THE PROGRAM

ARMSTRONG, BUENO Y MÁRTIR 

 

Campeón, lo que se dice campeón, no es.
Sólo Indurain conserva ese título sobre una bicicleta y mantiene intactas sus cinco victorias del Tour, mientras a Lance Armstrong le desposeyeron de sus siete maillots amarillos, aunque aún los conserve en su casa, enmarcados y en exposición permanente.

Sus triunfos en el ciclismo fueron más un pacto con el diablo y sus negocios con la sangre, una mala carrera; esas llegadas a meta desafiando los límites del esfuerzo humano, nunca fueron logros realmente ganados. El ciclista que se convirtió en santo y héroe, además de mártir del cáncer, fue también un gran embustero y un soberbio dopado. La mayoría conocemos la historia…

Armstrong fue el primer americano en ganar el Tour de France, convirtiéndose en todo un mito a los pedales. Pero hay quienes siendo hombres, quieren ser dioses y cual mediocres líderes, olvida que todo supermán tiene su criptonita Y de repente, el EPO -siglas de una sustancia poco conocida que ayuda a filtrar el riñón-, pasa de la discreción de los enfermos que salva a la fama como milagro del dopaje, a la sombra del corredor, llenando titulares -y sólo con tres letras-.

De su ambiciosa vanidad, de los viales ocultos en las latas de refrescos vacías y del esfuerzo en cada pedalada hasta los Campos Elíseos, trata el nuevo film de Stephen Frears, The Program. El método con el que el doctor Ferrari –y no es broma el apellido- transformaba al equipo de Armstrong en súper deportistas, mutando su humanidad en todos los sentidos.

El director británico que nos ha dejado películas tales como Las amistades peligrosas, Alta Fidelidad, Los  timadores, Mi hermosa lavandería y The Queen, maneja en ésta de nuevo el biopic, acumulando noticias y datos de manera cronológica, seguiendo al periodista que se percató del engaño hasta que estalló la verdad; luego llegó Oprha y convirtió su confesión en directo en un show must go on.

Con unas escenas iniciales prometedoras, casi sintiendo la velocidad del ciclista en soledad, fuera del circuito y con Leonard Cohen cantando Everybody Knows, The Program pincha durante el recorrido y le falta un chute de verdad. Ni triunfa la trama periodística ni convence como película de deporte y si se trata de una biografía, la psicología del personaje retratado se cae por el camino.

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Ben Foster dibuja una interpretación del farsante-campeón en su justa medida y con un parecido razonable, mientras ciertos personajes resultan algo caricaturescos y panfletarios, como el mismo médico y el compañero puritano del equipo.

La cinta pierde ritmo en un pelotón de información ya vista en numerosos programas y telediarios, resultando un film algo complaciente y desequilibrado, que termina abruptamente cuando más podría interesar. Alternando ficción con archivo televisivo, nos quedamos con las ganas de seguir descubriendo al tejano subido a su bici que se vanagloriaba de no doparse cuando las pruebas no mentían y realmente los controles eran negativos; todavía convencido de que sí se debía hacer, cuando la estafa ya era doble y el intercambio de bolsas de sangre en su caravana, irreal.

Visto lo visto, nunca llegaremos a creer en el famoso mentiroso compulsivo, aún sabiendo de la autenticidad de su arrogante personalidad como enfermo, compañero, amigo y amante -y en todo un fraude-; como tampoco conoceremos nunca la verdad del doping en cualquier deporte.

imageThe program esta basada en el informe oficial de la Agencia Antidrogas estadounidense que inhabilitó a Amrstong de por vida, pero fue en La Mentira de Lance Armstrong, cuando el ciclista admitió hacerlo; ese tremendo documental de Alex Gybney que ni se menciona en The Program, El ídolo –título doblado de El programa, no confundir con la reciente Idol, también comentada en LaCronosfera-  

Frears tiene oficio pero su última película parece un buen tele-film basado en hechos reales, de esos con ídolo bueno y mártir, como Armstrong que destrozó el ciclismo mientras ayudaba a la investigación contra cáncer…

Y se forraba con las pulseritas.

Curiosité Cinematé: Foster probó la sustancia para el personaje y funcionó. También llamó a Armstrong. Muy del método, muy The Program… Pero el ciclista de brazo fuerte y el triunfo en la sangre, no devolvió la llamada.

El verdadero súper-hombre es aquel que es honesto con uno mismo y sincero con los demás. 

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Mariló C. Calvo

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