Aquaman

Las cartas sobre la mesa y los cañones apuntando. Este hombre pez tiene clarísimo su cometido. La película navega entre la apoteosis digital y el ridículo más absoluto. No serán pocos (y sobre todo pocas) los que se sumerjan junto a Jason Momoa, el perfecto Dothraki y el inconmensurable Aquaman. Hace ya un par de películas que DC abandonó el tono triste y lúgubre de sus inicios para darle ligereza y alegría a historias, que como ésta, necesitan una sonrisa de oreja a oreja para llevarlas a cabo.

A medio camino entre ‘El Rey León’ y su homólogo de Marvel, `Thor’, la historia de Arthur Curry nace del amor entre una Atlante (natural de la ciudad submarina de Atlantis) que acaba herida en la orilla de una playa cualquiera y el ser humano que la rescata de la mismísima muerte.

La atlante, madre de Arthur, perteneciente directamente a la estirpe real, será acusada de traición por el trato con el ser humano. Será entonces cuando el futuro de Atlantis queda en manos del malvado hermano de Arthur, que no tiene relación con la superficie y que desea declarar la guerra a los humanos.

Desde dentro, un resquicio de la resistencia (Willem Dafoe y Amber Heard), todavía fieles a la madre de Arthur, trabajarán en la sombra para convencer al ya maduro Aquaman de recuperar el Tridente 🔱 que da el control sobre los siete mares y así devolver la paz a su reino.

Aquaman

Pues eso. Desde esta premisa parte el director James Wan (al que preferimos en su faceta más terrorífica) para darte una de cal y una de arena. Pulgar para arriba y las tres puntas del tridente en alto para la exhibición digital, la potentísima banda sonora, la personalidad ‘bobona’ y bonachona de nuestro protagonista, la maravillosa Amber Heard, y el bicharraco descomunal de la muy muy grandiosa última media hora.

Puntada directa al trasero todo lo demàs. Porque, francamente, es bastante malo. Y lo más sorprendente, en dos casos concretos, cutre. Entre el apabulle generalizado de los cromas y la digitalización del medio acuático, encontramos, en los breves (y merecidos) momentos de paz, dos disfraces cutres. Cutrísimos. Más propios de aquella serie televisiva de los Power Rangers que utilizaba planos contrapicados para hacer parecer gigantes a los villanos (¿los recordáis?). Inexplicable dentro de una superproducción de este calibre.

Lo que está claro es que DC va con todo. Teniendo en cuenta sus predecesoras de La Liga de la Justicia y el tono aburrido y grisáceo de ‘El hombre de acero’, declaro, entre el batiburrillo generalizado del guión, la electricidad de la dirección de un director en auge como Wan, la película de ‘Aquaman’ como la mejor peor película de DC hasta la fecha. La màs deshinibida, elèctrica y espectacular.

Bajo el agua no hay respiro (como todos sabemos) y en la superficie los pequeños oasis y remansos de paz generan alguna frustración, pero, qué demonios, si hay algo que te escama, pelillos a la mar, y chucherías en mano.

Aquaman  es (a ratos bacalao y a ratos lenguado) el blockbuster navideño que devorarás gustosamente. Peor película que la sorprendente Bumble Bee, es la mariscada final del 2018.

 

Juan Ignacio Ocaña

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