CASO 137: Investigando las evidencias

Caso 137 recoge, de manera ficcionada, una de tantas historias reales de jóvenes que resultaron heridos en las manifestaciones de los Chalecos Amarillos en la Francia de Emmanuel Macron entre 2018 y 2020. En concreto, la cinta pone el foco en el 8 de diciembre de 2018, en un chico que, en situación de indefensión porque no tenía nada en las manos cuando se disponía a huir de ellas, fue alcanzado por un proyectil lanzado por las Fuerzas Policiales.

La madre pone la denuncia y del caso se encarga Stéphanie (Léa Drucker), investigadora de Asuntos Internos que inicialmente encuentra que todo es muy rutinario hasta que profundiza en lo ocurrido y no le cuadra como lógico nada de lo que va descubriendo. Sabe que algo no está bien a medida que va interrogando a la dotación de policías que aquella tarde intervino en los disturbios y en concreto en el lugar de los hechos que la madre denuncia. Su hijo quedó herido, está inconsciente en el hospital, y los responsables no reconocen haber agredido a nadie.

En medio de la investigación, Stéphane da con un detalle que parece casual pero en el que ella cree que debe profundizar. Y una vez agarra ese hilo está decidida a no soltarlo porque puede que ahí esté la clave de cuanto necesita para resolver el caso. Para demostrar su teoría acerca de la culpabilidad de los agentes y poder darle la razón a la familia del chico herido.

Stéphanie (Léa Drucker) es la agente encargada de la investigación del caso

Caso 137 es la nueva película de Dominik Moll, director de cine francés nacido en Alemania, responsable de títulos tan sobresalientes como Harry, un amigo que os quiere (2000), con un jovencito Sergi López como escalofriante protagonista o de Solo las bestias, otra cinta colosal que filma en 2019 con un Denis Ménochet al que ya habíamos visto en Custodia compartida (2017). La que ahora estrena Dominik Moll no es inferior, es únicamente diferente.

Sigue contando con el mismo ritmo y la misma tensión que caracteriza su cine. Ni un segundo de respiro en las dos horas de metraje que dura. Y toda la naturalidad de la vida real condensada en la pantalla.

Eso es muy difícil de captar. Parece, en todo momento, que estamos ante la cotidianeidad de la agente, que Dominik Moll hubiera metido la cámara en los pasillos, en los despachos, sin que los actores lo notaran, pudiendo, así, sumergirnos de la manera más natural en el día a día del trabajo de sus personajes.

Y la investigación es apasionante. Los giros se dan de forma tan orgánica que apenas nos damos cuenta de que el tiempo avanza, de que llegamos a las dos horas de relato. Caso 137 vuela y vamos progresando en la pista encontrada por Stéphanie con una fluidez como no estamos acostumbrados en el cine norteamericano, que se anda por las ramas para conseguir estirar los minutos aunque éstos no tengan un contenido de interés para la historia que se narra.

Caso 137 es apasionante, absorbente, Nos va sumergiendo en lo ocurrido y vemos la realidad no manipulada por quienes no quieren afrontar lo sucedido. Y nos indigna. Pero nos damos cuenta de que esas situaciones de injusticia nos suenan, no nos son ajenas, porque el comportamiento es el mismo que el visto en otros lares, en otros países, en otros estamentos. Los delitos pueden serlo pero las pruebas también deben ejercer su función y servir a su propósito con la precisión requerida. Si no, es como si no las tuviéramos.

Caso 137 es una película estupenda que recoge no sólo un momento de la Historia de Francia, también es un retrato de cómo la gente de a pie tiene que luchar para demostrar lo que otros quieren ocultar. Y lo hace con las herramientas del thriller y del policíaco más brillante, por lo que el resultado del film es tan espléndido que debería ser un éxito de taquilla no sólo por suponer un espejo de la más cruda realidad, también porque es un maravilloso ejemplo del cine de la mejor calidad.

Silvia García Jerez

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