CUENTA ATRÁS: Pinceladas del mejor cine clásico

Cuenta atrás es el nuevo trabajo del director de la fabulosa Relay (2024), que apenas vio nadie pero eso no le quita calidad a la joya que era, y de Comanchería (2016), David MacKenzie. Eso ya debería ponernos en guardia, en alerta, porque Comanchería no era una película cualquiera, sino un exquisito western lleno de tensión rodado de maravilla y con un reparto fabuloso encabezado por Chris Pine, Ben Foster y Jeff Bridges, quien logró una nominación al Oscar al mejor actor secundario, mientras que la cinta sumó otras tres: al montaje de Jake Roberts, al guión original de Taylor Sheridan y a la mejor película del año. Quien ha visto Comanchería no la olvida y tiene al director en su lista de realizadores a seguir. Así que, Cuenta atrás había que tenerla en cuenta. Valga la redundancia a modo de chascarrillo como elogio.

El operativo se pone en marcha cuando se encuentra una bomba de la Segunda Guerra Mundial en Paddington

Cuenta atrás comienza con una excavadora en una obra en Paddington, Londres, a la que mandan detenerse cuando asoma bajo la tierra un artefacto de la Segunda Guerra Mundial. Hay que acordonar buena parte del centro de la ciudad, desplegando un enorme operativo por parte de la jefa Greenfield (Gugu Mbatha-Raw), que la lleva a localizar a Will (Aaron Taylor-Johnson), un gran experto en desactivar explosivos que rápidamente se pondrá con la tarea. Y mientras la operación está en marcha, un equipo de ladrones, escondido durante la evacuación del perímetro, se afana en robar un banco gracias a una sofisticada planificación que le permite acceder a las cajas fuertes cuando se ha cortado la luz en la zona. Esta doble acción, la que transcurre en la obra y la que lo hace en lo más profundo de las entrañas londinenses, será sólo en inicio de un film lleno de giros que dejará al espectador fascinado durante todo el metraje.

La cinta dura una hora y cuarenta minutos, pero pasan tantas cosas en ese tiempo de metraje que recuerda al de las películas de los años 40 y 50, esas que no requerían más de noventa para contar enrevesadas tramas de cine negro, que es en realidad el género al que pertenece Cuenta atrás, aunque también tenga acción y thriller. Además, cuenta con un guión que sitúa los distintos giros en lugares estratégicos del relato, que a continuación nos llevan a otro nivel del mismo, unos puntos de giro, como también se los conoce, que son estratosféricos, más pinceladas del mejor cine clásico. También del más moderno, de los que ha firmado siempre David Mamet desde que descubrimos su enorme talento con Casa de juegos en 1987 y de los que dirigía Sidney Lumet, caso de Antes que el diablo sepa que has muerto (2007), su último y fabuloso trabajo antes de fallecer en 2011.

Sí, Cuenta atrás tiene esa aura de película de antaño, de las que lograban los citados y otros nombres clásicos. David MacKenzie ha realizado películas que ya lo son, y estrena ahora una que debería situarse también en la cúspide de su carrera, porque es frenética, brutal, inteligente, con unos giros que firma el guión de Ben Hopkins que son de leyenda. A todo ello sumamos unos actores soberbios que cumplen a la perfección con sus curiosos personajes y el cóctel resulta apoteósico. Y es que Aaron Taylor-Johnson como el experto en desactivar bombas no puede estar mejor, y Theo James y Sam Worthington, las dos caras conocidas de entre el grupo de ladrones del banco, componen junto a él un elenco formidable capaz de brillar en cada momento con luz propia.

Es una lástima que Cuenta atrás se estrene en pleno verano, porque es el tipo de película que pasa desapercibida entre tantos grandes títulos con muchísima publicidad. Parece, viendo su cartel, que se tratara de una cinta más de acción con personajes estereotipados a los que vamos a ver hacer lo mismo que otros tantos en cientos de títulos manidos y mil veces vistos. Y nada más lejos de la realidad. Porque esta cinta es única, de esas que quien ve recomienda, aunque sea predicar en el desierto, porque es una película espléndida que te va a dejar con la boca abierta, que te va a ir sorprendiendo a cada rato, de esas que te hacen preguntarte en cada giro: ‘¿Y ahora qué?’ Porque su guión es tan fabuloso que no te ves venir nada de lo que va a comenzar a suceder desde que empiece la película. Esas son las que merece la pena ver. En verano o en invierno, es igual. Los clásicos lo son porque son atemporales, y Cuenta atrás tiene madera para convertirse en uno de ellos.

Silvia García Jerez

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