MARTY SUPREME: Un talento en busca de reconocimiento

Marty Supreme es la última película que nos faltaba por llegar de cuantas han conseguido nominación al Oscar a mejor película. Además ha logrado otras 8 candidaturas, lo que por número la convierte en uno de los títulos fuertes de cara a la próxima gala de los premios de la Academia de Hollywood. Otra cosa es que tenga posibilidad de ganar alguno en la noche del 15 al 16 de marzo. Tal vez únicamente el de Timothée Chalamet como mejor actor, quien ya obtuvo el Globo de Oro como mejor intérprete dramático por su trabajo en el film.

Se trata, pongámonos en situación, de la historia real de Marty Mauser… bueno, en realidad se llamaba Marty Reisman, Marty Mauser es un personaje ficticio basado en el auténtico, un tipo que desde muy joven supo que tenía talento para ganar a nivel mundial en los campeonatos de Tenis de Mesa, deporte también conocido como Ping Pong. Su intención es demostrar su valía en Tokio, en la gran final que va a tener lugar allí, donde habrá de enfrentarse con un compatriota de los japoneses, el gran Koto Endo (Koto Kawaguchi), un ganador invencible que Mauser ve incluso inferior a él.

Marty Mauser era un joven muy precario que trabajaban en la zapatería de su tío y que necesitaba un dinero que no tenía para poder acceder a los torneos importantes en los que quería participar. Así que para conseguirlo Marty mentía, estafaba, se metía en líos para salir de otros que también él había generado. Era un vividor y se acercaba a las personalidades más destacadas de la sociedad si eso le traía beneficios, caso de la gran estrella del cine clásico Kay Stone (Gwyneth Paltrow), con la que llega a una amistad íntima.

Fuera como fuese, Marty Reisman consiguió ser campeón en esta disciplina deportiva a finales de los años 50 y en 1997, con 67 años, fue el el hombre con más edad que ha ganado una competición nacional en un deporte de raqueta. En concreto el Campeonato Nacional de Hardbat de Estados Unidos.

Marty Mauser (Timothée Chalamet) siempre huyendo de los líos que él mismo provoca

Marty Supreme no llega a contar tanto, se queda mucho antes en la vida del jugador, pero sí abarca un metraje de dos horas y media de duración. Pero lo cierto es que debido a tantos acontecimientos como suceden a lo largo del mismo, la película cae del lado de la extenuación. Pasan tantas cosas, Marty provoca tanto caos a su alrededor, que agota. Y siendo el tramo final espléndido para entonces ya estamos fuera debido a la intensidad de la narrativa.

La dirección de Marty Supreme corre a cargo de Josh Safdie, tras separarse artísticamente de su hermano pequeño, Benny, que estrenó el pasado año The smashing machine, protagonizada por Dwayne Johnson y por Emily Blunt, y con quien codirigió la excelente Diamantes en bruto, con un Adam Sandler apoteósico que a pesar de su excelencia no fue nominado al Oscar. Benny no ha logrado que su trabajo con quien es también conocido como The Rock fuera candidato a Oscar, pero Josh, por su parte, ha copado unas cuantas categorías, tres de ellas para él mismo como director, coguionista junto a Ronald Bronstein y como montador también junto a Ronald en esta labor.

Y lo cierto es que tanto por parte de un hermano como por parte del otro, su trabajo previo al que han rodado por separado era infinitamente mejor que los dos que le han sucedido. Diamantes en bruto estaba mejor contada y era mucho más apasionante. Y también estaba mejor dirigida. Es una lástima que la Academia ignore excelentes trabajos para nominar o premiar otros inferiores porque se dio cuenta de que entonces debió haberse fijado en el que dejó pasar.

