La boda de mi ex: ¿Sabemos qué es el amor?

En tiempos de ‘John Wick’ y ‘Stranger Things’, ver dos nombres como Keanu Reeves y Winona Ryder juntos en un cartel es, cuanto menos, inquietante. Si además el proyecto tiene por título -en su versión traducida, claro- ‘La boda de mi ex’, se aboga en seguida por una comedia fácil invade taquillas con la estrategia de un buen reparto para llamar la atención. Pero nada más lejos de la realidad.

Victor Levin dirige y escribe este proyecto tras guionizar películas como ‘Una chica fuera de serie’ o ‘El chico de tu vida’, que influencian esta película, aunque con un aparente sello de madurez. Su otra película, ‘5 to 7’, confirma que el ritmo romántico meta-amoroso que el director plasma en sus películas es ya parte de su firma personal.

Lindsay (Winona Ryder) y Frank (Keanu Reeves), esperando la lanzadera a la gran boda.
Lindsay (Winona Ryder) y Frank (Keanu Reeves), esperando la lanzadera a la gran boda.

‘Destination Wedding’ -su más acertado título original- habla de la fugaz historia de Frank y Lindsay a una boda de una persona que tienen en común. Él, un desperanzado amigo del novio más preocupado por su ego que por el mundo que le rodea; ella, una risueña ex del novio oculta bajo capas de pesimismo por decepciones pasadas. Una serie de casualidades les hace juntarse en todo el viaje, hecho que hace que reflexionen sobre lo que es el amor y qué son ellos mismos.

Por ello, quizá caiga en el monotema. El amor como elemento central, que basa una trama y a su vez la protagoniza. Y, precisamente, ahí llega la razón por la que dos grandes nombres capitanean una película como ésta: No es una película sobre el amor, es una película sobre el amor, Winona Ryder y Keanu Reeves.

Juntos -quizá algo revueltos- forman una conversación de 87 minutos sobre quiénes son y a dónde van; sobre soledad o compañía. Amor, pasión, esperanza y sexo son unos pocos de los componentes sobre los que Ryder reflexiona con Reeves y viceversa, dejando ver la que puede ser la característica más curiosa del metraje: Durante toda la película, no habla nadie más que ellos -a excepción de las voces de la televisión, que curiosamente ensalzan la idea de la soledad de ambos personajes-.

Un resultado interesante que pone a prueba a la audiencia de un público que puede ir buscando en la película una comedia romántica -y simplona- y seguramente se encuentre con algo más profundo y real de lo que buscaban. ¿Es eso algo malo? Sólo si la reflexión se acaba confundiendo con banalización.

Javier Rodrigo Saavedra

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