LAS AVENTURAS DEL DOCTOR DOLITTLE

Las aventuras del doctor Dolittle es la nueva película protagonizada por Robert Downey Jr. desde que dejó la marca Marvel y a su personaje de Iron Man por motivos inherentes al desarrollo de los acontecimientos de la saga Vengadores. Hay que salir de ahí y empezar a hacer cosas diferentes, y la primera prueba de fuego de Robert es este film familiar con el que pretende seguir teniendo el éxito que la taquilla le está dando en los últimos años.

Lo malo es que, desde que en 2014 apareciera en El juez, que nada tenía que ver con Marvel, su rostro está ligado a una saga extremadamente friki que funcionaba muy bien gracias a él pero también gracias a la marca y al conjunto de personajes que bajo ella habitan. Y con este Doctor Dolittle se enfrenta él solo a un personaje mítico pero alejado del fenómeno fan al que está acostumbrado.

En este caso lo acompañan animales que hablan. O, para ser más exactos, animales a los que él entiende, porque no hablan nuestro idioma, pero el doctor Dolittle tiene la facultad de entenderlos, y nosotros también, por extensión, ya que hablan en inglés, en su versión original.

Y estos animales van a ser fundamentales en la historia que nos ocupa, porque ya en la introducción la narradora, la mismísima Emma Thompson, nos va a contar por qué el Doctor Dolittle es un hombre que ha decidido vivir encerrado y no salir de su mansión, a la que, pasada la parte de animación en la que se nos explica este prolegómeno, llega Stubbins (Harry Colliet) a intentar que el doctor cure a la ardilla a la que ha herido sin querer en una jornada de caza en la que no quería participar.

Stubbins se queda fascinado con lo que encuentra en el interior de la mansión y decide que no quiere salir de allí. Es decir, que va a hacer lo imposible por ser el aprendiz del doctor y por intentar entender, él también, a los animales que viven con el médico.

Y ambos se embarcarán en una aventura espectacular cuando Dolittle reciba el encargo de curar a la Reina Victoria (Jessie Buckley), que está gravemente enferma de algo que no saben qué es pero de lo que no despierta y por lo que tal vez no lo haga nunca. El doctor descubre que ha tomado algo que no debía y que la única cura para eso está en una isla remota y mágica a la que solo se puede llegar si accedes a las instrucciones que guarda en su reino el Rey Rassouli (Antonio Banderas)

Nada puede detener a Dolittle y a Stubbins de realizar ese viaje porque si la Reina se muere las consecuencias serán desastrosas, por lo tanto entre todos los animales y con la ayuda de Stubbins, Dolittle saldrá de su encierro y nos llevará a vivir sus aventuras.

El doctor Dolittle, Stubbins y los animales embarcados en pleno viaje

Las aventuras del doctor Dolittle es eso, un film de aventuras para que toda la familia se divierta en el cine. Lo malo es que a lo mejor no lo consigue. En Estados Unidos ha sido un rotundo fracaso, ya que la producción ha costado 175 millones de dólares y en su primer fin de semana solo ha recaudado 25.

Y lo cierto es que es una película fallida. Podría estar muy bien, porque tiene todos los elementos para lograrlo, pero no lo consigue. La dirección de Stephen Gaghan, guionista de Traffic, por la que ganó el Oscar al mejor guión adaptado, y responsable también del de Syriana, por la que fue nominado al Oscar al mejor guion original, y que además dirigió, es un tanto errática.

Stephen no es un director demasiado brillante y lo demuestra rodando escenas que en sí mismas no tienen tacha formal, pero que resultan ser inanes en su conjunto. Es decir, todo cuanto vemos nos parece correcto pero no nos llega a emocionar. No nos reímos, no vibramos, simplemente asistimos a lo que está pasando en la pantalla como un conjunto de imágenes con caras y voces conocidas. Es una gozada escuchar a Emma Thompson , pero es una lástima pensar que está haciendo un trabajo tan brillante para que no pase a la historia como tal, como sí lo hace el de Tom Hanks al frente de su Woody en Toy Story, y todo porque Las aventura del doctor Dolittle no acaba de funcionar.

Buenos y malos, héroes y villanos, están ahí como un mero trámite. Antonio Banderas hace lo que puede con un personaje extraño que no tiene entidad para imponer la tensión que exige su fragmento, pero en la que se nota que el intérprete malagueño solo sigue las mismas directrices que hacen del trabajo de los malvados personajes de Michael Sheen y Jim Broadbent dos villanos sin empatía con el público.

Es una pena que Las aventuras del doctor Dolittle sea una película tan fallida. Hubiera sido estupendo encontrarse con un Bad boys for life, tercera entrega de Dos policías rebeldes como estas aventuras son la tercera versión de la historia del doctor creado por Hugh Lofting, que Hollywood ya rodó en 1969 con Rex Harrison y luego en 1998 con Eddie Muphy. Y podría haber funcionado como lo hace el nuevo Bad boys, pero no es el caso. Ahora solo tenemos una película en la que todo pretende ser mejor de lo que es y en la que el resultado no quedará guardado en la memoria. Al menos no para bien.

Silvia García Jerez

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