HOLLYWOOD: 5 razones de un declive evidente

La famosa estatuilla dorada llamada Oscar

Hollywood ya no es lo que era. Lo parece, porque sigue gastando un montón de dinero en marketing, y el público, por cultura adquirida y por tradición, sigue creyendo en sus logros, pero no lo es. Esa Meca del Cine, como es conocida de manera popular se está apagando. A los que amamos lo que fue nos da pena, porque ha sido un lugar maravilloso con el que poder soñar gracias a películas increíbles, a estrellas que brillaban allá donde estuvieran, a un glamour asombroso, a una carrera de premios que deslumbraba y a un marketing poderoso frente al cual no había película de fuera de su industria que pudiera hacerle sombra.

Pero eso está cambiando. No lo ha hecho del todo, Hollywood aún tiene fuerza para seguir conquistando espectadores, eso sí, desde hace un tiempo su fascinación está decreciendo, su influjo en la sociedad está menguando y su magia no es la misma que proyectaba hace décadas.

Y no es por una razón, no sólo por su falta de creatividad por la cual no sólo no arriesgan con los proyectos, dándonos de menú las sagas, los remakes, las secuelas o las adaptaciones de animación a acción real, sino por varias. Un imperio no se cae en dos días y una industria no pierde poder de la noche a la mañana, pero si miramos atrás con un cierto afán de querer ver las cosas igual que antes nos damos cuenta de que no es posible, ya que hay cambios evidentes que han situado a Hollywood en un claro declive. Un declive anunciado porque no está corrigiendo nada de lo que viene fallando desde hace años. En este reportaje os contamos los motivos por los que Hollywood está inmerso en este ocaso.

1.- FALTA DE ESTRELLAS

Katharine Hepburn, estrella y reina indiscutible del Hollywood clásico

Parece mentira que Hollywood esté adoleciendo de aquello de lo que en el siglo pasado podía presumir. Y de qué manera. Las estrellas de Hollywood eran una obviedad. Había tantas que se decía que el firmamento estaba lleno de ellas. Podríamos rellenar párrafos con nombres que a todo el mundo le suenan. No sólo le suenan, sino que son el motivo por el que a muchos espectadores les ha gustado el cine. Por el que lo normal es que te gustara el cine. Cuando se pregunta: ‘¿Te gusta el cine?’ La respuesta habitual era que sí. El no nunca se contemplaba y si la respuesta era esa te miraban raro porque cómo no te iba a gustar.

Clásicos como Katharine Hepburn, Charlie Chaplin, Clark Gable, James Stewart, John Wayne, Gene Kelly, Gene Tierney, Lana Turner, Vivien Leigh, Bette Davis, Judy Garland, Humphrey Bogart, Ingrid Bergman. Clásicos modernos como Paul Newman, Robert Redford, Barbra Streisand, Shirley MacLaine, Michelle Pfeiffer, Kevin Costner, Clint Eastwood, John Travolta, Tom Hanks, Tom Cruise, Emma Thompson, Leonardo DiCaprio, Julia Roberts, Johnny Depp, Ethan Hawke, Uma Thurman, Robin Williams, Cameron Diaz, Jim Carrey, Bruce Willis, George Clooney, Meg Ryan, Jane Fonda, Meryl Streep, Michael Douglas, Jack Nicholson, Cate Blanchett, Nicole Kidman, Robert Downey Jr.

La lista es casi inabarcable. Y a todos nos suenan esos nombres, ¿no es cierto? Algunos se hicieron famosos en los años 70 y 80 y otros en los 90, unos ya fallecieron, otros están retirados, o trabajando de manera esporádica y algunos terceros continúan en activo, pero son actores míticos de los que podríamos decir más de una película que hayan rodado en sus carreras. Estrenaban película y las taquillas eran una locura. De cifras mareantes, de colas interminables con gente que se quedaba fuera de la sesión a la que había acudido. Sus películas batían récords de los que estábamos pendientes cada semana, Hollywood era el titán del entretenimiento.

