PAULINA: el lado oscuro de la sensatez

Paulina 2

Conocer a Paulina es una experiencia. Esta chica, abogada con un futuro brillante, decide volver a su lugar de origen, en la periferia de Buenos Aires, para formar parte de un programa que conculque los derechos humanos en los jóvenes que acuden a sus clases. Con la reticencia inicial de su padre, un juez progresista que años atrás hiciera lo mismo pero que no ve con buenos ojos que su hija lo repita, éste le pide que no cambie su vida por una causa de la que no espera que obtenga nada positivo.
Pero Paulina no cede y se marcha, y todo va bien hasta que una noche, regresando tarde a su casa, para descansar un poco hasta la nueva jornada, es asaltada por un grupo de muchachos. Por supuesto, su vida da aquí un giro, pero ella tiene claro que su punto de vista al respecto de lo sufrido no es igual al que tienen quienes la rodean. Nadie, salvo ella, entiende la decisión que toma, y por más que trate de explicarse, ni sus compañeros ni su padre consiguen estar de su lado.
En comprenderla está el eje sobre el que la película da vueltas. Paulina y su causa frente a un mundo que no sabe por qué toma la decisión que con tanto ímpetu defiende. El espectador, una vez que dispone de las cartas que están en juego, también ha de preguntarse cuál es el lado en el que se posiciona y situarse junto a los que no están de acuerdo con ella no favorece al conjunto de la película, por muy correcta que esta sea.
Porque hay títulos que más allá de su exquisitez formal contienen una vida interior con la que como espectador has de identificarte para que tu empatía te funda con el sentido de la obra, y si en lugar de acercarte a su propósito te aleja, la conclusión es el rechazo. Y con el tiempo, el olvido. O el recuerdo por el efecto contrario, ya que el malestar que pueda provocar una idea contraria a la que uno escogería también puede quedar en la memoria por incomprensible.

Paulina 3Paulina ha tenido una acogida en Argentina absolutamente espectacular. Se estrenó allí en junio y desde entonces todo han sido voces positivas desde su tierra natal, pero, cosas de las Academias, no fue la cinta escogida para representar a su país en los Oscar. En su lugar se envió la estupenda El clan, que no se enmarca tanto en lo que se entiende estrictamente como cine social pero sí cuenta con un relato mucho más acorde con lo establecido.
Es una lástima que suceda tal cosa con una película que podría darle premios importantes a su protagonista, una Dolores Fonzi a la que también hemos visto en Truman en el papel de la prima de Ricardo Darín, y que aquí está extraordinaria, muy por encima del handicap de hacerse cargo de un personaje discutible en su resolución, no en su propuesta, que por otro lado resulta de lo más atractiva. Pero su Paulina, guerrera y luchadora por una sociedad en la que cada uno entienda su posición y la acepten, aunque esta sea contraria a la establecida, se corresponde directamente con la realidad que luego ella pretende reflejar con sus actos. Y la teoría no es igual a la práctica, eso también hay que asumirlo. Más bien, es algo que ella debería tener en cuenta.

Silvia García Jerez

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