GIRASOLES SILVESTRES: En busca de la relación normal
Así como los girasoles orientan sus pétalos durante el día buscando el sol, Julia (Anna Castillo), en Girasoles silvestres, lo hace también para encontrar un amor que la quiera, que la cuide y que respete a los dos hijos que tiene, y eso no es fácil. No es fácil porque el machismo y los pequeños micromachismos, asentados en la sociedad y asumidos como normales, se interponen en la felicidad de quien los sufre. La mujer no está para servir, ni para esperar a que venga su chico cuando le dé la gana, ni para aplaudir su conducta, por muy errática que sea, aunque se la esconda. No, eso no es normal, lo tenemos asumido porque hemos crecido con ello, pero ya es hora de despertar. Tanto por parte del hombre como por parte de la mujer. Todos debemos saber cuál es nuestro sitio y en qué conste el amor sano, no el que somete a la otra parte a lo que a ella le da la gana.
De eso habla Girasoles silvestres, de la vida. Y no es sencillo rodar la vida, aunque a Jaime Rosales le salga con la naturalidad de quien lleva toda una filmografía exponiéndola en la pantalla. Su cine siempre ha tenido esa frescura, pareciera que sus películas carecieran de guión, que se rodaran poniendo una cámara en el lugar elegido y dejando que el botón de REC hiciera el resto. Pero no es así, su cine está muy meditado. De otro modo no podría haber mezclado tiempos con la pantalla partida en la soberbia La soledad, o haber planificado Petra usando tanto la cámara, al igual que los decorados por los que pasa, como las ruinas de la famosa ciudad para igualar la Historia con la historia que cuenta.
Jaime Rosales es un cineasta único. Admirado por buena parte de la crítica, más o menos menospreciado por un público entregado al cine más comercial, que no se encuadra en el suyo, y del que muchos se quejan. Pero hace bien, Jaime, en seguir su propio modelo de cine, en no soltar sus singularidades como director y regalarnos películas con universos únicos que son la característica de quien sabe que aportando su personalidad a su trabajo consigue narrativas tan auténticas. Y fascinantes.
Girasoles silvestres es, probablemente, su título más accesible. Nos adentra en la vida de Julia, esa mujer dulce y cándida que solo quiere que sus hijos sean felices. Pero también serlo ella. Una cosa no debe estar reñida con la otra. Y si puede serlo junto a un chico estupendo, mejor. En realidad, ella no sabe estar sola. Cree que sí, pero no. Y cuando por fin le hace caso a Óscar (Oriol Pla) y se rinde a su evidente encanto, cree que todo va a ir bien, pero no es así. Es un machista de manual. Pero no todos van a ser malas personas. Y Julia sigue girando hacia el sol, buscando el calor de quien sí la trate con humanidad.
Y Anna Castillo frente a la cámara, dando vida a Julia, es la naturalidad en persona. Está tan fabulosa que no somos capaces de distinguir entre persona y personaje. Parece que se interpretara a sí misma. Evidentemente no lo hace: Julia es Julia y Anna, Anna. Pero hasta ese punto ha logrado traspasar la pantalla con su asombroso trabajo.
Los chicos de la película también cumplen su función como muestras de que tenemos asumidas ciertas conductas que no deberíamos aceptar. Oriol Pla es el primero, el machista, el más evidente, pero los que le siguen no son mejores, aunque lo parezcan. Son machismos diferentes y Jaime Rosales, sin juzgarlos, nos los muestra para que también consten, para que identifiquemos que tampoco ese es el camino, que hay que cambiar esos comportamientos que no parecen negativos.
Efectivamente, Jaime Rosales no juzga, nos enseña lo que es nocivo en la convivencia. No lo juzga porque no enfatiza, solo lo pone de manifiesto, para que cuando veamos a esos hombres dentro del mismo relato pensemos que los está uniendo por algo y deduzcamos que nada de esto sería posible si la sociedad fuera consciente de a qué se enfrenta. Y lo corrigiera desde la educación más temprana, desde que son niños, como los de Julia, que oyen a su madre discutir con su pareja por las noches. Corregirlo, educar desde la infancia para que no se repita.
Falta mucho por hacer pero Jaime Rosales, con Girasoles silvestres, ha hecho mucho, ha dado un paso de gigante aportando un grano de arena muy importante, rodando una película que no solo contiene un mensaje alertador, también es preciosa. Dolorosa pero luminosa. A ratos te retuerce, en otros te conmueve. Y de la que sales siendo mejor persona.
Silvia García Jerez