UN DON EXCEPCIONAL : normalidad ante todo

Un don excepcional, GiftedSuperdotada- en el inglés original, pone el foco sobre (Mckenna Grace), una niña que a sus escasos siete años demuestra tener una habilidad extraordinaria para resolver complejas operaciones matemáticas.
Pero semejante don, nada más ser detectado por su profesora (Jenny Slate), es objeto de controversia tanto por su colegio como por la abuela de la niña: ¿debería su tío Frank (Chris Evans), con el que vive, enviarla a un centro para niños superdotados o permitírsele que siga llevando la misma rutina de siempre para que no se rompa su infancia?

Mckenna Grace interpreta a Mary en UN DON EXCEPCIONAL

Mark Webb, director de la comedia romántica de culto (500) días juntos y de The Amazing Spiderman, y su secuela, El poder de Electro, nos propone ahora un viaje a la justicia, la jurídica que se litiga en los juzgados y la moral, la que la niña que protagoniza la película merece.
Es lógico que la cinta muestre esa parte, pero tras un inicio que podríamos calificar como apabullante, en el que nos damos cuenta de hasta qué punto la mente matemática de la pequeña Mary es prodigiosa, la lucha por su custodia y por conocer el futuro que le espera se hace más tedioso por cuanto la película cae en el tono y las formas previsibles de las cintas destinadas únicamente a ser emitidas por las pequeñas pantallas, sobre todo desde el momento en que la abuela entra en el desarrollo de la historia y comenzamos a vislumbrar lo que ocurrió en el pasado para que su tío se haya hecho cargo de su sobrina.

Un don excepcional
Roberta Taylor (Octavia Spencer), una vecina muy querida por tío y sobrina

Un don excepcional no deja de ser una película emotiva. Todo lo que en ella sucede está contado para que el espectador se derrita con una niña maravillosa y con la defensa que su tío hace de que tenga la infancia más normal posible para que ésta no se tuerza. Lo malo es que cuando la película entra de lleno en la contienda de los adultos la magia se pierde y estamos obligados a presenciar un juicio que hubiéramos agradecido mucho más resumido.
Una vez terminada Un don excepcional nos quedamos con el recuerdo de los momentos en que la estupenda Mckenna Grace llena la pantalla. Sus quejas por la sencillez de los ejercicios propuestos en clase, sus miradas pícaras a los adultos a los que adora o sus arranques de desesperación ante una situación que no quiere ni vivir ni afrontar son los que mandan en la función. Solo tiene 11 años y se echa de menos su presencia cuando su personaje no la tiene. Un hallazgo de esa magnitud es solo comparable al de Elle Fanning en el cine reciente.
Tampoco hay que olvidar a Chris Evans, muy correcto en el papel del tío de Mary, ni a Octavia Spnecer, que por fin, tras su discutible nominación al Oscar como mejor actriz secundaria por la insignificancia de su personaje en Figuras ocultas tiene aquí la relevancia de ser la vecina en la que tío y sobrina confían. Uno de esos papeles agradecidos que siempre caen bien y que se aplauden porque como espectadores no podemos darles un abrazo.
Un don excepcional podría haber sido también una película excepcional, pero se queda únicamente en modélica. Se ve con el interés de quien se pregunta cómo terminará el caso, pero que se acaba sin que deje la huella que los grandes títulos consiguen imprimir en nuestra memoria.

Silvia García Jerez

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