DESPUÉS DE KIM: Conociendo a su hija

Después de Kim es la adaptación a la gran pantalla de la novela homónima de Ángeles González Sinde, publicada en mayo de 2019, que la propia Sinde escribe y dirige, en el que supone su cuarto largometraje tras las cámaras. La suerte dormida (2003), Una palabra tuya (2008), El comensal (2022) y ahora ésta componen una filmografía breve pero contundente en la que los personajes son el centro de las historias. Y la actriz Adriana Ozores, con la que ha trabajado en tres de los cuatro títulos.

En Después de Kim ella es Gloria, una mujer de mediana edad separada de su marido, Juan (Darío Grandinetti), desde hace más de veinte años. Tienen poco contacto, o más bien ninguno, de hecho viven en países distintos, Gloria en España y Juan en Buenos Aires. Tampoco tienen relación con su hija, la Kim del título, pero una llamada del Consulado español lo cambiará todo.

Gloria viaja a Buenos Aires para darle a Juan la noticia. Y es que Kim ha muerto y han de volver a España. Alguien le ha pegado dos tiros en la cocina de su casa. El principal sospechoso es su marido, que además se ha llevado al niño, el nieto que Gloria y Juan ahora descubren que tienen. Así las cosas, lejos de marcharse de Benidorm en cuanto la incineraran o enterraran, lo que decidan hacer, han de quedarse porque la Policía investiga el caso y todavía no les pueden dar ni el cuerpo ni el teléfono, que está siendo clonado como prueba.

Pero más allá de resolver el enigma de lo ocurrido en el asesinato, la antigua pareja lo que desea es encontrar a su nieto, que es lo único que ahora les queda de la que fuera su hija. Y en el proceso de ir siguiendo las pistas, irán conociendo a esa Kim a la que perdieron mucho antes de haberla perdido.

Adriana Ozores y Darío Grandinetti interpretan al matrimonio divorciado que ha de reencontrarse

Después de Kim es, como suele decirse, un relato sobre las segundas oportunidades, sobre un reencuentro que ninguno de los protagonistas pidió pero que se convierte en necesario para sobrellevar una tragedia para la que nadie está preparado. Un drama con trazas de thriller que funciona mejor, a nivel cinematográfico, cuando éste género se impone al anterior, pero se entiende que exista el primero en la mezcla porque en el fondo la historia retrata también lo que es la vida en medio de una vorágine a la que dos personas normales no tienen un acceso fácil.

Es decir, intentar investigar qué pasó con tu hija y descubrir que tienes un nieto, todo ello a una avanzada edad… Dos personas mayores que no son detectives profesionales han de infiltrarse en una vida ajena a la suya en mitad de un día a día que pasa por una depresión en un hotel en una ciudad en la que están a la espera de poder marcharse o un recalcular cómo afrontar la agenda de trabajo estando a kilómetros de donde deberían, eso es en realidad lo que correspondería a su situación. Pero todo se va a dar la vuelta para ellos y deben luchar contra sus sentimientos de culpa y sus mutuos reproches si quieren descubrir qué hay detrás de la noticia horrible que acaban de recibir.

Después de Kim tiene un problema, y es que es una historia que resulta mejor contada que vista porque la dirección no es lo que mejor luce en ella, pero su argumento sí tiene una fuerza innegable. Estaríamos ante una especie de Misterioso asesinato en Manhattan patrio. En teoría. Sin la comedia de aquella, aunque aquí haya cierta socarronería. En la práctica es una película con mejores intenciones que resultados, que a ratos es eficaz y espléndida y en otros no acaba de ser lo que pretende. Su ritmo irregular hace que la cinta se vea a trompicones, como si le costara arrancar, avanzar incluso, pero cuando lo hace lo logra con una enorme brillantez. El conjunto es estimable pero con la base con la que cuenta debería haber tenido un nivel mucho mayor.

Y parte de la base son sus actores protagonistas. La gran baza de Después de Kim es ver juntos a Adriana Ozores y a Darío Grandinetti, dos maestros de la interpretación a los que ver en la pantalla es siempre un placer. La relación entre sus personajes es áspera, como corresponde a un matrimonio separado desde hace años y felices de haberlo hecho, y los dos la trasladan con una naturalidad que parece que de verdad hubieran estado casados hace años. Es lo que tienen los grandes, que con poco consiguen hacer creíble algo que nunca fue verdad. Esos monólogos entrecortados, marca de la casa por parte de Adriana, en los que se refleja la rabia momentánea hacia lo que él hace es digna de una auténtica mujer que compartiera su vida con quien ya sabe que es un desastre y no ha cambiado nada. Y Darío le da a su Juan la determinación propia de un hombre de su edad, que combate el dolor con acción frente a una mujer que lo que habría querido es no salir de la cama del hotel nunca más. Ni qué decir que juntos se complementan de maravilla y hacen magia en la pantalla. Verlos en escena es un auténtico disfrute.

Lo que también es verdad es que a pesar de todo, como la base de la película es buena, ya lo hemos comentado, Después de Kim crece en el recuerdo, eliminando en nuestra memoria sus errores y sus momentos menos inspirados y quedando de ella con más contundencia sus aciertos y la originalidad de su planteamiento. Además de las dos espléndidas interpretaciones de quienes, no lo negaremos, son el auténtico estímulo para adentrarnos en la sala a verla y que, como esos dos ancianitos dispuestos a resolver un misterio en medio de un mundo hostil del que no sabían nada, nos colman por completo de alegría cuando salimos de ella.

Silvia García Jerez

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