UN EFECTO ÓPTICO

Deleite de visión. Cavestany visión.

Lo que presenta Juan Cavestany suele ir acompañado de calificativos como raro, inclasificable, distinto y hasta experimental. Gente en sitios Esa sensación son muestras inequívocas, pero también cuando en sus colaboraciones y autorías teatrales, o igualmente televisivas, siempre queda algo del costumbrismo, surrealismo y cierta melancolía que son marca de la casa. 

La cavestaniada que ahora estrena, gracias a Filmin, es la más compleja; está muy medida y más pensada que nunca, aunque en apariencia sea un bucle sin fin en el que podemos perdernos, como casi le ocurre a sus protagonistas en ese viaje de Burgos a Nueva York, donde nada es lo que parece aún siendo como en las películas.

¡Y qué majos! ¡Y qué buenos Pepón Nieto y Carmen Machi! Qué bien están Carmen Machi y Pepón Nieto… Absolutamente inolvidables en Cavestany-visión.

Un efecto óptico se equipara al cine de Spike Jonze, Charles Kaufman y David Lynch, sin embargo Cavestany es tan único que resulta incomparable desde cualquier punto de vista. 

Planteada cual día de la marmota, según el dice y ella dice, el entrañable matrimonio va de turistas como ahora hace todo el mundo; van de compras, de museos, y de vuelve al hotel miran al techo de la habitación tumbados en la cama, o se cruzan con otros huéspedes (eso sí, una y otra vez, y desde distintos ángulos).

Y todo pasa mientras echan de menos a su hija. 

Situaciones insólitas, absurdas, oníricas, divertidas y hasta angustiosas. Y de repente, foto fija, ¡y qué bonitos planos! Pues Un efecto óptico es, además, una gozosa inmersión en el Arte, el urbanismo y hasta en el turismo. 

Un efecto óptico rinde homenaje a New York. Y al cine también. Y claro, algo de W. Allen tiene. E incluso algo de Joker hay.

Y de las cafeterías de Hopper, y de las torres gemelas. Y de los edificios formando el skyline de allí, o el de Burgos con su catedral. 

Y cuando todo parece repetirse, siempre hay un guiño de más, o de menos. Y una música flipante. 

Asombro, ironía y hasta ternura. 

Claro que el desconcierto podría acomodarse y el despiste ya ni resultar extraño, pero para cuando parece rozarlo, la película se pregunta a sí misma y la realidad, como de retorno, cobra otro sentido. Y todo termina siendo de un existencialismo muy reconfortante. 

Mientras un televisor siempre presente, encendido, o apagado, atrapándonos en Un efecto ópticoque pudiendo ser raro y distinto, se clasifica como deleite. Todo es un deleite.  

Hablamos con el artífice del artefacto para contarnos lo que nos quiera contar, sin explicaciones de más. Un efecto óptico ni lo necesita… 

Machi, Nieto y Cavestany
Machi, Nieto y Cavestany

P: Todo ocurre con un televisor y por un túnel. Visto así y desde el comienzo de los créditos, todo tiene sentido, aunque luego nos lleves a un bucle que atraviesa la pantalla y hasta cuestiona al espectador lo que está viendo… Por todo esto te clasifican de experimental, ¿te reconoces en esa definición? 

CAVESTANY: No del todo. Pero si hablamos de “lo experimental”, claro que hay mucho de eso en la construcción de los relatos, tanto de Gente en sitios como de Un efecto óptico. En ésta última, no sólo sobre el relato, sino que en general hay mucho de indagación o juego con las posibilidades de lo expresivo, más en un nivel visual. 

P: Con Un efecto óptico te comparan a Spike Jonze y Kaufman. ¿Qué opinas de ellos

CAVESTANY: Las comparaciones siempre tienen algo de odioso. Yo sólo te puedo decir que me gustan y les sigo y puede que me identifique en la parte de neurótico.

P: ¿Tuviste claro esta ficción desde ella cuenta/ él cuenta en un día de la marmota, o se fue construyendo mientras escribías? ¿O quizás ya en el montaje 

CAVESTANY:Todo se va construyendo al escribir, antes de eso no hay nada. O a lo mejor todo y lo que se hace es ir quitando. El guión dio bastantes vueltas, su estructura final ocurre en una parte ya muy avanzada del guión. Se rueda todo lo escrito y estrictamente eso (no hay tiempo para más). Y luego en montaje se encuentran las soluciones finales que en la escritura no estaban claras o eran mejorables. 