También, y en esto pensamos poco, por el hecho de que todos ellos fueron alguna vez portada de revistas prestigiosas, de cine no de moda, algo que contribuía de manera mayúscula a que su fama fuera legendaria. Las estrellas llegaban a negociar su aparición en la portada de revistas internacionales de renombre y ésta, a su vez, se nutría de éxito gracias a ellas. Ser portada de Vogue o aquí en España de Fotogramas constituía un estatus que se ha perdido con el cambio de paradigma de la industria, con el hecho de que actualmente las estrellas ya no son fulgurantes más de dos películas, y, claro está, por la desaparición de los quiscos y la retirada de revistas en muchos de ellos. Se siguen publicando pero ya no se venden como antes, y desde que existe Internet casi son más famosos los influencers que los actores de películas que ya no recaudan lo suficiente como para que sean tan conocidas como cuando no existía esa competencia tan directa, la de unas redes sociales que te hacen viral una semana y pasas al olvido sepultado por otros famosos que no tienen por qué ser actores.

Tom Cruise se ha mantenido como una estrella desde el estreno de TOP GUN (1986)

Hoy las estrellas ya no son lo que eran porque las estrellas de hoy siguen siendo las de ayer. No hay más, no hay una generación de actores que renueven a los que ya estaban. Por poner sólo algunos ejemplos, Leonardo DiCaprio sigue siendo la estrella que era desde en 1997 estrenó Titanic. Julia Roberts sigue siendo la estrella que era desde que estrenó Pretty Woman en 1990. Tom Cruise sigue siendo la estrella que era desde que estrenó Top Gun en 1986. Robert Downey Jr. llegó a ser una estrella mucho más apabullante gracias a su trabajo en la factoría Marvel años después de su nominación al Oscar por Chaplin en 1992. Llevamos, en resumidas cuentas, más de treinta años admirando a los mismos astros del cine. Es bonito si lo pensamos, pero también es desolador.

Actualmente podemos considerar estrellas a Margot Robbie, Jennifer Lawrence, Sidney Sweeney o a Dwayne Johnson, pero si a ellos les sumamos nombres como Anya Taylor-Joy, Saoirse Ronan, Benedict Cumberbatch, Jessica Chastain, Timothée Chalamet, Tom Hiddleston, Brie Larson, Rami Malek, Mikey Madison, Mahershala Ali, Lupita Nyong´o, James McAvoy, Tom Holland, ya la fama sería menos evidente. Porque en muchos casos habría que explicar quiénes son. Situarlos ante el gran público, especificar por qué son conocidos en la industria. Con una estrella eso no pasa, una estrella es famosa por su nombre porque su obra lo es antes que él. O directamente porque ellos hicieron famosas las películas en las que trabajaron. Nadie tiene que aclarar quién es Brad Pitt o Sandra Bullock, Jodie Foster o Anthony Hopkins, pero sí tiene que especificarse por qué son famosos algunos de los primeros citados en este párrafo. Hoy en día hay demasiados actores cuyas caras son un misterio, por lo que en una alfombra roja a muchos espectadores les cuesta identificarlos. Aunque hayan ganado Oscars como algunos de los aludidos anteriormente.

2.- AUSENCIA DE TÍTULOS DE CRÉDITO AL COMIENZO DE LAS PELÍCULAS

Títulos de crédito iniciales de VÉRTIGO

Parecía una moda pasajera, un modelo de modernidad que en breve volvería a su lugar. Pero resultó que no era así, que la moda ha llegado para quedarse. Y cada vez se extiende más el hecho de que empiecen las películas y no veamos nombres de protagonistas, del guionista o del director al principio. Sólo al final. Acaba la que hayamos elegido ver y entonces, cuando el público está recogiendo sus cosas, poniéndose el abrigo y bajando las escaleras de los cines enfilando la puerta para salir, sólo entonces aparecen los nombres de quienes las han hecho. De ese protagonista que te suena. O no. De esa actriz de la que te gustaría saber cómo se llama, pero es que ya la película ha acabado y para qué seguir pendiente de la pantalla.

Nunca se ha hecho eso, y en las televisiones quitan ‘las letras’, como muchos los llaman, enseguida, así que debe ser que no sirven para nada. Pero sí sirven, y es una falta de respeto por parte de las televisiones quitarlos, por cierto.

Títulos de crédito iniciales de SEVEN

¿Os imagináis que el cine clásico tuviera los títulos de crédito al final? ¿Que Lo que el viento se llevó no tuviera esa obertura? ¿Que no leyéramos el nombre de Bette Davis al dar comienzo sus films? Es un sinsentido que el cine clásico no contemplaba. Las estrellas abrían la película y el público los conocía. Las admiraba. Muchas veces hasta las aplaudía.

