COLOSSAL : la chica y el monstruo

COLOSSAL Y SU FANTÁSTICA PROPUESTA
Colossal es el resultado de unificar a uno de los guionistas y directores más creativos del cine, Nacho Vigalondo, con Anne Hathaway, una actriz muy conocida, ganadora de un Oscar que, cansada de que no le ofrecieran proyectos satisfactorios, le pidió expresamente a su agente que le buscara alguno que se saliera de la norma. Y vaya si lo encontró.
Colossal cuenta la historia de una chica que, habiendo tocado fondo en su vida neoyorkina, se marcha a reflexionar a su pueblo natal, una modesta localidad norteamericana sin identificar en la que descubre que tiene una conexión con un monstruo que está aterrorizando a la población de Corea del Sur.
Si la ciencia ficción tuviera cabida en los palmarés de los premios de las Academias en lugar de tratarse de un género casi despreciado por ellas, hasta el punto de que solo son tomados en serio en las categorías técnicas de sonido y efectos visuales, la candidatura al mejor guion original la tendría asegurada.

Colossal
El de Gloria (Anne Hathaway) es uno de los mejores personajes femeninos del cine fantástico reciente

NACHO VIGALONDO Y EL CAMINO HACIA COLOSSAL
Quien haya seguido la carrera de Nacho Vigalondo sabe que no la ha forjado a base de rutina cinematográfica. El cortometraje fue para él, como para muchos, la cuna donde curtirse y con su tercer título, 7:35 de la mañana, logró la misma fama que Álex de la Iglesia con su Mirindas asesinas. Un musical tan peculiar y llamativo no podía sino señalar el camino de su gran futuro, nominación al Oscar incluida.
Su salto al largometraje lo dio con una película que hoy sigue siendo un hito: Los cronocrímenes, allá por el año 2007, a la que siguió la poco convencional Extraterrestre, que decepcionó a más de uno por titularse de ese modo y no mostrar un solo ser de la nave espacial sino las consecuencias que la invasión tiene para un chico que acaba de ligarse a la mujer de sus sueños.
Open Windows vino después, una película tan fascinante como fallida que era el equivalente a ese penalti que no acaba en gol pero que hay que ser muy valiente para tirar. Vigalondo era el único que podía plantear y llevar a cabo una locura como la protagonizada por Elijah Wood y salir de ella con orgullo. La secuencia de la persecución era una contundente demostración de que Nacho no tenía límites a la hora de plantear ideas imposibles y llevarlas a la pantalla con la naturalidad con la que se graba el vídeo casero de un cumpleaños.
Con tales ejemplos de cine arriesgado, el siguiente proyecto del director no podía bajar el listón alcanzado. Y no lo hace. De hecho, con Colossal puede que lo haya subido. O al menos igualado con su obra magna, la ya citada Los cronocrímenes.

Colossal
La cabeza de Gloria (Anne Hathaway), el leit motiv de COLOSSAL

COLOSSAL Y SU GENIALIDAD
Una mujer y un monstruo conectados desde puntos opuestos del planeta. El planteamiento es tan brillante que había que convertirlo en imágenes. Claro, que a esa base hay que añadirle subtramas que compongan una película. A la protagonista hay que sumarle personajes que vayan dándole cuerpo a la historia. Un novio cansado, un amigo de la infancia que le ofrece trabajo, un socio con lado oscuro… y un escenario del que el drama parta. Todo bien mezclado para que el nudo y el desenlace mantengan el nivel de la premisa.
Es en el camino al desenlace, sobre todo en una desconcertante escena en el bar, el mismo que recuerda en importancia narrativa al Winchester de la fabulosa Zombies party (Shaun of the dead, de Edgar Wright), en el que el film pierde el equilibrio, pero cuando parece que va a tomar el mismo camino que Open Windows, Colossal retoma la recta por la que corría y culmina con un final que hace olvidar cualquier bajón previo.
Se trata de la única pega que se le puede poner a una película que no solo se aplaude por su originalidad y valentía sino que se disfruta y se recuerda posteriormente con la admiración que merece. Como ese tic nervioso de Gloria (Anne Hathaway) de tocarse un punto de su cabeza, un acierto tal que además de constituir la imagen del cartel promocional en España se ha convertido en un gesto imprescindible para completar el imaginario del cine de género del año.
Y que la cinta vaya girando, casi de manera imperceptible, pero evidente, de la comedia al terror, envolviéndola en la tensión de situaciones que parecen controlables pero sin saber demasiado bien cómo, está solo al alcance de directores que saben muy bien lo que hacen y tienen claro cómo alcanzar semejante atmósfera.
No, Colossal no es una película convencional. Y precisamente por eso hay que alegrarse de que llegue, por fin, a nuestras carteleras. No le ha resultado fácil conseguir distribución en España. Parece mentira que propuestas que conjugan, como ésta, la originalidad y la elegancia, no tengan demasiada cabida entre producciones más convencionales. Pero Colossal siempre podrá presumir de responder a las innumerables peticiones de ese cine fascinante que solicitan quienes dicen estar hartos de lo mismo, quienes afirman querer ver algo distinto y que además sea bueno.

Silvia García Jerez

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