LA ODISEA de NOLAN
Christopher Nolan entrega una relectura de La Odisea, reinterpretando el clásico de Homero en una fastuosa superproducción que ofrece la versión definitiva de la tragedia griega.
De aquel clásico de la literatura narrando la historia de Ulises, llamado también Odiseo, su esposa Penélope y su hijo Telémaco, a este peliculón enlazando increíbles imágenes de aventuras y recuerdos que cuentan el principio y fin de una civilización, que es la esencia de nuestra cultura, abarcando no sólo el regreso del héroe y el viaje hacia su destino, sino además la guerra de Troya y las luchas por un trono a punto de sucumbir.
Irrefutable en fondo y forma durante las casi tres horas de epopeya entre dioses, diosas, augurios y presagios, La Odiseade Nolan trasciende con sus interpretaciones memorables, su certera música y un guión con la profundidad necesaria entreacción, drama y fantasía, a través de un impecable realismo cinematográfico que nos hace vivir aquel tiempo de aparente magia…
Ulises, rey de Itaca, partió hace años y se desconoce si vive o ha muerto. Un monarca perdido, que no sabe cómo volver a su hogar; a ese reino, a la espera de la decisión de la reina Penélope, quien tejiendo de día y destejiendo de noche, aún sigue enamorada de su rey, manteniendo un palacio asediado por pretendientes que desean ocupar el puesto su esposo y a la par, el trono, pues el único heredero, Telémaco, es demasiado joven para ejercer su destino y decide ir en busca del padre desconocido.
De alguna manera todos conocemos parte del poema que Homero centra en sus últimos capítulos con el retorno de Ulises (nombre romano que ha trascendido). Ese mismo regreso con el que Nolan vertebra La Odisea –de su Odiseo, del griego original, elegido por el director para presentarnos al héroe- abarcando además lo ocurrido antes, durante y tras la guerra de Troya –rememorando el relato a saltos temporales que comparte también con La Ilíada- en tiempos de aparente magia, como se proclama al inicio del filme, cuando un descomunal caballo de madera aparece varado en una playa.
Desplegando un impecable diseño de producción Nolan mantiene la magia durante toda la película, atravesándola con flashbacksen una narrativa paralela y con una música certera que nos adentra en un limbo de recuerdos entre seres mitológicos, batallas y rutas por mar, mientras las hazañas de “un rostro, una flota, una idea, un hombre” son cantadas en los festines de palacio, donde los extranjeros son bienvenidos y los mendigos acogidos, según la ley de Zeus, pues nunca se sabe quién o qué hay bajo unos harapos o armaduras.
Y es ese vestuario, digno de ser mencionado -sea del pueblo, la nobleza o de esos guerreros con sus fascinantes escudos y cascos-, junto a la impresionante fotografía -con unos maravillosos amaneceres y ese fantasmagórico anochecer al encuentro de los muertos- lo que logra transmitir el frío, el hambre y el hedor durante la espera de la toma de Troya, así como sentir el calor en la destrucción de la ciudad en llamas.
Una veracidad conseguida gracias a unas localizaciones que aportan la credibilidad en la fantasía del canto de las sirenas, la furia de los dioses, el miedo por un cíclope en una cueva, o el terror de un hechizo bestial, completando así la epopeya con unos personajes que son encarnados a la altura del mito. Tanto quienes tienen una breve aparición pero son fundamentales para alcanzar su destino y explicarnos la historia -la hipnótica Samantha Morton de reveladora bruja, Mía Goth de imprescindible criada, Lupita Nyong’o haciendo doblete de Helena de Esparta , Charlize Theron de ninfa, demasiado insulsa, y Zendaya de etérea Atenea, descubriéndonos el verdadero poder de las diosas- como esos principales que construyen la esperanza y traición necesaria en esta eterna historia contada también por un irreconocible John Legizamo, de ciego filósofo hablándonos de disfraces y sacrificios, acompañado siempre de Argos (el perro leal que les robará una lagrima) y contando con Tom Holland de Telémaco y con Robert Pattinson de Antínoo-.
Sin embargo es la pareja protagonista la que deslumbra con su química y por sus interpretaciones; siendo Anne Hathaway la espectacular Penélope que impresiona con esos vestidos divinos y su mezcla de vulnerabilidad, determinación y amor por un hombre y héroe, que en la piel de Matt Damon, muestra al rey, esposo y compañero de batalla, liderando a su ejército y tripulación y atrapado en su viaje interior entre la venganza y el destino, reflejando su soledad, sus triunfos y sus dudas más allá de su rapidez, fuerza e inteligencia…
Hasta poder encontrar el rumbo de vuelta a casa, reconciliarse consigo mismo y tensar su arco.
Christopher Nolan ofrece una fabulosa adaptación de La odisea -aprehendiendo incluso la literalidad en frases de esos tiempos de augurios y premoniciones, que todavía son mandamientos religiosos y refranes populares usados en la actualidad-, redefiniendo una lectura existencialista, ecologista, feminista y antibélica que, si bien es necesaria recordar y actualizar, ahíquedaba desde la antigua Grecia.
Claro que siempre hemos necesitado de cuentos y leyendas para explicarnos y entendernos, siendo La Odisea de Nolan de lo mejorcito para revelarnos el origen de nuestra cultura y toda civilización occidental, mostrándonos esa tragedia del héroe y hombre en una sociedad que cae y vuelve a surgir -y cómo se repetirá-, pudiendo alejarnos o acercarnos de eso que llamamos humanidad.
Hacedor de una filmografía arriesgada con resultados dispares, Nolan alcanza con La Odisea un clásico inmediato, carente de toda duda, que puede convertirse en la adaptación cinematográfica definitiva.
Mariló C. Calvo