Marty Supreme es un tanto caótica, con un montaje tan frenético que es posible que olvidasen incluir escenas o planos que se quedaron por montar para clarificar algunos de los actos que vemos en la película. Y recuerda tanto a Diamantes en bruto en su celeridad y en los líos que provoca el protagonista que casi podría confundirse con ella. Pero no, porque la de Adam Sandler es mejor y porque, al fin y al cabo, los protagonistas de ambas están fabulosos.

Timothée Chalament es un actor mayúsculo. A sus 30 años ha conseguido un estatus y un prestigio que se ha ganado con su mero talento. El año pasado fue de los favoritos para hacerse con el Oscar por su interpretación de Bob Dylan en A complete unknown y aún mereciendo ganar, perdió. Pero por Marty Supreme también lo merece. Menudo titán de la gran pantalla. El año pasado en los discursos de los premios que sí obtuvo afirmó que quería ser como Marlon Brando, y lo cierto es que lo está consiguiendo. Esperemos que no acabe sobreactuando, como a partir de cierto momento de su carrera se le achacó a quien se hizo célebre como Vito Corleone.

Por lo pronto, se prepara concienzudamente sus papeles. Ha estado años jugando al ping pong en secreto. Lo hizo mientras rodaba Dune 2 o Wonka, tanto es así que su destreza impresionó a quien debía prepararlo para interpretar a Marty, Diego Schaff. Pero es que para A complete unknown también estuvo dando clases de guitarra, de armónica y de canto, ya que no utilizó playback y su voz parece realmente la de aquel joven Dylan que comenzó a ser una estrella en el tiempo que relata la película. Chalamet ha estado demostrando que además de actitud, para lograr un nivel como el suyo también hay que tener aptitud. Es decir, no sólo hay que ponerse a hacer lo que requiere el personaje, también hay que llevar dentro aquello que te permite transformarte en él, más allá de la apropiada caracterización.

Si ahora Chalamet ganara el Oscar estaría justificado. Es un actor admirado y bastante consagrado en la industria que se consolidaría como uno de los grandes de su generación, aunque ya por prestigio lo sea. Pero también es verdad que Chalamet es, digámoslo ya, lo mejor de Marty Supreme. Su talento y su carisma, que lo tiene a raudales, hacen de la cinta un largometraje mejor de lo que es. Él es el alma de una película que se hace pesada, pero su trabajo es tan brillante que absorbe la energía que la cinta debería tener y va soltando a la mitad con tanta intensidad en el relato.

También el hermano Safdie que ahora estrena abusa de los primeros planos y eso, a nivel de dirección cinematográfica, es tan agotador como la cantidad de cosas que suceden por minuto. Los primeros planos son por definición muy televisivos, para que el espectador en casa vea bien a los actores. En el cine debe primar el conjunto, el lugar en el que todo ocurre y los actores han de poder moverse con amplitud por el fotograma. De no ser así, en la gran pantalla ver continuamente las caras en primeros planos no es recomendable, ha de estar muy justificado, y el ego de un personaje no es suficiente justificación para llevar a cabo esa decisión.

En cualquier caso, a pesar de todos los peros que pueden ponérsele, Marty Supreme no es una mala película. Es, simplemente más floja de lo que inicialmente pensamos cuando la crítica norteamericana comenzó a ensalzarla. A veces tienen razón y otras no, y en esta ocasión están un poco alejados de la realidad que representa la película. Resulta, no lo vamos a negar, interesante, entretenida por momentos y admirable en otros. Como virtud rotunda, su tramo final es asombroso y eso, al igual que ocurre con algún que otro ejemplo en esta misma temporada de premios, caso de Valor sentimental o de Una batalla tras otra, parece que la hacen mejor, pero sólo es el subidón tras un desarrollo algo aparatoso que nos devuelve en sus últimos minutos la grandeza que esperábamos ver desde el comienzo, y al encontrarla, por fin, damos el conjunto por exultante. Pero no lo es, se trata simplemente un buen final para una película a la que le pedíamos más y que no siempre nos lo dio.

Silvia García Jerez

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