PASSENGERS: amor en el espacio

Passengers cuenta la historia de Jim Preston (Chris Pratt), uno de los miles de pasajeros que transporta una nave espacial desde la Tierra hacia una lejana colonia, una de tantas a las que el hombre se ha visto obligado a colonizar en un futuro no muy lejano. Con una previsión de 120 años de viaje, todos los ocupantes de la nave han sido criogenizados, pero un fallo en el sistema provoca que Jim se despierte 90 años antes de la llegada. Al ser consciente de esto, Jim cae en la cuenta de que no quiere pasar el resto de su vida solo y toma una drástica decisión que afectará a la vida de Aurora Lane (Jennifer Lawrence).

 

Passengers
Jim (Chris Pratt) y Aurora (Jennifer Lawrence), protagonistas de PASSENGERS

 

                                                           JENNIFER LAWRENCE Y CHRIS PRATT

Passengers es, a priori, un ejercicio cinematográfico al que acercarse con curiosidad. Porque se trata de una película de ciencia ficción, pero la historia que esboza su argumento no da demasiadas pistas acerca del nivel del género al que la cinta se va a acercar una vez haya comenzado.
Dos estrellas del Hollywood contemporáneo, Jennifer Lawrence y Chris Pratt ya son suficiente reclamo para que el interés aumente y los detalles al respecto de cómo acabe resultando ser la película tenga menos peso que el hecho de que esos dos actores la protagonicen.
Pero no nos engañemos, porque todos queremos que el rato que se pasa en el cine sea épico, ver la mejor película del año cada fin de semana y salir extasiados una vez tras otra, porque para eso hemos entrado en la sala. Y Passengers tiene todos los ingredientes para acabar siendo un verdadero espectáculo.

Passengers
Los protagonistas caminan por la nave espacial

 

                                                                            ALTAS EXPECTATIVAS

Siempre se ha dicho, aunque no con el hincapié debido, que una película es un producto que se hace entre mucha gente. No solo se ciñe a la labor de los actores, aunque sean ellos, en la mayoría de las ocasiones, quienes se encargan de venderlas. Pero a su lado se encuentra todo un equipo de cientos, miles de personas, encargadas de que todo funcione tan bien que no se note el esfuerzo empleado en ello.
De entre toda esa maquinaria puesta al servicio de una película, la primera piedra, aunque más que piedra sea roca debido a su importancia, es el guion con el que va a trabajar el resto. Si este falla, los demás elementos acabarán cayendo detrás como naipes de una baraja.
Jon Spaihts, responsable también del de la controvertida Prometheus, firma en Passengers un guion desconcertante. Por un lado brilla con luz propia la decisión que el personaje al que interpreta Chris Pratt toma con respecto al que Jennifer Lawrence da vida. La contradicción a la que está sometido por la situación a la que se enfrenta logra que cualquier espectador también se plantee qué haría él en su caso.
Pero por otro, sabe a poco cuanto ocurre a continuación. La historia de amor entre los dos personajes, la relación que mantienen con Arthur (enorme Michael Sheen), el camarero de la nave, los problemas que van surgiendo en la misma a medida que el viaje sigue su rumbo, todos los acontecimientos que tienen lugar en la película se quedan a años luz de lo que la ciencia ficción plantea como género. Y de lo que un guion más oscuro podría ofrecer con infinitamente mejores resultados.

Passengers
Jim y Aurora frente a las cápsulas de criogenización

                                                                 RITMO Y DISEÑO DE PRODUCCIÓN

Paradójicamente, a pesar de que el metraje no responde a las expectativas puestas en él, Passengers tiene la facultad de no aburrir en ningún momento. Su director, Morten Tyldum, que fue nominado al Oscar por The imitation game (Descifrando el enigma), le imprime al conjunto un ritmo gracias al cual la cinta no decae ni en los momentos más discutibles.
Además, resulta espectacular asistir, desde el comienzo de la película, a su exquisito acabado. El diseño de producción del que hace gala es de auténtico escándalo. Guy Hendrix Dyas ha construido una nave actualizada al futuro al que la historia hace referencia y ver todos los pasillos de que consta, las salas y las instalaciones que tiene es puro deleite visual.
El funcionamiento de la nave, la manera en que mantiene la comunicación con los pasajeros, los pequeños detalles con los que se realiza su mantenimiento y limpieza, todo a nivel de diseño de producción, y de postproducción, merece absoluta admiración.
Pero no solo de envoltorio vive el cine. Es una lástima pensar a dónde podría haber llegado Passengers y dónde se queda en realidad. Cuando de una gran producción solo se puede aplaudir su apariencia y uno se pregunta frivolidades como de dónde saca Aurora tan variado vestuario o cuestiones de fondo como por qué Jim no lleva hasta las últimas consecuencias la decisión primera que toma, queda claro que a la película le falta una entidad que desgraciadamente no tiene.

Silvia García Jerez

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