LOS SANTOS INOCENTES

Una emocionante primera versión teatral, valiente y certera, que no pueden perderse 

Los santos inocentes se convierte en obra teatral de la mano de Javier Hernández-Simón y la dramaturgia de Fernando Marías. La novela cumbre de Miguel Delibes se sube a los escenarios, por primera vez, volviendo a la tierra en tiempos de caza y resignacióna través de una escenografía simbólica y austera que acoge un montaje valiente y certero. 

Estrenado en Valladolid, cuna del autor del texto original, llega ahora a Madrid tras una emocionante gira y varios premios recibidos, como el Talía al mejor espectáculo teatral. 

En Matadero, desde el 11 mayo al 11 de junio, Milana bonita agita sus alas sobre la tablas de las Naves del Español, entre sueños de progreso y libertad, junto a los ecos de A mandar, que para eso estamos. 

Aún ubicándonos en un cortijo extremeño de los años sesenta, Los santos inocentes es tan actual como necesaria. Planteada sin necesidad de traspasarla a otra época y tratándola desde nuestra contemporaneidad, sin complejos, sin miedo y sin querer copiar nada –según su director- y contando con esos personajes de poderosa narrativa que, en esta sobresaliente adaptación para la escena, son encarnados por un elenco con identidad propia, superando el peso de la inolvidable versión cinematográfica de Mario Camus, encontrándonos así a Azarías, profundo y más comedido, en la piel de Luis Bermejo (premio Talía al Mejor actor de reparto, y de la Unión de Actores y Actrices), y a Javier Gutiérrez dando vida a Paco, el Bajo (infalible como actor y participando además en la producción), alejándose ambos de la imponente sombra de las interpretaciones de Paco Rabal y Alfredo Landa, respectivamente. 

Se unen a la pareja, protagonizando la función el Señorito Iván (Jacobo Dicenta) y Régula (Pepa Pedroche), diferenciándose también del referente con Juan Diego y Terele Pávez, actuando estupendamente junto a Doña Pura (Raquel Varela), Nieves (Yune Noigueiras), y Don Pedro y Don Manuel por Fernando Huesca, haciendo doblete. Como ocurre también en los papeles de los más jóvenes, con José Fernández como Quirce y René, y Marta Gómez cual Marquesita y Niña chica, aquella que no dice ni una sola palabra, pero que contiene todo el dolor de una sociedad –en palabras de la propia actriz-.
 

Los santos inocentes
Los Santos inocentes en su adaptación teatral

Privilegios y opresión. Miedo y dignidad. Maldad y generosidad. Miseria y dominación. Inocencia, sabiduría popular y deseos de cambio. Todo cabe en Los santos inocentes, reflejando todo ese universo que crea Delibes, tan sólido y veraz que parece trascender a su autor, que existe por encima de él e incluso a pesar de él -. Y esta vez, son las palabras de Fernando Marías, adaptador del vallisoletano y fallecido poco antes del estreno de su dramaturgia, en colaboración con Hernández-Simón, director asimismo del montaje, quien recordándole durante la presentación de la obra en Madrid, puntualizó sobre ese ecosistema humano que va más allá de oprimidos y opresores, de buenos o malos, porque siempre está el miedo que tenemos en nuestra relación con el poder y cómo nos comportamos frente a él. 

Poniendo el foco en la grandeza de la sencillez y la importancia de un texto, humanista y político, que es memoria viva, Los santos inocentes, en esta versión para las tablas, recupera el estilo de un teatro tradicional y popular con una puesta en escena artesanal, practicando la metáfora y la poesía. 

Sin parar el ritmo, ni cambiar de escena grandilocuentemente, solo cambiando la luz y jugando con las sombras en un mismo espacio como a campo abierto (diseñado por Ricardo Sánchez Cuerda y Juan Gómez-Cornejo), igual estamos en la choza de los sirvientes, que en la casa de los señores, mientas una omnipresente torre compuesta por maletas, sillas, puertas y aperos de labranza es a la vez, árbol y ramas, o cobijo de cama, formando un puzzle de trastos en equilibrio que asciende hacia un cielo plagado de grajos, donde vuela Milana bonita. 

Los santos inocentes. Presentación del montaje en Naves del Español
Presentación del montaje en Naves del Español

Para Hernández-Simón todavía se pueden ver aquello que Delibes narraba, resonando hoy en día, como la desigualdad existente conviviendo dentro de un orden establecido. Y aunque ya casi no hay analfabetismo, esa falta de conocimientos, de entonces, es la falta del empleo del presente, con esa misma angustia vital por el miedo al despido, que igual implica una pierna rota y seguir currando, que morir en plena jornada laboral por un golpe de calor, por no perder el trabajo. 

Claro que ha pasado el tiempo, e incluso se han dado algunos cambios; los discapacitados ya no se esconden, y la imagen y derechos de la mujer han evolucionado. Sin embargo, sigue habiendo abusos por parte de los dueños de cualquier cortijo, ya sean depredadores cual señorito Iván, ya sean los jefazos de turno de cualquier multinacional. 

Es por ello, quizás, que esta adaptación de que no quiere competir y trata sumar, alcanzando el hito poner en pie una gran novela, como bien dice Gutiérrez, arranca cada función por la boca de su Paco el Bajo, diciendo aquello de “Lo principal es la escuela”, que bien merece una primera gran ovación. Claro que habrá más, hasta el mismo final, pues Los santos inocentes de Marías y Hernández-Simón consiguen conmovernos y enseñarnos. 

No se lo pierdan.

Y tampoco nuestra entrevista con Gutiérrez y Bermejo, para seguir aprendiendo. 

Mariló C. Calvo 

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