resultado ser una de las cintas más potentes dentro del universo en el que se enclava. Llena de ritmo, suspense y giros brillantes, El cuco pierde la oportunidad de ser sobresaliente, quedando rezagada en el cupo de películas que a pesar de resultar entretenidas no llegan al nivel de su potencial correspondiente.
Silvia García Jerez