Ahora incluso films de Steven Spielberg o de Clint Eastwood los identifican al final. Así no se pueden crear estrellas. Parece, como decía anteriormente, una tontería, pero no lo es. Si no se deja claro quiénes son los actores y el equipo técnico al comienzo da la impresión de que al estudio que produce sus películas en realidad no le importa quiénes las hacen, sólo que la gente vaya a verlas. ‘Los créditos al principio distraen, son una molestia’, deben pensar los responsables de los estudios, ‘eliminémoslos, pongámoslos al final y la gente se meterá antes en la trama.’

La secuencia de créditos inicial de la saga BOND siempre es brillante

En las películas de la saga Bond se incluían tras una intro de lo más llamativa. Secuencia introductoria y luego la de créditos, que siempre fueron un escándalo de originales, con siluetas de mujeres, con pistolas lanzando el crédito de fotografía o montaje, con una creatividad que hizo famosos los títulos de crédito iniciales de la saga. Y muchos otros también se hicieron famosos por su imaginación, no eran simples rótulos con actores y equipos técnicos, sino que se presentaban con un envoltorio firmado por autores que se hicieron célebres por ellos, como Saul Bass, que realizó los de Vértigo (1958), West Side Story (1961) o los de algunas películas de Martin Scorsese, cinéfilo empedernido que por su trayectoria contó con él para los de El cabo del miedo (1991) o Casino (1995).

También se hicieron míticos los de Seven (1995), de Kyle y Kim Cooper, de la agencia Picture Mill, pero no hay muchos ejemplos remarcables que hayan pasado al imaginario colectivo porque no se suelen tomar en serio. Actualmente también se ha puesto de moda que tras la secuencia de créditos inicial, que siempre se coloca al final, se introduzca una escena más a modo de epílogo simpático para el film, antes del rollo de créditos en el que ya constan todos los nombres que han trabajado en él, pero se echa de menos que la información principal se sitúe al comienzo, como se ha hecho tradicionalmente, para que de este modo sepas a quién vas a ver si no lo sabes o si leíste la ficha técnica previamente y no lo recuerdas, para no pasarte toda la película pensando en cómo se llama ese actor que te suena y no poder verlo al final porque ya todo el mundo está saliendo de la sala y te interfieren con la luz de proyección en la pantalla.

3.- CAMBIO DE HÁBITOS DE CONSUMO

En muchas sesiones los cines tienen pocos o ningún espectador

Hollywood también está en declive por los cambios de hábito de consumo en los espectadores. Las plataformas han logrado que mucha gente no vaya al cine, sobre todo después de la pandemia de 2000-2001. Muchos asiduos a las salas descubrieron que era más cómodo quedarse en casa viendo una película que desplazarse al cine, y más práctico. Por el precio de una entrada pagan un mes de suscripción y tienen cientos de títulos a elegir, y en muchos casos algunos de los cuales no llegan a sitios pequeños, a provincias o a pueblos donde la distribución se limita a grandes producciones que a lo mejor el usuario no desea ver porque prefiere un cine más independiente del que la sala ofrece.

También las ventanas de distribución han cambiado con el paso de los años y donde antes una película aguantaba en un cine meses y después llegaba a formato físico, DVD o Blu-Ray, ahora eso no pasa: las películas están en cartel un par de semanas, tres a lo sumo debido a la gran cantidad de estrenos que llegan a ellas cada siete días. Los cines han de renovar sus ofertas obligatoriamente, aunque haya títulos que estén funcionando, y dar paso a nuevas películas, y eso desmotiva mucho a los espectadores que piensen que en un mes ya las tienen en las plataformas.

OCHO APELLIDOS VASCOS fue el primer fenómeno de taquilla del cine español reciente

Y tienen razón. Pero eso hace que la película que se retira no logre crear un fenómeno a su alrededor, o que le cueste más porque puede que lo consiga cuando se vea masivamente en los hogares. Y si una película no se hace famosa no entra en el imaginario colectivo y pasa inmediatamente al olvido. Junto con sus actores, su director y sus logros cinematográficos, que no crean escuela ni conversación. Cuando éramos pequeños jugábamos a las películas que veíamos porque su tiempo en cartel las convertía en fenómenos sociales. Hoy sólo se juega con los móviles y la imaginación para reproducir la película que vivía aún en nuestro recuerdo ha quedado eliminada de los hábitos infantiles. Hollywood no puede, así, mantener su aura de industria perfecta.

