Ahí llega la hija de p*%# de ¡LA NOVIA!

Así, con esta frase tan lírica y elegante… ¡La Novia! nos quiere convencer para que entremos al cine a conocerla, a ver su historia. Es la frase promocional del póster, y toda una declaración de intenciones, por cierto, al respecto de lo que nos espera cuando dé comienzo su relato.

Una mujer muerta (Jessie Buckley) está a punto de ser resucitada para protagonizar la película

Y lo hará, pero no cualquier manera, no de una forma ortodoxa, no como si se tratara de una película más que se acerca al mito de Frankenstein. Nos dará paso a ella la propia autora de la novela, Mary Shelley, asegurando que en realidad la que sigue fue la que quiso escribir y no la que publicó. Y es que el feminismo que rebosa cuanto vamos a ver no era apto para la época, primera mitad del s.XIX, por eso se permite ahora contarnos lo que verdaderamente deseaba plasmar. Y a partir de que comience su relato será cuando dará rienda suelta a la locura.

Y es que en ¡La novia!, Frank (Christian Bale) es un monstruo errante que busca una compañera contra la soledad, y como él es quien es sólo puede optar a una mujer nacida del mismo modo en que él lo hizo gracias a quien considera su padre, el doctor Frankenstein: resucitar a una mujer muerta. Cuando consigue que una de las que están en la morgue vuelva a la vida (Jessie Buckley), la deslenguada y vivaracha joven, con un aspecto tan peculiar como el de Frank, se dispone a compartir su existencia con él.

Pero en el Chicago de los años 30 no será fácil hacerlo sin meterse en líos y cuando la pareja desata el caos en la ciudad los detectives Jake Wiles (Peter Sarsgaard) y Mirna Mallow (Penélope Cruz) se pondrán tras las pistas que puedan acercarlos a los, a su pesar, delincuentes accidentales que van sembrando la destrucción allá por donde pasan.

La autora del guión es la antaño actriz de un cine siempre minoritario Maggie Gyllenhaal, convertida desde 2021 en directora del guión que también adaptó a la gran pantalla, La hija oscura, basada en la novela del mismo título de Elena Ferrante. En esta ocasión el material viene de su propia mente, es completamente original aunque Mary Shelley creara la obra de la que todo parte. De este modo, llevando la historia al Chicago de los años 30 y haciendo a Frankenstein y a su novia personajes que surgen de un texto inédito, Maggie consigue una obra con una personalidad y una fuerza únicas.

Feminismo de primer orden y una libertad creativa que pocas veces vemos en un film de gran estudio. Eso puede acabarse con la compra de Warner por parte de Paramount, pero de momento el estudio que nos trajo Casablanca sigue siendo un referente en cuanto a subversión, más aún cuando el Me Too ya no tiene tanta repercusión.

Maggie Gyllenhaal se imagina a Frank y a su novia como si Bonnie & Clyde hubieran sido unos involuntarios personajes de cómic y el resultado es una preciosidad. Su huida hacia adelante es hipnótica y cada paso que dan levanta mayores expectativas, porque ellos no pretenden que su vida sea así y lo acaba siendo. Y es no sólo bonito, también es muy divertido contemplar sus andanzas al margen de la ley cuando en realidad lo único que quieren es ser felices juntos en un mundo que no permite, sin consecuencias negativas, que las mujeres tengan ningún protagonismo.

¡La novia! cuenta con un elenco de actores colosal. Un reparto brillante en el que el círculo más cercano a Maggie -su hermano, Jake, su marido, Peter Sarsgaard, su amiga Penélope Cruz y su antigua compañera en La hija oscura, Jessie Buckley- en el que nadie desentona y del que surgen dos estrellas apoteósicas como son un Christian Bale asombroso, que se parece más a Frank que a él mismo, y una Jessie Buckley que, al igual que hiciera en Hamnet, vuelve a brindarnos un recital interpretativo.

Si la historia es original el apartado técnico es prodigioso. El vestuario, la dirección artística o la banda sonora resultan impecables, pero es que el maquillaje es apoteósico. Es que Christian Bale es muy grande pero gracias a ese maquillaje lo vemos como el Frankenstein al que Maggie Gyllenhaal llama Frank. Es que sus grapas, sus heridas, sus formas de monstruo están ahí y van por delante de la presencia de un actor capaz, después, de darles la entidad que el personaje necesita. Y lo mismo puede decirse de Jessie Buckley y su pintura en la cara, destacada también en los carteles promocionales como la marca de nacimiento que la hará mítica. Y ese pelo, peluca evidente pero qué bien le sienta la versión actualizada del legendario de Elsa Lanchester a esa novia de múltiples nombres y personalidad salvaje.

Un apunte adicional: por fin puede, contenta estará, ser la protagonista de la película, ya que en la cinta que llevó su parentesco como título, La novia de Frankenstein (1935), protagonizada por Elsa Lanchester, la Universal la relegó, curiosamente, a un papel secundario.

¡La novia! es un experimento, puede tomarse como tal. Un experimento de libertad creativa que si triunfa podría abrir una senda poderosa y si no se citará como ejemplo de lo que una vez pudo ser el cine adulto más punk y reaccionario pero al que, adelantado a su tiempo como estaba, y mira que nos creemos modernos, pero no lo somos, se le cortaron las alas al emprender el vuelo.

¡La novia! es original, atrevida, vibrante y valiente. Y muy irreverente. Triunfe o fracase, es una gozada que películas así aún sigan recibiendo la luz verde de los estudios. Bandera del feminismo como hace unos años también lo fue Barbie -también producción de Warner-, ¡La novia! es un viaje loquísimo hacia el entretenimiento más rompedor. Su fondo y su forma van de la mano, con ese metraje en blanco y negro en ese espacio que sólo habitan las almas perdidas que ya no tienen nada que perder. Que se lanzan a contar una historia de amor huyendo de convencionalismos y sacando, de personajes previamente creados por otro, el oro que siempre tuvieron dentro y que ahora ve la luz con más fuerza que nunca. Aunque pueda que se trate sólo de la luz efímera de un fogonazo.

Silvia García Jerez

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