BACKROOOMS: Angustia por los pasillos
Backrooms llega a los cines españoles el 5 de junio pero muchos espectadores ya habían estado en ellas, en esas habitaciones fantasmagóricas en las que la cámara encuentra cosas aleatorias, sin sentido alguno, con un acceso a la siguiente habitación, o a un pasillo que no sabemos a qué otra habitación dará. Habitaciones sin fin, sin una entrada inicial ni una salida a la vista. Esas Backrooms nos las presentó su creador, Kane Parsons, en enero de 2022 en YouTube.
Parsons era entonces un chico de 15 años que empezó a subir vídeos extraños en los que sólo vamos a ser testigos de cuanto capta la cámara de quien va grabando. No hay personas en lo que muestra, siempre se trata del punto de vista subjetivo de quien recorre habitaciones y hace comentarios de cuanto ve, que son los mismos que haríamos cualquiera de nosotros al observar cuanto tenemos delante. A esos vídeos, 22 que podemos ver en la plataforma anteriormente citada, los llamó The Backrooms y consiguieron millones de visualizaciones. Se hicieron tan virales que A24, la célebre productora de cine de terror y películas fuera de lo habitual en la industria, llamó a Parsons para que convirtiera sus cortos en un largometraje. Y el resultado ya va a llegar a las pantallas españolas.
Eso sí, ya se ha estrenado en Estados Unidos y en unos cuantos países más, y lo ocurrido con Backrooms está siendo una auténtica locura. Porque la producción ha costado 10 millones de dólares, y de momento lleva recaudados 118 a nivel global. En tan sólo 3 días desde su lanzamiento se ha convertido en el quinto título más taquillero de la historia de A24 y ha sido el mejor estreno de la productora en más de 30 países, triunfando entre la audiencia más joven, en público por debajo de los 21 años. Y ya se ha anunciado su segunda parte.
Backrooms, en su salto al cine, ha tenido que adaptar algún detalle desde la pantalla YouTube. El más obvio es que no puede tratarse de un film que sólo cuente con el punto de vista de la cámara, tiene que haber actores y tiene que contar una historia, hay que darle algún sentido a ese sinsentido que en los cortos sólo requiere atmósfera para triunfar. El cine tiene otros códigos aunque Kane Parsons mantenga la esencia de las habitaciones y los pasillos con elementos extraños.
Aquí, a su protagonista, Clark (Chiwetel Ejiofor) le da una profesión: arquitecto que trabaja en una tienda de muebles. Totalmente coherente. Un arquitecto que se encuentra con habitaciones, pasillos y recovecos, muy ‘de diseño’, tras la pared de la planta baja de la tienda en la que trabaja. Tienda en la que, por cierto, nunca entra nadie… pero en cuya parte fantasmal hay muebles y objetos extraños sin orden ni sentido.
Una vez que Clark entra en esas Backrooms se obsesiona por ir descubriendo qué hay en ellas, siempre quiere ir más allá. Pero también puede salir. Al menos si no se va muy lejos y encuentra la habitación inicial de ese laberinto. Clark suele visitar a una terapeuta Mary Kline (Renate Reinsve, la misma actriz noruega de La peor persona del mundo o Valor sentimental, que ya trabaja en proyectos del cine norteamericano, como era de esperar), que conoce bien su vida, así que le cuenta sus últimas andanzas, pero ella no lo cree. Hasta que un día él le deja en el contestador el mensaje de que no va a volver a su consulta. Mary decide entonces visitar la tienda para hablar con él y da con las Backrooms. A partir de ese momento las vidas de ambos nunca volverán a ser iguales.