P: Cuentas con Raúl de Torres, habitual en tus montajes. ¿Hubo muchos? Creo que es fundamental en esta película…  

CAVESTANY: ¿Muchos Raúles o muchos montajes? Raúl de Torres sólo hay uno y es mi amigo, y montador infatigable, con el que sufro y disfruto compartiendo jornadas de montaje largas y muy productivas. Lo que más nos costó es rematar bien la película, el final. Sobre papel era muy abrupto, el guión leído cerraba bien, pero como película no tanto, y costó encontrar una graduación adecuada para todo lo que se había planteado.

P: Conseguiste rodar en El Prado y en NY. Cuéntame cómo fue… 

CAVESTANY: En El Prado rodamos después de la hora de cierre, lo tienen muy bien organizado y con su colaboración, por supuesto, rodamos todo lo que estaba planteado y un poco más. 

En Nueva York fuimos de turistas el director de foto, Javier Bermejo, y yo. Sólo a rodar puntos de vista, transiciones y otros recursos para tratar digitalmente.

P: La película es un viaje de Burgos a Nueva York¿Por qué estos lugares ?

CAVESTANY: La película está casi íntegramente rodada en Madrid, y no quería que los protagonistas/turistas fueran de Madrid. Sería mucho pedir que un madrileño no se diera cuenta que está caminando por Madrid. Tampoco es que los de Burgos sean ignorantes. Es más bien que interesaba una tercera ciudad para completar el triángulo. Una ciudad desde la que, por cierto, no se vuela directamente a Nueva York como hacen estos turistas. Elegí Burgos porque en un momento dado me hizo gracia el nombre de esa ciudad. “Burgo” es el sufijo o vocablo a secas, para referirse a ciudad, y muchas ciudades tienen “burgo” en su nombre, pero Burgos no, es simplemente Burgos. Junto a eso, es una de las ciudades más o menos invisibles de España, ni siquiera es Teruel, que ya sabemos que no existe pero al menos lo sabemos. 

P: La película es tambiéun homenaje al arte; a la pintura, el cine, la fotografía Con esos planos de edificios que parecen un tratado de urbanismo y arquitectura, junto a otros manipulados, como el del cielo estrellado aún en noche iluminada de ciudad… ¡Y esas secuencias en silencio, Hopper y Allen! ¡Y Las Meninas vacías! ¡Y el guiño atemporal de las Torres Gemelas! 

¿De dónde sale todo eso?

CAVESTANY: Gracias por haberte fijado en todo eso, porque es de las cosas que más me ha gustado hacer en la película. Desde el principio quería que la película tuviera mucha música (de Nick Powell) y que hubiera mucha profusión de elementos y referencias urbanas, de todos los nombres que mencionas y también de fotógrafos como William Klein o Philip Lorca-DiCorcia.

Se trataba de construir una amalgama de referencias de ciudades, lo cual creo haber conseguido, por supuesto, en una escala muy modesta.

P: Un efecto óptico pudimos verla el año pasado de festivales, ya metidos en pandemiamientras presentaste Madrid, interioruna reflexión documental sobre el confinamiento 

¿Cuándo escribes la película, cuándo la grabas?

CAVESTANY: El primer guión es de 2015, y atraviesa muchas transformaciones mientras hago otras cosas. La película se rodó en noviembre de 2019, cuando la pandemia ya había empezado, pero nadie lo sabíamos. El confinamiento de marzo de 2020 interrumpió el montaje, entonces fue cuando hice “Madrid Int.”. Después retomé el montaje para llegar al Festival de San Sebastián en Septiembre.

P: Producida entre amigos, como casi siempre. ¿No se te ocurrió añadir a Movistar, tras haber hecho Vergüenza, o era demasiado “raro este efecto”?

CAVESTANY: Ahora es el estreno, antes sólo estuvo en dos festivales. Y ha sido co producida por mí, Alicia Yubero, Álvaro Fernández Armero y Javier Gutiérrez. No convencimos a nadie de entrar en la película. Cosas que pueden pasar. Afortunadamente Filmin creyó en ella cuando la vieron.

Pues gracias, Filmin. 

Y a ti, Cavestany, por tu nuevo film con sus múltiples efectos. 

Mariló C. Calvo

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