LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRA VIDA: Crónica del éxito inesperado
El documental sobre el grupo musical Los Hombres G se estrena en cines repasando su historia de éxito enfocado en lo emocional.
La historia de los Hombres G, el grupo de música pop que surgió en los primeros años 80, bien podría calificarse como un éxito inesperado y de duración inesperada igualmente. En 1983, si eras aficionado a la música en Madrid, tenías todo ganado para devorar todo lo que se cocía en los escenarios de la llamada Movida Madrileña, y, si tenías arrojo, montar tu propio grupo.
El cuarteto que ocupa este documental optó por lo segundo, y gracias a una serie de carambolas en cadena llegaron a lo más alto cuando estaban a punto de tirar la toalla y dedicarse a otras cosas.
Los Mejores Años de Nuestra Vida, impulsado y dirigido por la dupla Charlie Arnaiz y Alberto Ortega al frente de su productora Dadá Films, y coproducido entre otros por A Contracorriente Films o Movistar Plus (que dentro de unos meses lo estrenará en su plataforma), recoge la historia del grupo donde hay espacio para las anécdotas y para las emociones a veces no tan divertidas. Arnaiz y Ortega tienen ya callo en la elaboración de documentales laureados como Anatomía de un Dandy (referido al escritor Francisco Umbral) y están haciendo un carrerón y expertise en otros tantos documentales o series de tv enfocadas en músicos y conciertos en directo, como Waldo de los Rios (Waldo), Ramoncín (Una Vida En El Filo), Raphael (Raphaelismo), Manuel Carrasco (Me Dijeron De Pequeño) o Labordeta (Un País En Labordeta).
La historia comienza cuando tres alumnos del colegio de los Menesianos (David Summers -voz, bajista y clarinetista aficionado-, Javier Molina -de profesión aporrear tambores- y Dani Mezquita (guitarra) tras varias actuaciones con sus grupos amateurs, conocen por casualidad, con el guitarrista Rafael Gutiérrez, hermano del bajista de Tequila que lleva ya más experiencia que ellos por los ambientes de la Movida. Todos se han reunido para sacarse unas perrillas simulando con sus instrumentos ser la banda de los hijos de Rocío Dúrcal y Junior en Aplauso, el programa musical de televisión de más éxito del momento.
A partir de ahí, gracias a la creatividad de Summers, que suele tirar de su imaginación para las letras que hereda del talento de su padre -el famoso director de cine Manuel Summers-, cosechan un repertorio que se dedican a presentar con más asiduidad y casi para los amiguetes en salas como Rock-Ola o, finalmente, en Autopista, la discoteca alojada en el Centro Comercial de La Vaguada.
Cuando todo está alineado para que sea su última actuación que, además, por los efluvios del alcohol y más incidencias resulta desastrosa, un cazatalentos como Paco Martín se fija en su desparpajo y frescura, hasta el punto de empeñar parte de su patrimonio en apostar por ellos. A partir de ahí, su aspecto de chicos sanos, y el pelotazo de éxitos como Marta Tiene Un Marcapasos, Venecia, Sufre Mamón etc. logran que se le catapulte al estrellato que otros grupos también con vis cómica como Los Nikis o Siniestro Total (grupos coetáneos a los que los Hombres G adoran) no lo consigan con esa magnitud.
Si ellos sólo son cuatro amigos, que siendo eso, sobre todo amigos, querían formar el grupo para pasárselo bien y ligar con chicas, se encuentran inmersos e la vorágine de ser aupados al éxito masivo por los y sobre todo las fans, que les persiguen hasta extremos inconfesables, incluso rodar películas de cine -con el patrocinio del padre de David Summers- como hacían los Beatles en el fragor de la beatlemanía. Recordemos que la relación de amor de Los Hombres G con el cine también dura hasta nuestros días, como bien se encargó David Serrano de recoger en 2022 en Voy A Pasármelo Bien, la historia simpática de unos chavales obsesionados en su tiempo con su musica que bien merece un visionado aunque sea por los números musicales y la ambientación ochentera.
Pero volviendo al grupo, el caso es que el asunto se desborda y traspasa el charco para ser devorados por la pasión de sus fans en países hispanoamericanos como Perú, Colombia o México, locura colectiva que queda bien patente en el documental, traspasando a los seguidores españoles.
Todo esto se cuenta con la amenidad marca de la casa de Arnaiz y Ortega, usando recursos como animaciones etc, y que además se vale del material de archivo numeroso de los medios audiovisuales y que los componentes del grupo han conservado (especialmente Summers y Mezquita, que llevaba su propio diario).
El documental también se apoya en testimonios de colegas y amigos y de los acompañantes de este viaje, como son sus músicos de apoyo o personal auxiliar para contener los ímpetus de las fans, labor que ejecutó en su tiempo personajes como Antonio Rodriguez Esqui (por El Esquimal) o el luego famoso humorista y presentador Juan y Medio. La presencia del público hispanoamericano es especial, retratados con la pasión que le caracteriza.
Llegamos al culmen emocional del largometraje cuando por el agotamiento del éxito masivo que explota especialmente en Hispanoamérica, surgen las rencillas en un grupo que en pleno chute de éxito hasta dan el paso de vivir a un paso del otro, y la decisión de apartarse del mundanal ruido, sin fecha de vuelta. El documental tiene la virtud de lograr inmersión en las tribulaciones de los componentes, que pasan por vaivenes emocionales en una montaña rusa de la gloria al “Y yo ¿qué hago ahora?”
Finalmente, se narra el final feliz con la reconciliación tras 10 años, con canciones más maduras que inesperadamente logran reconectarles con su público que les ha estado esperando y les sigue sin abandonar hasta hoy, a punto de embarcarse en una larga gira de reencuentro con sus fans, peinando canas sus componentes.
Los Mejores Años de Nuestra Vida (que el grupo se encarga de aclarar que contrariamente a lo típico, y sin desmerecer todo lo bien que se lo han pasado en la cresta de la ola, están sucediendo ahora) es una historia de amistad, de emociones, de diversión, y un canto a la vida con el que disfrutaran los fans. Y, en el caso de aquellos que no les tuvieran especial devoción, podrán conocer una historia con una cara B que viene a parafrasear el dicho de que los ricos también lloran, para concluir que no todo es tan bonito en el éxito.
JAVIER SAN VICENTE


