HAMNET: Maravilla surgida de la tragedia
De Hamnet lleva hablándose mucho tiempo. Y muy bien. Ahora, por fin, llega a España y se estrena comercialmente, pero desde que se viera en los festivales de Telluride, el 29 de agosto de 2025, o en Toronto el 7 de septiembre del pasado año, que tiene más repercusión porque el Premio del Público que allí se otorga pesa muchísimo en la carrera al Oscar, y lo ganó, ya desde esos meses del último trimestre de 2025 la película empezaba a obtener respuestas apabullantes por parte de quienes la veían, asegurando que la cinta, si ya era emotiva por la historia que narraba, contaba con un tramo final del que todo el mundo salía secándose las lágrimas.
Porque Hamnet, basada en la novela de Maggie O´Farrell, quien también interviene en la adaptación a la gran pantalla que dirige Chloé Zhao, se acerca a la figura de William Shakespeare (Paul Mescal) en el momento en el que conoce a Agnes (Jessie Buckley), una bruja de esas que leen el futuro con sólo tocar la mano de las personas, y se enamora de ella. Le recomiendan que no se le acerque porque no es la mujer más recomendable con la que estar, de hecho ella vive en el bosque, apartada del resto de lugareños, pero él no hace caso a las habladurías y la elige como esposa y madre de sus tres hijos, la mayor, Susanna, y los mellizos Judith y Hamnet.
Pero a finales de 1500, finales del s.XVI, la peste llega a Europa y el pueblo en el que Agnes vive con sus hijos no será ajeno a ella. William se traslada a Londres a trabajar y apenas está en casa con ellos, por lo que será Agnes la que tenga todo el peso de la familia en casa, junto a Mary (Emily Watson) su madre y abuela de los niños. Y el pequeño Hamnet, en 1596, a la edad de 11 años, fallecerá víctima de la enfermedad, por lo que la casa se sume en una pena inmensa, incluyendo la del casi siempre ausente padre, William Shakespeare, quien ante el dolor se pone a escribir una obra en memoria de su pequeño, un libreto inmortal que titulará Hamlet, que es, en realidad, el mismo nombre que el del niño.
Sí, al comienzo de la película un rótulo deja claro que Hamnet y Hamlet son el mismo nombre. En la Inglaterra isabelina sólo eran variantes fonéticas intercambiables. Y una vez aclarado este dato nos adentramos en esta tragedia que marcó la Historia de la Literatura. Con mayúsculas, por supuesto.
Hamnet es una historia de amor, entre una pareja que se adora y el de ésta hacia sus hijos, a los que también veneran y cuidan como pueden. A finales del s.XVI la medicina no había avanzado demasiado y los ungüentos servían de poco. Además de que ante una pandemia casi nada puede hacerse porque por eso lo es. Si entonces hubiera habido una cura no habría muerto tanta gente ni se habría propagado de la misma forma.
Chloé Zhao, como ya dijimos antes, es la directora de este monumento a la emoción. Nacida en Beijing, China, es la segunda mujer que consiguió ganar un Oscar a la mejor dirección de las tres que lo han logrado desde que la Academia los otorga. Primero fue Kathryn Bigelow por The hurt locker en 2010, luego ella en 2020 por Nomadland y por último Jane Champion por El poder del perro en 2022.
Ahora, en 2026, en la carrera de premios que señala lo más destacado de 2025, Chloé Zhao vuelve a estar en la lucha por las estatuillas gracias a Hamnet, que ya ha ganado el Globo de Oro a la mejor película dramática y a la mejor actriz dramática, Jessie Buckley. Cosechó, además, nominaciones para ella, Chloé Zhao como directora y como partícipe del guión, para Paul Mescal como mejor actor secundario y para la preciosa banda sonora de la película, firmada por Max Richter. A la espera de las nominaciones al Oscar, que conoceremos el jueves 22 de enero, el día antes de su estreno en España.
