NUREMBERG: Estudiando al monstruo

Es de imaginar que todo el mundo sabe lo que pasó en Nuremberg entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946, al concluir la II Guerra Mundial, en mayo -en Europa- y en septiembre -en el Pacífico, tras la rendición de Japón- de 1945. Para quienes lo saben y para quienes no, y en general para todos porque incluso los primeros desconocerán muchos de los datos y acontecimientos que expone Nuremberg, es imprescindible acercarse a esta película.

Basada en la novela El nazi y el psiquiatra (2014), de Jack El-Hai, el director James Vanderbilt, responsable de la estupenda La verdad (2015), ha tardado diez años en volver a ejercer dicha labor, porque en realidad él es, o hasta ahora ha sido, más productor y guionista. En su trayectoria en estas funciones cuenta con títulos tan grandes como Zodiac o la citada historia, que fue real, que protagonizaron Robert Redford y Cate Blanchett sobre una productora de noticias de la CBS y su socio y presentador de la cadena que se jugaron su puesto al descubrir una noticia que podría afectar a las elecciones de EEUU. Y ahora se vuelca en contarnos, adaptada también por él, la del psiquiatra estadounidense Douglas Kelley (Rami Malek) que evaluó la maldad en las mentes de varios altos cargos nazis, entre ellos la de Hermann Göring (Russell Crowe), número 2 de Hitler, para conocer hasta qué punto una persona aparentemente común podía llegar a ejercer semejante grado de monstruosidad sobre el mundo.

Russell Crowe interpreta magistralmente a Hermann Göring

Por lo tanto, Nuremberg se presenta como una película mucho más que interesante. Es una lección de Historia, ficcionada, para que podamos conocer la amistad que el nazi y el psiquiatra tuvieron antes de que se celebrara el juicio. Los Juicios de Nuremberg se citan en plural porque fueron un conjunto de procesos emprendidos por las naciones aliadas de la contienda durante la conferencia de Postdam. Se determinaron sanciones a dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen y Göring fue condenado a morir ahorcado, aunque ni la Historia ni por lo tanto la película nos cuenta, porque no se sabe con certeza, cómo pudo matarse en su celda antes de que los funcionarios le pudieran poner la soga al cuello.

Nuremberg tiene una duración de dos horas y media, y en ese tiempo, que no se hace pesado en ningún momento, de hecho resulta apasionante, nos cuentan cómo capturaron al alemán, cómo convencen a Kelley para que acepte el trabajo más duro de su carrera, la amistad entre los dos, el juicio y sus consecuencias. Además de adentrarse, como es lógico, en los horrores del nazismo y del exterminio de tantas personas con testimonios gráficos que hielan la sangre, incluso si se han visto imágenes de lo que ocurrió en los campos de concentración.

Nuremberg es un relato ficcionado de esa amistad tan peculiar, pero también tiene alma de documental. Es fiel a lo que sucedió en ese período de la Historia de la humanidad y mezcla géneros para resultar más auténtica, aunque no pueda decirse que la cinta sea un documental como tal. Es sólo el aura que desprende al ser tan precisa con lo que narra. Pero en realidad lo que pasa es que es una película muy clásica, tanto que en los 90 habría arrasado en los Oscar. Hoy, en cambio, no será tenida en cuenta en ninguna categoría, precisamente cuando su visionado es tan necesario, sobre todo en los institutos y centros educativos.

Es clásica en estructura, en tempo y en los convencionalismos cinematográficos. Porque Hermann Göring entra en escena hablando alemán y aparentando que no entiende otro idioma, por lo que un traductor se hace imprescindible. Pero poco a poco, y de cara a que la traducción no se haga pesada pasamos a que el alemán admita que puede hablar inglés. En la versión original, claro está. A partir de entonces la película seguirá en ese idioma hasta el juicio, donde volvemos a escuchar la diversidad que había: inglés, alemán, francés y ruso. Con traductoras que hacían su labor para la sala y cascos para la traducción simultánea de cada uno de los asistentes.

Y es admirable el trabajo de Russell Crowe como el segundo de Hitler. Habla alemán al comienzo y en el momento en que pasa al inglés lo hace con un elaborado acento de alguien que verdaderamente habla con reminiscencia alemana. Y no pierde ese detalle en todo el metraje, dando, cuando toca, el miedo que debe, pero siendo casi en todo momento un ser empático y agradable capaz de confundir a cualquiera respecto a sus intenciones con aquellos que no le gustan. También Rami Malek está espléndido. Aquí sí se merece el Oscar que ganó por Bohemian Rhapsody. Aquí está contenido, interesante, apabullante. Es un médico entregado a la causa cuando la empieza a ver enigmática y fascinante. No entender cómo un ser así puede transformarse en el monstruo por el que será condenado lo llena de perplejidad. Y no quiere dejar de estudiar su compleja personalidad.

Lo que sucedió en Nuremberg contiene un relato sobrecogedor y la película también lo es. Su atmósfera es opresiva, como debió ser allí el proceso. Un capítulo tan estremecedor de la Historia merecía una película de este calibre. Para no olvidar lo que sucedió, para aprender que el hombre es capaz de hacer cosas atroces y muchos otros lo son de no impedirlas. Y la película nos enseña que todo esto se puede repetir si no tenemos cuidado, si no somos conscientes de que no siempre el enemigo que quiere exterminarte va a tener el mismo uniforme reconocible de cuando más temible fue. Cambiará de forma, y debemos estar alerta. Esa es la enseñanza que nos dejó Kelly, y una vez vista Nuremberg deberíamos tenerla en cuenta.

Silvia García Jerez

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