PRIMATE: Un chimpancé rebosante de Rabia
Tras su exitoso pase por el festival de Sitges, llega a las salas españolas Primate, una historia muy sencilla en la que un chimpancé, que es la mascota familiar en una lujosa casa con piscina en lo alto de una montaña, contrae la Rabia y se vuelve no sólo agresivo, incluso un asesino. Y no conoce a nadie, nadie se puede salvar. Ya no es el Ben al que tanto querían, ahora hay que atrincherarse para que no te vea, para que no llegues a ser su siguiente víctima.
Un relato muy básico para un nuevo tipo de asesino en serie: un mono transformado por una sangre contagiada que no es la suya. Pero el año pasado ya vimos a un mono asesino que dio lugar a una película más atractiva, más divertida y mejor hecha. Era The Monkey, la producía James Wan y la dirigía Oswood Perkins, basada en un libro de Stephen King. Con unos responsables de ese calibre es complicado tener un proyecto más brillante por mucho que aquel mono no fuera un animal real sino un muñeco que cobraba vida en los momentos en los que cometía sus atroces crímenes.
Primate cuenta con un guión de Ernest Riera y Johannes Roberts, quien también está a cargo de la dirección. Juntos hicieron en las mismas lides El otro lado de la puerta o la secuela de A 47 metros, la de los tiburones a dicha profundidad, con el subtítulo añadido de El terror emerge para distinguirla de la primera y se vuelven a unir para ofrecernos este nuevo proyecto de terror para adolescentes amantes de las sensaciones fuertes.
Los monos, los chimpancés, sabido es, tienen una habilidad especial para aprender y comunicarse en lengua de signos. La de cada país. Es algo que estudian tanto la ciencia como los lingüistas. Y en Primate es la base para construir un relato sobre una familia acomodada en la que el padre es escritor (Troy Kotsur, el actor sordo que ganó el Oscar por CODA), y en cuya casa ha habido un trabajo previo de estudio de estos animales desarrollando esa capacidad comunicativa. Por eso es también que tienen un chimpancé como mascota. Todo el sentido del mundo en el contexto que la película plantea.
Adam, el padre, tiene una presentación de libros con firma posterior y ha de marcharse de casa en la tarde en la que suceden los acontecimientos. Así, Luci (Johnny Sequoyah) se quedará sola con sus amigas y lo que parecía que sería una tarde más en la piscina va a transformarse en una lucha por la supervivencia sin poder salir del agua. Porque los monos le tienen miedo a mojarse. Pero Ben ya no es el mono que era, así que incluso quedándose de remojo no estarán seguras con él a su alrededor.
Primate es una buena idea. Dentro del tipo de películas de género que solemos ver tiene un punto de partida estupendo. Un animal que cambia y mata. No es novedoso pero sí algo jugoso, y si se hace bien puede salir una película muy recomendable. Pero los autores se decantan por la vía fácil, esa que no aporta nada a lo ya visto en otras y se convierte en una sucesión de asesinatos de chicos jóvenes de tal manera que lo único que parece interesarles a los responsables es mostrarnos la atroz manera de morir que le toque al personaje. Y eso es ya más de lo mismo.
Tanto es así que la película llega a hacerse agotadora. Para seguir la misma senda que otras hay que ver lo que tarda el mono en actuar. Y lo poco que el film explora el gore que exhibe. Es tan convencional que no encuentra escapatoria de la serie B que no parecía que fuera a ser. Prometía más locura de la que hay, más diversión y más vanguardismo, pero se queda en un producto más dentro de la media, de esos que tienen más intenciones que resultados.
Silvia García Jerez

