LA LOCA, LOCA HISTORIA DE BEN-HUR

La loca, loca historia de Ben-Hur es exactamente lo que leyendo el título se aventura que vayamos a encontrar sobre las tablas. Entras al teatro con la idea de ver un desparrame de texto, de interpretaciones, una puesta en escena a la altura de la historia que se hizo célebre con la película de William Wyler, y en el escenario encontramos precisamente eso.
Cómo Judah Ben-Hur fue traicionado y enviado a la esclavitud, su relación con Messala, las famosas escenas con Jesucristo y las leprosas y, por supuesto, la esperadísima carrera de cuádrigas.
Todo ello lo encontramos en La loca, loca historia de Ben-Hur, pero bajo la escritura del actor y cómico Nancho Novo, autor de la versión, lo que tenemos desde que comienza la obra es un desmadre en el que las risas no cesan del prólogo al epílogo.
En éste último, no solo se nos citan a los actores que intervienen, cosa poco habitual en el teatro y que se agradece horrores, sino que además se nos advierte de algo fundamental: que no nos creamos todo lo que nos cuentan los medios, que busquemos la verdad en las noticias, que no nos quedemos en el titular y que contrastemos lo que leamos. No pides tú nada…
Pero, en efecto, no nos piden nada que no nos acaben de ofrecer, porque La loca, loca historia de Ben-Hur es un relato hilarante de lo que tal vez fue y nunca nos contaron, de esa historia que a lo mejor, de no quedarnos en la superficie, de buscar como se debe la información que intuimos, podríamos encontrar acerca de la relación entre Ben-Hur y Messala y lo que pudo haber ocurrido entre ellos, que a todas luces era evidente pero que ni ellos mismos admitían.
Exagerando el tono de la pluma, sus intérpretes hacen obvio el trasfondo de lo nunca dicho y, cayendo siempre en la risa desternillante de un público entregado a la causa de una obra festiva, la orientación sexual de ambos protagonistas va recorriendo las páginas del libreto.

La loca, loca historia de Ben-Hur
Agustín Jiménez y Richard Collings-Moore en LA LOCA, LOCA HISTORIA DE BEN-HUR

La loca, loca historia de Ben-Hur es un espectáculo teatral de primer orden. Producción del Grupo Pentación y de Yllana, se nota en cada cambio de escenario la pasión con la que la obra está diseñada.
Rápidamente nos introducimos en el momento que toca y la comedia funciona igual en todos ellos, lo cual no deja de ser admirable porque mantener el nivel de la risa no es algo que se logre fácilmente, por mucho que a nivel de premios el género esté tan ninguneado.
Lo saben bien los actores, cada vez que llega la temporada de subir a recogerlos y agradecer a los compañeros que les ayudaron a hacerlo posible, porque a pocos les toca incluso ser candidatos a ganar uno.
Pero el mayor premio es la risa del público, suelen consolarse así, aunque no dejan de tener razón porque, si esta no se genera, el boca oreja detiene su maquinaria y los espectadores menguan su afluencia.
Y lo cierto es que el teatro La Latina, de Madrid, donde ahora La loca, loca historia de Ben-Hur se representa, se llena y el jolgorio se hace evidente por toda la sala. Porque la obra funciona y el público lo pasa como nunca, también gracias a lo interactiva que es, con la continua participación de los presentes, ya sea para animar, aplaudir, ulular o remar en galeras. A ver si va a ser solo Ben-Hur el que dé el callo.
Y lo cierto es que es una gozada formar parte activa de la obra, porque su tono animado y chisposo llama a cualquiera que esté entregado a ser uno más de lo que ocurre en el escenario, y a tenor de lo que se va escuchando como respuesta a todo en la platea debe disfrutar hasta la gente que pasa por la calle si alcanza a oír las risas de dentro.
De este modo, cuando toca aplaudir se aplaude con ganas, y cuando es el turno de remar, más que en las barcas del Retiro.

Agustín Jiménez
El maestro de la comedia Agustín Jiménez

Y nuestra participación también es una respuesta a la magnífica obra que estamos viendo. Porque todo está muy bien hecho, cada apartado escenográfico es sobresaliente. Los ropajes de las leprosas son fantásticos, la terraza romana con la proyección de la pantalla en la que vemos las hordas por debajo, también.
Mención especial merece la espléndida carrera de cuádrigas, con el recorrido marcado por la proyección en la ya citada pantalla, y cada cuádriga diseñada y sujeta al cuerpo de cada actor que la lleva es otro acierto escénico. El resultado no puede ser más brillante.
Se nota que todo en esta función está medido para quedar a la altura que se espera de ella, camellos incluidos, esos que van con los Reyes Magos a adorar al Niño, o los ángeles, que mueven sus alas con un sonido que también despierta la risa del respetable.
Como espectadores tenemos que agradecer el talento del elenco que interpreta la obra. Actores maravillosos entre los que se encuentra un Richard Collins-Moore que fue Dios en La llamada y que aquí es, entre otros, su Hijo, en una caracterización desternillante en la que el pelo tiene mucha culpa de esa risa.
También es sensacional el trabajo de Agustín Jiménez, un profesional de la comedia capaz de improvisar si el momento lo requiere, porque reaccionar rápido y con gracia a algo que el guion no contempla porque se dé en el momento es un don que está al alcance de muy pocos y Agustín ya ha demostrado más de una vez que nadie le gana en esas lides.
Tengamos también en consideración a las mujeres, a las que el texto de Nancho Novo señala en varias ocasiones a lo largo de la función como las grandes olvidadas. Elena Lombao y María Lanau están tan estupendas que casi piden un spin-off de sus personajes y las dos hablan de un feminismo que si hoy es difícil de encontrar, entonces ni se le esperaba.
La loca, loca historia de Ben-Hur defiende, por lo tanto, muchas cosas, pero también, y sobre todo, la risa de un espectador del que espera que lo pase bien las dos horas de espectáculo. Y puede estar tranquilo todo el equipo porque si la intención es divertirnos, lo consiguen de sobra.

Silvia García Jerez

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