CAZAFANTASMAS: MÁS ALLÁ – Nostalgia ochentera

Cazafantasmas: Más allá no es un remake ni un reboot de las películas que rodaron Bill Murray, Dan Aykroyd, Ernie Hudson y Harold Ramis en 1984 y 1989 a las órdenes de Ivan Reitman, que fueron un icono dentro de la ciencia ficción. Con toques de comedia, eso sí.

Más la primera que la segunda, la secuela no estuvo demasiado acertada y da el perfil del famoso dicho: ‘segundas partes nunca fueron buenas’. En este caso, en efecto, no lo era, pero la secuela ya formaba parte del hito y en el recuerdo funciona dentro del conjunto que creó el equipo, alimentando el mito de la gran saga que hoy consideramos.

Tras haber revisado el universo de Reitman en una versión con ‘cazafantasmas chicas’ en 2016, ahora, Jason Reitman, hijo del director de las originales, retoma la historia y la continúa, con el firme propósito no tanto de volver a darle lustre y seguir con ella, caso que recientemente ha sucedido con Jumanji, con gran acierto en su primera entrega protagonizada por Dwayne Johnson, como de hacerle un homenaje a aquellas películas con las que muchos crecimos y de las que tan buen recuerdo tenemos.

Bajo la estrecha mirada de su padre, ya que todos los días visitaba el plató para dar el visto bueno a cuanto ocurría en él, Jason nos cuenta en este Cazafantasmas: Más allá la historia de Callie (Carrie Coon), madre soltera de Phoebe (Mackenna Grace) y de Trevor (Finn Wolfhard), que llegan a un pueblo donde comienzan a descubrir su conexión con el legado que dejó su abuelo.

Tras descubrir artilugios varios con los que los auténticos cazafantasmas trabajaban, Phoebe y Trevor se dan cuenta de que en plena investigación de su funcionamiento vuelven a desatar a las fuerzas del Mal que llevaban 30 años contenidas. Es el momento de demostrar que por sus venas corre la sangre intrépida de su abuelo y se ponen manos a la obra para ser ellos quienes ahora detengan lo que se les viene encima.

Los nietos del Dr. Spengler llevan ahora las riendas en Cazafantasmas: Más alla
Los nietos del Dr. Spengler llevan ahora las riendas

Cazafantasmas: Más allá supone un emotivo homenaje a lo que comenzó en Los Cazafantasmas, título real de la película que dio inicio a todo. El argumento es una mera excusa para volver a aquel universo lleno de efectos especiales ochenteros, nada sofisticados para lo que se supone que debería ofrecer Hollywood, pero con la inocencia que tenían esos rayos tan característicos de la saga.

Se trata de una película hecha para sus fans, tanto para los que crecieron con las primeras como para los nuevos que se han sumado con su inclusión en el catálogo de Netflix, además de quienes, aunque no nacieran para verlas en cines, sí las disfrutaran en los canales que las emitieran.

Porque esta nueva entrega está pensada como vehículo nostálgico, y como tal va a vivirse en los cines. Esa es su fuerza y de la nostalgia va a valerse para poner una sonrisa en la cara de todos los espectadores.

Aunque también es cierto que la historia de los nietos del Doctor Egon Spengler, a quien dio vida Harold Ramis, junto a su profesor, el curioso y entregado a la causa señor Grooberson (Paul Rudd) también funciona muy bien. Está llena de acción y sus personajes están escritos con encanto, por lo que el público se sentirá muy cómodo con ellos.

Cuando uno termina de ver la película, de la que avisamos hay escena postcréditos, se da cuenta de por qué Ivan Reitman quería estar diariamente en el rodaje, supervisando todas las facetas de las que debía encargarse su hijo, el auténtico director aquí. Hay que reconocer que buena parte del resultado de Cazafantasmas: Más allá se le debe al padre original de la criatura, y que si no fuera por él, este homenaje nostálgico no podría hacerse producido.

Eso sí, que nadie espere otra cosa de la película. Más allá de tratarse de un vehículo nostálgico hay poco rescatable como cine de primera categoría. Mero espectáculo de aventuras con el sabor de los 80 impregnado en su atmósfera y una historia a la que si le quitamos la capa de homenaje nos lleva a un lugar ya varias veces habitado sin nada nuevo que ofrecer. Por lo tanto, más que con su resultado, quedémonos con su intención: emocionarnos a base de un regreso al pasado que en este presente está tan de moda.

Silvia García Jerez

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