FILEK: EL ESTAFADOR QUE ENGAÑÓ A FRANCO
La primera vez que uno lee el nombre de Filek y después ese subtítulo en la portada del último libro de Ignacio Martínez de Pisón, no puede evitar quedarse con los ojos pegados a él y preguntarse qué habrá detrás de esa historia que promete ser, cuanto menos, interesante y curiosa.
Uno coge el libro en sus manos y comienza la lectura de lo que, si de cine se tratara, sería un documental, el de un hombre que según nos adentramos en sus páginas nos va resultando más fascinante.
El título ya lo deja claro: Filek era un estafador, y debido a ello no fue ningún modelo a seguir, pero el lector se queda muchas veces conmocionado al ir descubriendo la fascinación que se va a ir derivando de sus actos y de los pocos escrúpulos que caracterizaron a este hijo ilegítimo nacido en Austria en los tiempos del Imperio.
Todos estos datos van a ser importantes en su vida, por la manera en la que le influyen y por la forma en la que los utiliza cuando lo cree conveniente, y no serán pocas las ocasiones en las que, por ejemplo, su nacionalidad constituirá un problema para él.
Como estafador y embaucador que era, Filek buscó y encontró a lo largo de los años a diferentes víctimas a las que desplumar, ya fuera con modos distintos, sacándole dinero a su casera cuando en realidad era a ella a quien debía dárselo, o con un modus operandi parecido, caso de la gasolina sintética, que es el leit motiv de sus engaños, y lo que centra la novela, para encaminar sus pasos hacia el Caudillo de España, que es quien aparece en el título de la misma.
Resulta alucinante acercarse a cómo iba refinando la fórmula dependiendo de a quién quisiera vendérsela, utilizando la psicología del buen embaucador para, de ese modo, y con palabras cercanas al léxico del timado, convertirse a sus ojos en una persona más digna de confianza.
Como bien explica Martínez de Pisón en sus páginas, cualquiera con un mínimo de conocimiento y de sentido común se habría puesto en guardia de inmediato respecto a todo cuanto Filek le vendía, pero en un personaje tan astuto, que sabe utilizar el lenguaje apropiado, sin más comprobación de nada, el timado caía pronto en sus redes.
Y si no lo hacía, ya se ocupaba él de usar sus contactos y de citarlos en el momento apropiado para terminar de tender una red infalible. Porque su vida fue mitad verdad y mitad mentira, o más mentira que verdad, aunque la verdad la utilizaba con una precisión tal que aparentaba ser mayor que la que era. Y leer hasta qué punto se hacía con la confianza ajena gracias a ese buen uso a veces da vértigo. Y resulta hasta doloroso.
Porque Filek llega a convencer al gobierno del régimen de que su gasolina sintética es lo mejor que le puede pasar a España, a pesar de que su fórmula es una auténtica locura. Incluso se llega a publicar en el BOE que la fábrica que Filek necesita para su continua creación es declarada de Interés Nacional y se comienza con los trámites para su construcción, que acarrearía la expropiación de algunas fincas en Coslada y otras en Barajas…

Filek. El estafador que engañó a Franco está documentado con una exactitud abrumadora de fechas, datos, nombres, títulos, apodos, lugares y demás que Pisón ha ido recopilando durante muchos meses, según su propio texto cuando él parece como narrador para recordarnos que estamos leyendo algo real. En ocasiones hay sombras en las precisiones, que a veces deja en el hecho de que no les puede aportar más luz, pero otras intenta iluminar el camino con conjeturas que resultan, con lo dicho y leído hasta el momento, casi tan apasionantes como la realidad de la que se hace eco.
Una amplia bibliografía, notas aclaratorias o un índice onomástico dan cuenta del trabajo que hay detrás de una novela que nos habla de alguien que en el cómputo global de la Historia no es más que un bufón secundario en un régimen al que casi engaña, pero que a muchos otros que también son grandes desconocidos para la humanidad sin duda destrozó la vida, y eso no es una anécdota para los que en su momento lo denunciaron.
Como buen trepa y hombre vividor sin escrúpulos no tenía reparos en ir subiendo de escala para sacarle el mayor rendimiento a quien se lo propusiera, fuera del bando que fuera en una Guerra Civil en la que vio oportunidades en todos los flancos. Y su historia la cuenta Pisón con un estilo narrativo documental apasionante. El lector no puede sino dejarse llevar por su prosa, que aunque prolija en datos y detalles no significa que se haga pesada y aburrida. Todo lo contrario. Es un placer, literariamente hablando, no poder parar de pasar las páginas.
Tal vez lo que el lector encuentre un tanto llamativo sea la cantidad de datos que se ofrecen antes de que Filek tome contacto con el Gobierno del Movimiento y lo rápido que pasa por cuanto ocurrió en él. Su vida en las cárceles es exhaustiva mientras que su logro al lado de los hombres del Generalísimo es un abrir y cerrar de ventana para que entre un poco el aire tras tanto vivir encerrado entre paredes.
Pero una vez asistimos a ese capítulo de su vida resultará aún más apasionante lo que ocurrió una vez se descubrió el engaño, incluyendo un episodio con judíos que hiela la sangre tanto o más que lo descubierto hasta ese momento. Filek era capaz de todo y ese todo no tenía límites.
Y como en toda película que acaba después de los créditos, aún tenemos más información sobre Filek en el epílogo. Y es tan increíble como muchas de las cosas que hemos ido leyendo sobre él.
Ignacio Martínez de Pisón está de plena actualidad gracias a la adaptación a serie de televisión, de 6 episodios concretamente, de su novela El día de mañana, que dirige Mariano Barroso y ha producido y emite Movistar +, pero una vez leído Filek. El estafador que engañó a Franco uno se da cuenta de que ahí hay otra serie, o película documental si se prefiere y es posible resumir en tan poco tiempo, porque esta historia contiene la misma fuerza que la protagonizada por Oriol Pla, Aura Garrido y Karra Elejalde. Y no se aparta mucho tampoco del tiempo por el que flota El día de mañana.
Y es que cuando se cierra el libro con todo él leido uno se da cuenta de que si primero, como admite Pisón en las últimas páginas, el autor se obsesionó con su personaje, ahora nosotros también hemos quedado atrapados en esa narración fascinante y terrible, divertida por increíble y durísima en su autenticidad.
Alguien como Filek puede inventarse, y sería asombroso que hubiera nacido de la mente de un escritor sin haber existido previamente, pero qué mejor que conocerlo de la mano de quien le ha seguido toda la pista posible y nos ha regalado un relato semejante.
Silvia García Jerez