Lo cierto es que llegue al 15 de marzo, noche de los Oscar, como favorita o no, Hamnet se merece todos los Oscar que pueda conseguir. Porque es una maravilla surgida de la tragedia, un portento cinematográfico en el que todos los departamentos brillan con luz propia. El guión es una filigrana llena de detalles, la dirección de una sutileza portentosa y los actores no pueden estar más sublimes. Paul Mescal tiene momentos donde te eriza la piel, caso de ese en el que corrige a los actores que están ensayando Hamlet. Y Jessie Buckley, como la fabulosa actriz que siempre ha sido, desde que la descubrimos en 2018 con Wild Rose, parece no cansarse de dar muestras de un talento que rebosa en cada fotograma de la película.
Su trabajo en Hamnet es apabullante. Lo suyo es una lección de interpretación continua. Su revelación ante la industria fue en 2008, cuando quedó segunda en el concurso de talentos musicales de la BBC I´d do anything. Voz prodigiosa exhibida también en Wild Rose, en la que interpretó a una expresidiaria y madre soltera en Glasgow que quiere ser una estrella de la música country en Nashville, su carrera no se detuvo ni un segundo, y desde entonces la hemos visto en I´m thinking of ending things (2020), Men y Ellas hablan (2021) o Pequeñas cartas indiscretas (2022), y en el mes de marzo estrenará The Bride!, la versión que Maggie Gyllenhaal dirige sobre la novia de la criatura de Frankenstein, junto a Christian Bale y Penélope Cruz.
Es verdad que no es una estrella, no tiene películas conocidas y su nombre le suena poco o nada al público, pero es de esperar que gracias a Hamnet su estatus cambie. Pero es de desear que no lo haga para mal, que siga eligiendo buenos proyectos y no se enfoque hacia otros en los que no pueda demostrar la excelente actriz que es. En Hamnet vemos cómo, incluso cuando no habla, sólo con los ojos, con su expresión, es capaz de comunicar aquello que no dice pero sabemos que siente. Está colosal demostrando su enfado progresivo con un marido ausente que regresa cuando puede pero que no está cuando se le necesita. Está inmensa cuando su Agnes es feliz con él o rodeada de sus hijos, y por supuesto, eleva ese tramo final en el que se corona como la reina de una película que de por sí le da la base para lograrlo.
Puede que la realización calmada, sosegada, con la que Chloé Zhao la dirige acabe resultando lenta para muchos espectadores, un poco en la misma línea de Nomadland, pero lo que allí era contemplación gratuita y excesiva, aquí es respeto ante los estados de ánimo que los acontecimientos marcan. La noche no está hecha para la rapidez, la poesía, ni siquiera la visual, está concebida para presentarse con aceleración. En Hamnet no paran de suceder cosas pero todas ellas lo hacen al ritmo que les corresponden, y eso, que acaba resultando muy académico, muy tradicional, puede desenganchar a espectadores que esperan más velocidad en los actos narrados.
Y todo está contado con una belleza descarnada, de una forma tan bonita que nos enamoramos de los personajes y estamos a su lado en la alegría y en el dolor, rodeados de una naturaleza acogedora y en una casa en la que podemos admirar el trabajo del departamento de dirección artística. Qué bonito comprobar que todo encaja en una gran película, que todo rima, que nada desentona y que cada elemento está colocado para que la historia nos llegue con la pasión con la que Chloé Zhao la cuenta.
Y cuando ya estamos aplaudiendo el resultado, llega ese tramo final que nos desarma. Menuda manera de concluir esta obra maestra que producen dos titanes del cine, Steven Spielberg y Sam Mendes, mano a mano para que el tercer acto sea apoteósico y lo recordemos con admiración. Cómo está dirigido, qué sutileza tiene cada plano, cada mirada de Jessie Buckley, cada movimiento de Paul Mescal. Es de una precisión inconmensurable. Y la película acaba dejando nuestros sentimientos a flor de piel, en lo más alto de nuestras emociones, demostrando que digan lo que digan los premios es la mejor película del año y así debería ser considerada por la Academia. Desde luego el público primero y el tiempo después en ese lugar la colocarán.
Silvia García Jerez

