AMENAZA EN EL AIRE: Entretenimiento de altos vuelos
Mel Gibson, el afamado actor y director australiano, regresa a la dirección de películas. Siete años después de Hasta el último hombre, su último y espléndido trabajo para la gran pantalla, detrás de ella, se vuelve a colocar a los mandos con Amenaza en el aire, título español de Flight risk, Vuelo de riesgo, que es aún más ambiguo que el que se le ha puesto aquí, porque una amenaza puede ser cualquier cosa, desde un secuestro hasta serpientes, como bien supimos gracias a la cinta en la que intervenía Elsa Pataky.
En este caso, en Amenaza en el aire, no hay serpientes, al menos no físicamente hablando, porque como adjetivo calificativo de personas, irónicamente hablando, sí vamos a encontrar en este vuelo tan particular. Pero no podemos desvelar casi nada de cuanto ocurre en la película si queremos dejar intactas las sorpresas que aguardan al espectador, que son unas cuantas y comienzan casi cuando lo hace el metraje, ya que éste, afortunadamente y en contra de los de otras películas que estamos viendo en los últimos tiempos, dura muy poquito. En hora y media estamos fuera. Con todo contado. Y bien contado, por otro lado.
El guión no es de Mel Gibson, lo firma Jared Rosenberg, en el que es su primer trabajo como escritor. Y es todo un acierto. Una historia más bien tradicional, un thriller en un sólo espacio, si no contamos la cabaña en Alaska en la que Winston (Thoper Grace) se refugia inicialmente, que no deja de ser una historia de suspense y de investigación pero en un contexto diferente al de una oficina del FBI y persecuciones por las calles de Nueva York. Todo va a suceder en la pequeña avioneta en la que el fugitivo es trasladado. Piloto (Mark Whalberg), fugitivo y agente federal (Michelle Dockery, a la que acabamos de ver en Here) son los únicos ocupantes de una aeronave… que va a pasar por unas cuantas turbulencias. Y debido a la altura del vuelo también.
Mel Gibson no escribe el guión, como ha quedado ya dicho, pero dirige Amenaza en el aire como sólo lo haría alguien que domina su oficio, y Gibson lleva décadas brillando en él. Está vetado en Hollywood y casi no obtiene proyectos en los que trabajar porque su carácter es endiablado, sus declaraciones suelen ser polémicas y su comportamiento machista deja mucho que desear, pero es un profesional apoteósico que demuestra su talento cada vez que puede dirigir. Y es mejor director que actor, también hay que admitirlo, pero si se le dirige bien no tiene por qué sobreactuar… y, guste o no, es una estrella del cine. Lo fue en los años 80 y lo seguiría siendo hoy si pudiéramos verlo más.
Ganó el Oscar al mejor director por su segunda película como tal, la espléndida Braveheart. Antes realizó El hombre sin rostro y después fue el responsable de uno de los mayores taquillazos del cine reciente, La pasión de Cristo, de la que parece que prepara una nueva entrega, la de la resurrección. Apocalypto, una joya poco vista y la fabulosa Hasta el último hombre, por la que volvió a estar nominado, son los cinco, junto a este estreno que el día 21 tiene lugar en nuestras carteleras, títulos de su corta pero intensa y brillante carrera como cineasta. No muchos directores pueden presumir de una filmografía así.
Con Amenaza en el aire, Mel Gibson nos entrega una película trepidante, en la que los datos se van liberando poco a poco y en la que la tensión cada vez es mayor a medida que llega el desenlace. Es una película entretenidísima que, sin ser la mejor del año, es realmente solvente. Cuenta lo que necesita en el tiempo justo, no se alarga y cuando termina nos damos cuenta de que hemos pasado un muy buen rato en el cine. Es algo cada vez menos habitual. Parece fácil encontrar una película satisfactoria y no excesivamente larga, y cuesta mucho dar con un título que merezca la pena, pero Mel Gibson conoce su profesión, desde hace mucho tiempo, además, y parece que es un autor que sabe darle al público lo que quiere. Lo aprendió bien siendo una de las estrellas más grandes del cine del pasado siglo y lo aplica como cineasta detrás de las cámaras en el siglo actual.
Con esto no queremos decir que Amenaza en el aire sea una obra maestra, ni la mejor cinta que veremos este año. Tiene alma de telefilme de serie B y se nota que es una película pequeña, pero al compararla con otras de mayor envergadura, y diferentes pretensiones, lo cierto es que la de Gibson sale ganando. Es un entretenimiento sólido sin tacha alguna, con actores que cumplen con su cometido y que resultan creíbles en sus personajes. Tampoco ocurre siempre con los intérpretes, aunque lo demos por hecho. Con giros que nos llenan el metraje de adrenalina y con una dirección que nos mantiene en vilo hasta el desenlace.
Y llegan los créditos finales y el conjunto nos ha funcionado de maravilla. Y nos lo hemos pasado estupendamente. Y no le pedimos más al cine, sobre todo en tiempos donde títulos de los que tanto esperamos nos resultan decepcionantes, incluyendo aquellos favoritos en la carrera al Oscar.
Amenaza en el aire es la película perfecta para un rato de diversión, para pasarlo bien y para darnos cuenta de que gente que lleva años en el negocio sigue dominando su modus operandi mejor que muchos que llegan a él. Mel Gibson sigue siendo un artesano que sabe entretener y que sabe dar espectáculo. Y eso, y no otra cosa, es lo que siempre hemos querido del cine que nos llega de Hollywood.
Silvia García Jerez