También podemos destacar un fenómeno que se está dando de manera inevitable y a lo que las plataformas como filmin o HBO están contribuyendo, y es el hecho de que las series han ganando terreno en el consumo habitual de audiovisual y que el cine nacional -el español-, o el europeo, estén teniendo más peso en la taquilla, luego más aceptación entre los espectadores. Recordemos que a comienzos de 2014 Ocho apellidos vascos, que llegó a recaudar 56 millones de euros, resistió en el número 1 de la taquilla frente a los estrenos de The Amazing Spiderman 2: El poder de Electro y Capitán América: El soldado de invierno.

Donde hace años, décadas, eso era impensable, ya que el top 10 de películas más taquilleras estaba siempre formado por títulos norteamericanos-, en los últimos tiempos es más fácil de encontrar. Las películas de fuera de Estados Unidos, muchas de ellas españolas, son ya asiduas incluso al top 5 de las más vistas. Cierto es que las recaudaciones no son las de antes de la pandemia, la asistencia a los cines ha bajado considerablemente, aquí y en Estados Unidos, pero de entre las cifras que se dan actualmente las producciones españolas y europeas ya tienen sitio en esa lista.

4.- MANTENIMIENTO DE COSTES DE PRODUCCIÓN Y MARKETING

Glen Powell protagoniza THE RUNNING MAN

Hollywood debería, si quiere que sus grandes estrenos sean rentables, bajar los costes de producción de las películas y sus costes de marketing a la hora de venderlas, que a veces llegan a ser 100 millones además de lo que ya ha costado hacer la película. Porque la asistencia a los cines ya no es la que era y muchos títulos caros de realizar acaban siendo considerados fracasos en las salas porque la gente no acude en masa a verlas como sí hacía hace décadas.

Casos como la espléndida The running man, producción de Paramount Pictures protagonizada por Glen Powell, costó 110 millones y ha recaudado casi 69, o del último trabajo de Tom Cruise, Misión: Imposible – Sentencia final, que costó 300 millones, más 100 de promoción, y fue una de las películas más caras de la Historia, recaudó la escasa cifra de 598 millones en todo el mundo, cuando se esperaban números mucho mayores. Porque una cosa es cubrir costes con la taquilla y otra tener beneficios con ella, y cuando las películas cuestan tanto es complicado que si el público ha dejado de ir al cine se puedan alcanzar cifras que hagan rentables las producciones. Títulos que han conseguido, siendo muy caros, que el público responda bien son Avatar (2009) que tras costar unos 237 millones en realizarse obtuvo una taquilla de 2.920 millones o Titanic (1997), que alcanzó los 200 millones de producción y terminó su carrera comercial en cines con 2.264. Espectacular, sí, pero desafortunadamente es complicado que vuelva a repetirse. Las salas rara vez se llenan tanto y menos con la misma película durante meses en cartel como sí ocurría fácilmente en los años 90.

El momento más mítico de TITANIC

Ser número 1 de taquilla es muy bonito pero luego hay que analizar la cifra obtenida en ella y Hollywood ya no recauda como lo hacía. Algún título más fenómeno social sí lo consigue, pero son películas evento, la que hay que ver para comentar con los amigos, no un hábito que lleve al público a ‘la peli de la semana’. Eso, hace décadas, no pasaba. Cada semana había un taquillazo deslumbrante y ahora es complicado lograrlo. Se celebra que un título concreto lo haya conseguido pero lo normal ahora es ver cómo películas de coste medio, casi siempre de terror, que es un género que está teniendo mucha aceptación en los últimos años, se alzan con resultados satisfactorios en la taquilla, mucho más que producciones importantes porque a éstas, al ser más caras, les cuesta más conseguir cifras abundantes para compensar sus costes.

5.- UNOS OSCAR VENIDOS A MENOS

Las galas presentadas por Billy Crystal fueron maravillosas

Los Oscar ya no son lo que eran. Llevan perdiendo glamour e influencia unos cuantos años. La carrera sigue siendo muy divertida porque las conjeturas acerca de quién estará nominado, quién se caerá de la lista de favoritos, quién entrará en el quinteto habiendo diez nombres disputándose la nominación, toda esa trayectoria sigue siendo entretenidísima. Pero sólo para los muy cinéfilos, los que estamos muy pendientes de ella. El público más generalista no atiende a los vaivenes que tienen lugar durante meses, con los premios en los festivales, los de la crítica especializada a principios de diciembre o las nominaciones de los gremios por departamentos, que son indicativas de cómo está la carrera, de quién gana o pierde fuerza en ella, pero que no a todo el mundo le interesa al detalle. Ni los Oscar ya tampoco.

