TRES ADIOSES: Renacer en las despedidas

La directora catalana Isabel Coixet estrena película de nuevo, una joya titulada Tres adioses. Después de Un amor (2023), fidedigna adaptación de la celebrada novela de Sara Mesa, se fija ahora en otra, en este caso un relato de la escritora italiana, fallecida en 2023, Michela Murgia: Tres cuencos.

Los cuencos a los que Michela Murgia se refería son los que Marta (Alba Rohrwacher) y Antonio (Elio Germano) compran al comienzo del film, tres cuencos, progresivamente más pequeños para que quepan en el grande, cuando la pareja aún sigue siéndolo. Pero poco después de hacerse con ellos, esa misma noche, discuten. Una discusión intrascendente, aparentemente una más dentro de la convivencia, que en realidad va a poner el punto y final a su relación. Antonio no aguanta más y se marcha, dejando a Marta sumida en una tristeza de la que parece no saber salir.

Su vida se paraliza de tal modo que incluso deja de comer, algo curioso porque Antonio es chef y precisamente él se refugia entre sus fogones. Lo malo es cuando Marta descubre que esa falta de apetito no viene únicamente del desamor, sino que está relacionada con un gravísimo problema de salud. Será entonces cuando más se aferre a la vida y cuando no tenga miedo de experimentar el amor, aunque no sea con quien le rompió el corazón.

Francesco Carril y Alba Rohrwacher en Tres adioses de Isabel Coixet
Francesco Carril y Alba Rohrwacher

Tres adioses cuenta tres historias dentro de la vida de Marta que involucran a dos hombres reales, su antigua pareja, Antonio y un compañero de trabajo, un profesor con el que coincide en los descansos (Francesco Carril), con el que congenia y llega a ver su día a día de otra manera, y uno ficticio, un famoso coreano en silueta de cartón con el que pasa las horas hablando en esa casa que al dejarla Antonio se le cae encima.

Y las tres historias van uniéndose de una forma bellísima, dándole al conjunto una entidad única que convierte a Tres adioses en una de las mejores películas de su directora.

Siempre se ha dicho que tan importante a la hora de narrar es el qué como el cómo. Pero muchas veces cobra más fuerza el cómo porque el qué puede ser, normalmente es, algo que ya hemos visto muchas veces, y que nos lo cuenten de otra manera supone un enorme aliciente para admirar el resultado. Amor y desamor han estado proyectados en la pantalla desde que el cine es cine, así que si el guionista tiene buenas ideas y el director, siendo o no el mismo que quien las tuvo, las sabe traducir en imágenes, los espectadores estamos de enhorabuena. Isabel Coixet, generalmente certera en lo que a lenguaje cinematográfico se refiere, nos une tres historias con la delicadeza necesaria para que a pesar de que estemos ante un enorme drama, nuestros corazones se emocionen con la vida que nos transmiten esos personajes desolados.

La ilusión en sus ojos, que confronta con la pena interior de saberse perdidos, la seguridad que la protagonista va encontrando a medida que la soledad la lleva a conocerse primero y a quererse después. la nostalgia que emana de ese pasado que los tres cuencos simbolizan. Todo ese conjunto de sentimientos Isabel Coixet nos los provoca con la maestría de quien no quiere ser sensiblero pero consigue enternecernos gracias a una dirección contenida e impecable, a unos actores en estado de gracia y a unos recursos estilísticos que nos llevan a los recuerdos de un tiempo mejor para esa pareja que ya no lo es.

Pasado y presente se dan la mano en una película que habla de futuro, de qué será de sus protagonistas cuando asuman lo que les espera. Es, en efecto, un Mi vida sin mí, uno de los primeros grandes éxitos de Isabel, pero contada de otra manera, porque en esta ocasión es un poco ‘la vida sin nosotros’ porque la realidad nos obliga a dejar de ser quienes somos para convertirnos en otra cosa, en algo que sólo cada uno puede descubrir cuando el momento llegue.

Tres adioses en realidad son tres comienzos. Son descubrimientos personales. Son renaceres en las despedidas. Es una película llena de vitalidad, de mor hacia lo nuevo, hacia lo que viene. Es una oda al darse cuenta de lo que estaba mal para disfrutar lo que se ha corregido. Por eso la película es tan bonita, por eso acaba siendo una preciosidad de la que sales encantado.

Después de la decepcionante Un amor -la novela ya lo era-, Isabel Coixet regresa por todo lo alto, rodando en Roma, en italiano, idioma original de la autora de Tres cuencos, y con una película que la vuelve a situar en la cúspide del cine de autor en la que siempre se ha movido. Tres adioses ya es uno de sus mejores trabajos y como tal quedará en su filmografía y en la Historia del cine.

Silvia García Jerez

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