EL FINAL DE OAK STREET: El regreso de los dinosaurios
Imagina qué pasaría si tras ver un fogonazo una noche, los dinosaurios invaden tu barrio. En El final de Oak Street es precisamente lo que ocurre debido a que el barrio se ve trasladado a otro lugar y a otro tiempo debido a un fenómeno cósmico. Y la familia Platt se sumerge, junto a sus vecinos, en una aventura para poder sobrevivir entre criaturas que desaparecieron hace 200 millones de años.
Se puede indagar más en el argumento, pero básicamente es ese. Así de simple. La cuarta película de David Robert Mitchell, tras El mito de la adolescencia (2010), que no vimos en España, pero cuyo segundo trabajo, It Follows (2014) supuso un fenómeno del cine de terror que aún hoy, a quien esto escribe, le resulta incomprensible. Y no puedo decir por qué porque explicarlo supondría estropeársela a quien aún no la haya visto. Cuatro años más tarde estrenó la estupenda Lo que esconde Silver Lake, y ha tardado desde entonces en traernos una nueva película. Eso sí, es la primera de su carrera con estrellas en su reparto, por lo que eso siempre es más llamativo y puede parecer que la película es mejor.
Porque cuando se cuenta de qué va El final de Oak Street se dice que son dinosaurios invadiendo un barrio con Anne Hathaway -en el que es su cuarto estreno del año tras El diablo viste de Prada 2, La Odisea y Mother Mary, y aún le queda Verity: La sombra de un engaño el 2 de octubre- y Ewan McGregor como el matrimonio protagonista que intenta sobrevivir junto a sus hijos. Y ya la has vendido. Es de imaginar que a David Robert Mitchell, en cuanto le contó su idea a los ejecutivos de Warner, porque el guión también es suyo, como habitualmente, obtuvo el sí en la primera reunión. Los dinosaurios venden y con dos estrellas de ese calibre, más. Y el pasado de Robert Mitchell con It Follows como tarjeta de presentación redondea la lista de bondades a tener en cuenta.
Y lo cierto es que luego vas viendo la película y se van acumulando las preguntas. Por qué es tan reiterativa, por qué los dinosaurios no acaban de llegar, por qué el guión le da vueltas a lo mismo una vez llegan. Por qué la banda sonora, de Michael Giacchino –Spider-Man Brand New Day-, es tan machacona y estridente, sacándote de la historia en varias ocasiones. Por qué los protagonistas están tan mal dibujados y hacen cosas raras para que sus profesiones encajen con calzador en su complicada situación sentimental. Y algunas otras preguntas más, porque en general, El final de Oak Street es una película sin demasiado sentido que se hace muy larga repitiendo su propio esquema hasta que se cumple el tiempo de metraje establecido por la ficha técnica.
Y es una lástima. Tenía todo lo necesario para ser una película excelente, incluso con la producción de J.J. Abrams, que es un buen padrino del cine comercial entretenido. Tal vez productor y director -que también produce- se han visto, eso sí, obligados a ofrecernos un largometraje un poco menos adulto, más familiar, en el que la violencia propia de este tipo de invasiones se vea reducida a mínimos, sin planos en los que veamos morir a las víctimas, más allá de saber que está siendo su turno. Porque El final de Oak Street si algo es, es una película para toda la familia, también con un mensaje positivo de cara a permanecer juntos sin rencillas, que eso en el cine de Hollywood también es importante. Eso no es excusa para que le quede una película peor de la que esperábamos, el cine familiar es maravilloso también si se consigue que lo sea, pero en este caso no ha sido así.
Y tiene momentos ridículos, algunos de ellos relacionados directamente con los dinosaurios. Posiblemente esa sea la intención, parte de la diversión a la que el director aboca la película para liberar tensiones de las persecuciones por los patios del barrio, pero es increíble el punto al que la película llega en este aspecto. No habíamos visto a los dinosaurios así hasta ahora. Y no nos hacía falta verlos de ese modo tampoco.
También llama la atención la finura visual de David Robert Mitchell en el arranque y su dejadez posterior. Comenzamos viendo lo que ocurre en primer plano y también la acción que tiene lugar en segundo o tercero. En el barrio pasan cosas mientras los protagonista hacen otras. Y eso está muy bien. Pocos cineastas tienen la profundidad de campo tan en cuenta. Pero de repente eso se le olvida y pasa a hacer primeros planos desconcertantes en conversaciones en las que el interlocutor tiene la dimensión que debe. Por lo que la descompensación es tan grande que resulta incluso desagradable a la vista. No se entiende que Robert Mitchell haya tomado esas decisiones tan poco favorecedoras y más en una película comercial. Y a partir de ahí el resto de la dirección es tan rutinaria como evidente. Ya no vamos a ver nada más rompedor en la pantalla.
El final de Oak Street tiene cosas buenas, pocas pero las tiene, y unas cuantas muy discutibles. Lo malo, en su conjunto, es que la película es demasiado larga y tiene muy poco que contar. Y alargar su historia para adecuarla a un largometraje resulta tedioso y aunque cuente con momentos llenos de adrenalina, cuando ésta pasa volvemos a un drama con poca base y escaso desarrollo. Por lo que el guión pone el foco en personajes, los dinosaurios, que lo único que hacen es pasearse por el vecindario buscando comida. Humana, por supuesto. Y siendo incapaces, en muchas ocasiones, de romper puertas para cazarlos. Cosa incomprensible para ser ellos. Una lástima, repetimos, que la película no esté a la altura de lo esperado. No se puede acertar siempre.
Silvia García Jerez

