ESCAPE ROOM: Ingenio y muerte
Las Escape room son muy divertidas, pero en el cine se convierten en un infierno. Al menos para quienes las sufren, porque en la ficción están llenas de trampas mortales de las que hay poca posibilidad de escapar.
Es el caso de la que nos ocupa, o de las que nos ocupan, porque aquí una da paso a otra y a toda prisa, que no hay tiempo para resolver todos los acertijos en cada una… sí, es irreal que con los minutos pisando los talones se pueda sacar algo en claro, con los nervios y el péndulo de la muerte amenazando, pero es una película, el público tiene que pasarlo bien. Y lo consiguen.
Este Escape Room claro que recuerda a otros como el de la estupenda La habitación de Fermat, o a la angustiosa Cube, en la que también sus personajes tenían que buscar la salida pasando de cubo en cubo sin encontrar previamente la muerte, pero aunque ya hayamos visto películas parecidas no importa, mientras no cuenten bien una más, todo es bienvenido.
Aquí, un grupo de chicos recibe, cada uno por separado, y por correo, un cubo en el que se les invita a una experiencia única. Y allá van, a un edificio cuya dirección consta en el envío. Y cuando llegan descubren que están en un escape room, que uno de los chicos es un experto en ellas, por lo que la confianza de todos en él los tranquiliza, relativamente, y quedan a la espera de que alguien los atienda para dar comienzo a la aventura.

Escape Room es el Saw para una nueva generación que dice que no pero que requiere de historias parecidas con nuevos actores continuamente. Un Saw en el que no haya sangre, en el que quienes se luzcan no sean los maquilladores creando muertes gore sino los guionistas, diseñando pruebas cada vez más complejas para que los chicos se escudriñen y los espectadores se lo pasen de maravilla.
Porque uno se lo pasa muy bien viendo Escape Room. No inventa nada, como ya ha quedado dicho, pero no importa, porque los puzzles siempre funcionan y más cuando hay poco tiempo para vivir o morir. Entonces el reto ya se vuelve apasionante.
Y lo es desde la escena inicial. Y la sufres con ellos, y tratas de buscar con ellos las pistas que les hagan resolver los acertijos, y gracias a su improvisada convivencia vamos a irlos conociendo a todos con los datos que aportan ellos mismos o los que cada habitación les tiene preparado, porque los detalles que van encontrando tienen relación directa con sus vidas y eso les hace llegar a una conclusión espeluznante.
Escape Room es un film ejemplar en su rango, en su género. Pero no es perfecto. Le falta saber acabarla, no divagar en el tramo final como lo hace solo para poder darnos una excusa para hacer una secuela, y quién sabe si convertir la película en saga. Si quieres hacerlo hazlo, pero no marees. Haces como en Saw, un guion detrás de otro. Un Bond más, no te cortes, ya está asumido, pero no te cargues una buena película estropenándolo todo en los quince minutos finales.
Pero hasta ese momento, nada que reprochar a una película de lo más entretenida, consciente de las cartas que quiere jugar y de cómo quiere hacerlo. Hay habitaciones en esta película que son joyas, la del bar es una maravilla, digna de aplaudir, pero no es la única.
Por lo tanto, Escape Room fue un cierre perfecto a la Muestra Syfy 2019 y, a punto de estrenarse en salas, será también un título con todas las posibilidades para triunfar en taquilla. Merecidamente.
Silvia García Jerez