SUPERGIRL: Un DC descafeinado

Supergirl llega a las pantallas españolas. La prima de Superman protagoniza esta historia salida de los cómics de DC, en concreto del titulado Mujer del mañana (2021), escrita por Tom King e ilustrada por Bilquis Evely.

En él, Kara Zor-El intenta encontrar su propósito en el universo tras haber asistido, al contrario que su primo, a la destrucción del planeta Krypton en el que ambos nacieron siendo ella una adolescente. Como también, en cualquier caso, tendrá que abandonar su planeta, junto a su inseparable Krypto, el superperro que la acompaña siempre, en el presente del cómic celebra con él su cumpleaños, en una hastiada soledad que la ha convertido en una persona desencantada y desagradable. Hasta que se cruza con Ruthye, una niña que busca a Krem, un criminal que ha matado a su familia a sangre fría y pretende vengarse de él. Las circunstancias harán que Kara decida unirse a la niña para ayudarla a vencer al Mal.

Y la misma historia cuenta la adaptación a la gran pantalla por parte de Warner, dirigida por Craig Gillespie, responsable de las fabulosas Yo, Tonya (2017) y Cruella (2021), que en este caso no acierta demasiado con el resultado de la presente. Tres guionistas firman la adaptación (Ana Nogueira, Jerry Siegel y Joe Shuster) con Milly Alcock como la superheroína protagonista, a la que acompaña, en el papel muy secundario de Lobo, Jason Momoa.

Supergirl (Milly Alcock) en acción

Y lo cierto es que Supergirl arranca bien, con una secuencia de créditos que promete mucho, pero en seguida todo se va desinflando porque la dirección de Gillespie aquí no funciona, no tiene fuerza, y lo que cuenta interesa poco. Porque una cosa es el guión primigenio, el cómic, y otra cómo se plasma en la pantalla, y aunque tengas un personaje femenino fuerte, con un pasado que la ha marcado, con poderes de calado para cualquier superhéroe masculino, si la protagonista cae mal y está pasadísima en lo que a pasotismo se refiere, es imposible conectar con ella y la película deja de tener interés. Y es que una cosa es ser distante y demostrar que estás harta de cuanto te rodea con socarronería e ingenio, como John McClane en la saga Jungla de Cristal, y otra es que ser una borde carente de empatía te convierta en la persona más brutal del planeta. Eso no pasa con ningún personaje. Incluso los superhéores tienen que ganarse el cariño del público.

Además, Supergirl es fea de ver. No ayuda nada la trama tan estéticamente Mad Max: Fury Road en la que intervienen los villanos, o Jason Momoa, cuyo personaje tampoco es que sea lo más necesario del metraje. Que venga a ayudar con su moto y sus ganchos… para eso tenemos a dos chicas de lo más resueltas, la protagonista y la niña (Eve Ridley), que no requieren de testosterona para salir de sus entuertos. Es fea de ver también en cada escena de acción, en cada momento flash-back, a cada rato de una Kara asqueada de todo. Y por eso, por lo feo que es el conjunto, también aburre muchísimo.

Supergirl con el famoso traje que caracteriza a su familia

Que una película tenga escenas de acción o repletas de efectos visuales no garantiza la diversión, por mucho que Hollywood nos haya convencido de que es así en todos los casos, porque hubo un tiempo en que era raro que la industria del cine más famosa del mundo fallara cuando de introducir escenas de acción en las películas se trataba. Pero ya no es así, no tienen la exclusividad en la brillantez de sus producciones. Los directores asiáticos son, desde hace décadas, una competencia asombrosa. Y sí, hacer cine de acción no es sencillo y puede que su resultado no convenza del todo. Supergirl es una buena muestra de ello.

Si sumamos al disparate un villano, Krem (Matthias Schoenaerts), que es lo más plano y manido dentro del género, tenemos una superproducción nada atrayente que ni siquiera su atractiva protagonista es capaz de salvar. Actores que no brillan demasiado, personajes que no son interesantes y una dirección que no logra que nos guste el conjunto. Una lástima, porque el cómic del que surge esta adaptación tiene el material necesario para que se pueda obtener de él una buena película. Por lo pronto, en sus viñetas Kara no es en absoluto desagradable. No parece necesario que en la gran pantalla deba serlo para construir a una superheroína con entidad y enorme personalidad. Pero hay quienes piensan que ser borde es un requisito para hacer creíble a una chica con capa. Aseguramos al responsable de la idea que en 2026 no.

Aún así, queremos más películas de Supergirl. Queremos ver más aventuras de este personaje, que en el fondo es tan fascinante como el de Superman, pero ha tenido menos foco, habiendo surgido en 1959 como una extensión del universo de su primo. Sólo esperamos que las próximas que nos lleguen sean tan buenas como queríamos que fuera ésta.

Silvia García Jerez

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