DIECISIETE. A veces se gana, a veces se aprende…
Daniel Sánchez Arévalo conduce en Diecisiete un relato tierno, bonito y terapéutico, a través del viaje en una autocaravana de un par de hermanos y una abuela en sus últimas por tierras de Cantabria, en busca de un perro abandonado llamado Oveja, que pastorea toda la historia.
Presentada en el reciente Festival de cine de San Sebastián, donde estuvimos charlando con el equipo de la película, puede verse desde el pasado fin de semana en algunos cines seleccionados. Y a partir de este viernes en Netflix, que de nuevo produce una cinta para la gran pantalla, acercando el cine a un público mayoritario, más allá de los propios usuarios.
… Con dignidad, la familia y otros animales
Tras La gran familia española, su anterior película, Daniel Sánchez Arévalo decidió rodar publicidad y escribir un libro (La isla de Alice) que quedó finalista del premio Planeta. Entre tanto, una idea sobre el abandono y la terapia con perros tomaba forma en Diecisiete, con paisajes de costa y campo junto otros más interiores sobre la madurez, la familia y otros animales.
Héctor (Biel Montero), un chaval independiente y algo asocial, que igual se arregla unas chanclas con celo, que te abre un candado con un anilla, hace un puente a una moto, controla deoxímetros y hasta del Código Penal, se despide de sus diecisiete entre robos, carreras, juicios y huidas. Pasando por un reformatorio o centro de menores, inicia una terapia de adiestramiento con canes que determinará su mayoría de edad.
Y al igual que una perrera es también refugio de abandonados, la relación que establece con un chucho al que bautiza Oveja, originará un viaje inesperado de libertad y fraternidad junto a su abuela, con quien se entiende con una simple palabra (tarapara), y un hermano mayor (Nacho Sánchez) que vuelve a su encuentro, huyendo de la paternidad que se le bien encimamientras practica el ser adulto con el cachorro de su hermano.

La cinta va atrapándote con este Macgyver adolescente que siempre parece estar de mal humor, transitando por algunos recorridos ya vistos en otros filmes, sin que impida su disfrute ni que surgen nuevas reflexiones. Porque si el destino no es lo importante y lo que vale es participar, en Diecisiete todo es el viaje, aunque implique dejar algo por el camino y tener que aprender a perder, para seguir avanzando -que lo de ganar, ya es otra cosa-.
El director de Azuloscurocasinegro, Gordos y Primos adiestra esas emociones que nos reconfortan con humor, muchas metáforas y alguna ironía -o tontería, que diría Hector-, dejando que pase la vida entre hermanos, canes, vacas y primos(destacando al estupendo Chani Martín, como ese familiar rico con becerra premiada, que tiene alguna de las mejores escenas del film).
Acompañándonos de una música instrumental, bien bonita, queasimismo le corresponde, Sanchez Arévalo hace camino en esa furgoneta -que ya nos gustaría tener-, practicando ese lado psicológico que le sale tan natural, llevándonos por dondequiere y como quiere hasta el final, hasta un luminoso baño en el mar -que parece que siempre renueva y cura-.

Hablamos de Diecisiete con su director y la pareja de protagonistas en el hotel María Cristina, durante el 67 SSIFF, donde al terminar tuvimos la suerte de cruzarnos con Oveja -que ha sido adoptado por Biel Montoro, traspasando la veracidad de este film que ha cambiado sus vidas-.
Mariló C. Calvo