Por lo descrito, Backrooms es una película de terror pero en su interior confluyen varios subgéneros. Por un lado, lógicamente, el found footage, o metraje encontrado, con el que nació. Ese subgénero que se dio a conocer con Holocausto caníbal (1980) pero que llegó a su máximo apogeo con El proyecto de la bruja de Blair (1999), un film que se publicitó como real y que muchos espectadores creyeron, al menos en los primeros pases de la película en Estados Unidos, que así había sido. Tres cineastas que grababan un documental en los bosques de Burkittsville sobre la leyenda de la bruja del título, una mujer acusada de serlo y asesinada en 1785. Una vez que se marcharon nunca más volvió a saberse de ellos y tiempo después se encontró ese metraje que fue lo que los espectadores ven al adentrarse en la sala.
Backrooms también es una película Creepypasta. Es decir, que cuenta con una leyenda urbana creada en Internet y hecha viral en la red. Nació como tal, sólo que ahora se le llama Creepypasta porque es otro subgénero de terror actualizado al nuevo siglo. También es terror liminal, o lo que es lo mismo, ese miedo, esa angustia, que causan los espacios aparentemente conocidos que al estar vacíos, o tener elementos sin sentido, nos resultan inquietantes. Espacios diseñados -arquitectura- para que haya mucha gente en ellos y para que tengan una salida inmediata, caso de una tienda, o una consulta médica ante la que unos cuantos pacientes esperan su turno para entrar. Y para salir…
Finalmente, Backrooms es ‘terror elevado’. Ese nuevo subgénero del cine de miedo que engloban las películas destinadas a darlo sin sustos, sólo gracias a la atmósfera, a lo inquietante de su propuesta. Esas en las que parece que no pasa nada porque no hay una música persistente que te indique cuándo va a salir el asesino.
Con todos estos elementos, Kane Parsons construye su Backrooms y consigue el éxito del momento. Lo logra gracias a un talento innato para crear este tipo de universos que ya veremos si en próximos proyectos es capaz de innovar respecto a sí mismo o si continúa con su propia estela hasta desgastarla, pero lo que nos presenta ahora, tanto para quienes conocieron su obra en Internet como para quienes lo descubran en la gran pantalla, es maravillosamente nuevo, original e inquietante.
Crea habitaciones que no parecen tener fin conectadas a pasillos en los que la angustia se hace patente. Por si encontramos a alguien tras el siguiente portal, ya que no hay puertas, sólo agujeros que dan acceso a más habitaciones o a habitáculos en los que puede haber cualquier cosa. Todo descontextualizado, todo sin que sepamos cómo llegó ahí o por qué está donde está. Por eso da tanto miedo. Imagínate caminando por allí y esperando encontrar algo con sentido. Simplemente es fascinante. Y muy inquietante.
Estar dentro de los Backrooms es más interesante que estar fuera, pero el metraje que se sitúa fuera, en el presente o en el pasado, da pistas de cómo son los personajes, por eso es necesario, para saber por qué hacen lo que hacen, por qué son como son. No explica mucho Parsons acerca de ellos, en cualquier caso, lo suficiente como para que podamos encontrar un sentido a lo que vemos. Incluso cuando más personajes entran en escena, también ahí vamos a tener los datos suficientes para poder entender este universo tan único. O para creer que lo entendemos, que lo abstracto de la historia también da para que cada uno la interprete, lo cual no es malo, a veces el cine también le da especio al espectador para llegar a sus propias conclusiones, por muy aparentemente cerrada que parezca estar la historia.
Backrooms es el experimento más fascinante que ha llegado a las carteleras del mundo en mucho tiempo. Una ópera prima libre y con un imaginario fabuloso que quedará grabado en la memoria colectiva. No sabemos si como ejemplo único, como lo fue Matrix, cuyas copias posteriores no duraron mucho tiempo, a lo sumo un par de años, y fue ella la que prevaleció, o si lo hará creando un estilo con ella a modo de referencia. En cualquier caso, disfrutemos del fenómeno en el que Backrooms se ha convertido y aplaudamos el hecho de tener un film de terror original e inquietante en las salas. No pasa muy a menudo.
Silvia García Jerez