Hace décadas ‘la película de los Oscar’ era un acontecimiento. Había expectación incluso si la ganadora del Globo de Oro en la categoría de drama -porque la comedia no suele ganar nunca, una lástima realmente- hacía evidente el resto de la carrera. El Oscar solía ser suyo y la única intriga consistía en saber cuántos obtendría. Para luego ir a verla con las expectativas altas, sabiendo que si la Academia de Hollywood la había señalado como la mejor del año había que verla porque iba a serlo. Pero ya no.

Hace años que la Academia no hace bien las cosas, no toma buenas decisiones. Ni las películas que nomina tienen el peso que antes lograban ni las que acaba premiando son, para quienes las ven todas y las comparan, merecedoras de ganarlo, generando una controversia que las rebaja en la consideración de los espectadores y en la memoria colectiva. Acaban siendo títulos olvidados que la Academia premió por razones ajenas a su calidad. Entre las más discutidas de los últimos años está, sin ir más lejos, la del pasado 2025, Anora, pero es que también Moonlight frente a La La land (2016) en ese final de gala tan polémico donde Faye Dunaway leyó la película que no era, aparentemente del sobre equivocado, La forma del agua (2017), Nomadland (2020), CODA (2021) o Todo a la vez en todas partes (2022), han recibido las quejas de aquellos -muchos- que preferían otras vencedoras en su lugar.

El director Stanley Donen bailando con su Oscar honorífico, otorgado dentro de la gala principal

Decisiones tomadas como eliminar el Oscar honorífico de la gala principal en 2007, que y darlo, no a un nombre mítico sino a varios de la larga lista a la que se lo deben, en la Cena del Gobernador ha sido un enorme error. La excusa es que la gala de marzo es demasiado larga y no caben todos los premios, pero los que admiramos las ceremonias de los años 80 y 90, espectaculares a cada minuto, en la presentación de cada categoría, sabemos que el Oscar honorífico a una celebridad gracias a la cual Hollywood ha sido lo que fue resultaba ser uno de los momentos más brillantes, más bonitos y más memorables de las galas de entonces. Ver a Stanley Donen, director de célebres musicales, bailar con su Oscar es irrepetible, y eliminar momentos así de la gala principal es querer quitarle importancia y glamour a lo que Hollywood significa.

Podemos comprobar también que la gala ha perdido calidad cuando en los resúmenes de los informativos al día siguiente los mejores momentos de la misma han sido únicamente la lista de ganadores, los actores subiendo a recoger su Oscar, sin ir más allá, a menos que Will Smith le dé una bofetada al presentador de la gala porque no le ha gustado un chiste sobre su mujer. Pero no suele ocurrir que nadie se salga del guión y éste suele ser muy pacato ya en gracia y en brillantez. Ni una presentación de una categoría que merezca la pena resaltar ni una morcilla que se haga viral. Tal vez lo último más viral que vimos fue la foto que Ellen DeGeneres se hizo con varias estrellas en la gala de 2014. Con Julia Roberts, Brad Pitt y Meryl Streep entre otros. Siempre ellos, una vez más.

El selfie más viral de Internet se hizo en una gala de Oscars

Otro error, que parece pequeño pero que marca un antes y un después en sus galas, y que ha arrastrado a otras como los Goya, que por copiarlos han tomado esa misma mala decisión, es el hecho de eliminar el ‘An the winner is…’ (‘El ganador es…’) por ‘And the Oscar goes to…’ (‘Y el Oscar es para…’) porque hay un ganador, el Oscar va para el ganador, por mucho que de cara a los perdedores se quiera rebajar la intensidad de lo que implica ser el ganador. Si se gana se gana, no hay otra opción. Antes se ganaba y se ganaba. Con contundencia.

