LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS
LA TRILOGÍA
La guerra del planeta de los simios viene a completar la trilogía comenzada con acierto con El origen del planeta de los simios, allá por el 2011 y continuada en la espléndida El amanecer del planeta de los simios en 2014, todas ellas nacidas como precuelas ante el éxito del universo que proponía Franklin J. Schaffner en El planeta de los simios en 1968, en ningún caso del discutible film dirigido por Tim Burton, por mucho que ambos se titularan igual y fueran adaptaciones de la misma novela que Pierre Boulle publicó en 1963.
Unos cuantos años han ido pasando entre las cintas que componen la trilogía que ahora nos ocupa, pero es que lo bueno cuesta hacerlo, para que en cuanto sea mostrado al público éste tenga motivos para rendirse a la evidencia de la joya que tiene delante.
La guerra del planeta de los simios narra el camino que César, el protagonista de todo este recorrido, interpretado por Andy Serkis, tiene que seguir para enfrentarse al Coronel al que da vida Woody Harrelson, líder de los soldados que persiguen a los primeros. Cada especie busca su propia supervivencia y la cinta recoge el proceso por el cual César comprende que su misión es defender a la que él pertenece y dar con el hombre que intenta impedírselo.

EL BLOCKBUSTER
Se trata de la tradicional cita del bueno contra el malo en que hemos crecido como espectadores, con la salvedad de que La guerra del planeta de los simios no tiene nada de cine convencional. Al menos no del que se entiende como tal cuando enmarcamos su naturaleza en la de los ‘blockbuster’ veraniegos.
Efectivamente, la película se estrena en verano y, por supuesto, cuenta con los elementos propios de las grandes producciones norteamericanas, esas que generan entusiasmo antes de ser vistas porque los precedentes dibujaron una senda poblada de vítores y aplausos merecidos que, una vez recordados a la luz del nuevo estreno, no dan motivos para suponer que en esta ocasión no vaya a estar a la altura de las expectativas.
Y no lo está. Matt Reeves, responsable de la segunda entrega de este tríptico, puede y debe sentirse orgulloso del trabajo realizado en esta tercera parte. Su destreza, primero con el guion, que firma junto a Mark Bomback, y después con todo lo que supone el resto de un film de este calibre, desde el trabajo con los actores hasta la planificación de las secuencias pasando por una admirable y avanzada utilización del CGI en los efectos visuales, le da a Reeves la potestad para recibir todos los elogios que existan junto a aquellos que podamos inventar.
Lo que tal vez llame la atención de la película sea que cada uno de los elementos que la componen estén al servicio de la historia que se narra. Y la historia es puro cine bélico. Si bien no compuesto en su mayor parte de escenas de acción, sí de la angustiosa, y en ocasiones terrorífica atmósfera que sabemos, por habernos documentado, que se vive en las contiendas.
Es por este matiz, importante donde los haya, que La guerra del planeta de los simios pueda llegar a descolocar. Quien espere la épica espectacular del cine más comercial no va a encontrarla. En cambio, sí verá, y si se deja llevar la sentirá, toda la congoja por la que los personajes pasan en cada momento. Y la película se toma su tiempo para hacerla patente. Para que incluso duela.
Es este colofón a la trilogía un derroche de buen cine, de sabiduría de un oficio que cuesta mucho hacer y que no todos están destinados a lograr. Una película oscura con retazos de la inolvidable, y también dolorosa, Apocalypse Now. Y con unos actores a la altura de los que entonces brillaron con honores: Marlon Brando, Martin Sheen y Robert Duvall.

ANDY SERKIS
Y cito a los tres porque aquí también hay tres en los que fijarse. Además de en el sublime Andy Serkis, la estrella de la película, nuestros ojos se horrorizan con el Coronel de Woody Harrelson, cuyo habitat no está alejado del del Immortan Joe de Mad Max: Fury Road, y por otro lado nos enternecemos con la gran revelación de esta entrega del universo simio, Bad Ape, que clava en su versión original el actor Steve Zahn.
Pero La guerra del planeta de los simios cuenta con un Andy Serkis demoledor. Si ya lo era en El origen del planeta de los simios, desde la que se lleva pidiendo para él una candidatura al Oscar sin que dicha petición sea escuchada por la Academia, que no deja de ser la industria, aquí ya domina los detalles con los que su personaje se ha hecho dueño de la trilogía.
No solo su voz, que escucharla en su inglés original estremece, también su mirada es digna de una tesis. La fuerza que transmite con ella, tanto si levanta mucho los ojos como si apenas los deja asomar, es escalofriante. Toda una gama de sentimientos reflejados en una manera de mirar que continuamente parece más humana que las de los propios seres de nuestra raza.
A lo mejor, solo a lo mejor, Andy Serkis ha superado con su César al Gollum de El Señor de los Anillos que lo consagró en el arte cinematográfico. La presencia que tiene el César que ha construido es tan arrolladora que tranquiliza. Porque se trata de un personaje conocido y pese a lo temible que resulta es tan perfecto que se hace necesario, y reencontrarse con él es como volver a casa. Sentarnos ante este mito moderno del cine, que no es King Kong ni lo necesita, supone un hito para su intérprete.
Pocos actores han seducido tanto al público sin que veamos su rostro en la pantalla. Junto al Robert Englund de la saga Pesadilla en Elm Street y, posiblemente, a Robin Williams, que revolucionó la animación prestándole su voz al genio de Aladdin, no muchos más han llevado un trabajo tan particular a la cima de su profesión.
Y Andy no solo ha logrado que lo admiremos por ello sino que se ha convertido en una auténtica estrella, capaz de que todos sepamos su nombre, lo identifiquemos con sus personajes y reconozcamos su verdadera identidad, sin las máscaras que lo han elevado a la categoría de celebridad.
Silvia García Jerez