Y las diez nominaciones en la categoría reina de la noche. Mejor Película antes de 2010 tenía sólo cinco candidatas, todas norteamericanas. Ahora la Academia se ha abierto al mundo, se ha globalizado, y ha perdido la esencia que tenía entre los títulos a competición en lo que más pareciera un mercado de cara al mejor postor que una auténtica lucha entre las más destacadas del año, cosa que no es real porque la batalla final, por cómo va la carrera desde su comienzo, meses antes, está condensada a dilucidarse entre dos títulos, los demás son relleno. Y el relleno incluye películas del cine internacional. Está muy bien admitir que el cine se ha globalizado, que las coproducciones dan resultados excelsos que han de estar reconocidos, pero de esta forma no sólo la categoría de Mejor Película Internacional se desvirtúa, es que la de Mejor Película también. Los Oscar son norteamericanos para el cine norteamericano y admitir que películas de fuera son mejores que las propias, como cuando ganó la surcoreana Parásitos (2020) desmerece a unos premios que desde su nacimiento miraron únicamente para su casa porque tenían, verdaderamente, las mejores producciones del mundo.

Tal vez por eso, por la falta de auténtica competición entre películas que le importen al gran público, por la falta de estrellas en ellas, por la ausencia de un presentador con el carisma y la genialidad que sí tenía Billy Crystal cuando presentó algunas de ellas, las mejores, allá por los años 90, por la eliminación del Oscar honorífico que no nos dará el momento más emotivo de la noche, porque quitaron los maravillosos clips que daban una pequeña muestra del trabajo de los actores nominados cuando llegaba el momento de otorgar el premio en sus categorías, porque la gala se hace larga sin un aliciente que justifique verla cada vez tiene una audiencia más inconsistente.

En 2021 sólo 9,8 millones la siguieron, en 2022 la vieron 16,6 millones de personas, en 2023 tuvo 18, 8 millones de espectadores, en 2024 tuvo 19,5 y en 2025 obtuvo 19,7 millones en todo el mundo. Para una gala tan supuestamente importante, y contando con la audiencia de Estados Unidos, son cifras muy pequeñas, sobre todo teniendo en cuenta que alcanzó el pico de los 47 millones de espectadores en el año 2014, cuando 12 años de esclavitud se alzó con la victoria.

CONCLUSIONES

La mítica fotografía con los directores que revolucionaron el cine en los años 70 y aún siguen en activo

Hollywood era un sueño, una leyenda. Los Oscar eran el acontecimiento anual que nos mantenía despiertos una noche al año para ver los premios en directo, para ver a sus estrellas vestidas de manera fascinante en la alfombra roja, para admirar los momentazos increíbles que nos daban galas que hoy sabemos que eran irrepetibles. Hollywood era una Meca del Cine a la que todo el mundo se quería parecer, a la que todo el mundo quería pertenecer, un lugar al que mirábamos con envidia porque ellos lo sabían hacer todo mejor que el resto del mundo.

Hoy no todo es malo en la industria que nos dio a Steven Spielberg, George Lucas, Martin Scorsese, Brian de Palma y Francis Ford Coppola, Clint Eastwood, Robert Zemeckis o James Cameron. Casi todos ellos siguen, afortunadamente, en activo y ofreciéndonos títulos cada dos o tres años, o a lo mejor un poco más, ya sea como directores o como productores, aunque los títulos de crédito, como quedó claro antes, no nos dejen saber al comienzo de la película que son los mismos que hace décadas sí las firmaban cuando ésta empezaba, predisponiéndonos a algo que sus nombres nos aseguraban que sería muy grande.

Ahora, si intentamos citar otros más contemporáneos surgidos en el nuevo siglo que nos ofrezcan obras sobresalientes como para seguir sus pasos igual que hicimos con los anteriormente citados, encontramos pocos. Christopher Nolan, Dennis Villeneuve, James Wan en el género del terror, pero no hay un relevo generacional en el que depositar nuestras expectativas más allá de un par de ejemplos. Y eso también apaga la magia de la industria.

No nos despidamos, a pesar de todo, siendo tan negativos. Tener en activo directores de ese calibre, poder ver, de momento, sus trabajos y saber que están rodando con la expectativa de que ellos sí nos puedan seguir dando el espectáculo que Hollywood nos ofrecía, es el verdadero aliciente que mantiene a muchos cinéfilos pendientes de los estrenos norteamericanos del año. Decepcionen luego o no. Quienes hicieron grande la industria y continúan en pie con proyectos que nos interesan tienen toda nuestra atención, toda nuestra admiración. A ellos les debemos buena parte de nuestra cultura. Mezclaron la cultura con el entretenimiento y le dieron a Hollywood la pauta a seguir para lograr que la Fábrica de Sueños se mantuviera con el lustre que la ha caracterizado desde que nació. Otra cosa es que Hollywood le saque el partido que debe para que el espectáculo pueda continuar.

Silvia García Jerez

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